MIGUEL REINOSO
MAR UNICA
No el mar
sino la mar única,
la que nace por los labios
en el juego azaroso de la lengua,
en la recreación
de comienzos en un haz de voz,
en un filo de labios
casi piedras vivas en la carne de su fuego
aguardando
en sucesivas oscuridades
la perla de su luz
de estas dos edades contrariadas;
y yo,
sobre estas aguas
emanadas por el flujo de palabras,
te dirijo,
y mira y escúchala,
la flor helada de mis velas.
Porque para iluminar,
no el mar sino la mar única
-eterno continente femenino-
me basta esta débil luz de cera,
sin ruidos ni límites
como el petrificado movimiento de la caracola,
débil parafina que espera
deslumbrar como el desnudo pez de un pie
y, con su mustia luz de flauta,
violentar en estas aguas,
en la aurora de una concha,
tu nacimiento.