MAURICIO ZABALGOITIA

CEREAL CON FIBRA Y UN POCO DE LECHE

Cereal con fibra y un poco de leche, leche no, me da asco y luego traigo un circo en la panza. Cereal con fibra y jugo, ¿naranja? ¿manzana? Manzana. Periódico a la mano y sensación de que un día nuevo ya no es nada. ¿De qué sirve vestirse comer peinarse tomar un baño? Cigarro. Un cigarro encendido y fuera la idea de que no estás haciendo nada, si estoy haciendo, fumando, produciendo humo, produciendo ideas que van con el humo y flotan y terminan lejos sin servir de nada. Ideas obsoletas, que no sirven, porque Europa esta muy lejos y no recibiré una beca, no ganaré la lotería, no conoceré a la señorita millones necesito amor te invito a Europa. Si estoy aquí tumbado y formulando ideas que no sirven de nada, debe entonces sucederme algo. Europa ya no importa, lo mismo me da Chipre, Uganda, Oceanía...creo que estoy tan mal, que más allá de México todo se me hace idéntico, lejano y maravilloso para no fumar y no comer cereal con fibra y no tener que salir a buscar trabajo y no tener que aguantar a la histérica de Mamá, a la borracha de Mamá, a la simpática de Mamá.

Mamá tomó pastillas y está tirada en el baño

Mamá tomó pastillas y está tirada en el baño, sollozando. Mamá salió ayer con su nuevo novio -este si trabaja, él sí lee, él ha ido a París y a Italia, él vivía en Las Lomas de chico, a lo mejor y hasta éramos vecinos. Hijo, querido, traime un vaso de limonada que a esta pobre mujer la va a reventar la cabeza-. Mamá se ve hermosa cuando se arregla y se pone vestidos entallados, se pinta los párpados de colores, se toma dos o tres tequilas, se ríe de bobadas y nos cuenta de París, de Acapulco y de Italia (a mi y a mi hermana: Yutzil, Yutzil igual a maya, maya igual a fuimos al sureste, fuimos al sureste igual a teníamos una combi, teníamos una combi igual a hippies comeflores, cintas en el cabello, su padre estudiaba filosofía, éramos tan felices, estuvimos en 68, bla, bla, bla). El nuevo novio de mamá, parece ser que la engañó, vende seguros, no ha ido a París y según palabras textuales entre lágrimas y ojeras: "Es un cerdo que nisiquiera ha leído Condorito".

Arte, poesía y sentarme a ver la calle

Arte, poesía y sentarme a ver la calle es lo que he destinado para esta tarde. Mamá duerme y Yutzil patas de tanque ve las caricaturas. En cambio yo me he propuesto escalar un poco más en esa locura que inició quién sabe desde cuándo y poco a poco he tenido que sortear, dosificar, utilizar cuando es necesario, como el recurso ese de contestar mongoladas, estupideces cuando la gente se entromete contigo e invade tu privacidad cuando, por ejemplo, vas en el camión, entretenido en si por fin los astronautas serán capaces de viajar a Marte o si las cucarachas serán la nueva raza inteligente que evolucione o si, tan simple, por fin podrás viajar/salir/no estar/no ser y un señor medio malencarado, regordete, deseoso te dice: "Ya la viste, esta bien buena" y Tú extrañado, invadido, despertando de tus más íntimos diálogos ves a una muchacha, casi una niña, con minifalda, eso si, con minifalda, de pie, tarareando la cumbia que sofoca al mediodía y piensas qué asco, qué viejo tan caliente, qué inferior y sólo, temiendo una plática más larga, le contestas: "Tengo miedo, los pulpos vienen del espacio" y susurrando: "Dios nos quiere castigar". Entonces, recuerdo, pienso, descubro que sólo en mi habitación puedo estar a salvo, leyendo, escuchando a Vivaldi, pensando en la cúpula de Boüllé y en la certeza de que debe pasarme ALGO, de que ALGO me debe pasar, vivo mi egoísmo sintiéndome elegido, vivo mi tardes con la poética soledad de quien espera, LOS espera.

Un ruido insoportable me despierta

Un ruido insoportable me despierta y es Yutzil, corriendo en las escaleras. Le he dicho muchas veces que no puede andar corriendo con sus botas ortopédicas por la casa. Me incorporo y descubro que no ha pasado mucho rato, el sabor a farsa me impregna y El verano de Vivaldi se quedó atorado en el momento final, el disco está rayado y una tormenta comienza allá fuera, en la calle. Me levanto, quito el disco, descubro que Mamá ha despertado también, ahora grita que vayamos a ver caricaturas a su cama y a platicar. Me ilusiona la voz de Mamá, me da un poco de pena, lo pienso y lo descubro cuando entro a su recamara la veo sonriente, veo sus párpados nebulosos, su nariz enrojecida. Tomo Valium o Ativán. En la tele vemos Los Picapiedra y los tres reímos mucho. Un anuncio de Barbie sirena y Mamá que no se aguanta, se ríe e imitando la voz de la anunciadora dice: "Conoce a la Barbie Bulímica, aprieta su estómago y verás como vomita Coca-Cola, pedacitos de pastel y galletas. El pequeño escusado rosa y la cafetería con las amigas se venden por separado".

Qué vamos a hacer

-Qué vamos a hacer, no tenemos dinero ¡Yutzil haz la tarea! hijo prepárame un sandwich, ¿ya conseguiste trabajo?- Y yo mudo pensando en el amor. No conozco el amor, me digo, de no ser las noviecitas de primaria, mi prima Esther representando a la Sra. Robinson en los juegos de nuestra infancia, Raquel, la inmaculada y soberbia amiga de mi madre que alguna vez ebria me beso cuando yo apenas tenía trece años. No, pero no conozco el amor, ni me importa. Me siento deprimido y subo las escaleras con mi sandwich, mientras escucho que mamá le dice a Yutzil que todos los niños héroes eran jotos, maricas, que mejor no haga la tarea.

Llega la noche y con ella la verdad última

Llega la noche y con ella la verdad última que me ha ido cercando estos días. Mamá está loca. Yutzil es un pequeño monstruo que solo verá caricaturas en su vida y saldrá a la calle a asustar a los niños con sus botas ortopédicas con mangueritas y todo. La verdad. Me he propuesto a encontrar la verdad y así abro la ventana, me asomo y espero el anuncio. Y así cierro los ojos y siento la brisa contaminada de los edificios y pienso en papá, enterrado, con una insignia del Partido Popular Socialista y veintitrés tranquilizantes rebotando en su cabeza. Y finjo, por qué no, que Europa no está lejos, que los seres de otro planeta vienen hacia acá, que ganaré la beca, que tengo futuro, que existo, que soy el elegido. Avísenle a Vivaldi que estoy aquí. Avísenle a Heidegger a Tarantino. Díganle a Pedro Picapiedra que venga, a la reina de Inglaterra, a La Maga entre los puentes de París, a mi papá. Pídanle a Mamá que se asome. Manden un telegrama al espacio y dígale a ELLOS que los estoy esperando, que soy yo, ¡El Elegido!



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