ANTONIO MARTS

Erótica


Vi como insertaba la moneda en la ranura de la rockola, sus dedos apretaron delicadamente algunos números y seleccionó cierta melodía que no conocía yo aún, con pasos lentos y acompasados tomó rumbo hacia un final rincón del antro aquél, pasó frente a mí, justo delante de mis ojos, se detuvo, por lo menos así me pareció, la miro, me mira, sonríe y se va, se aleja tal como fantasma a mitad de noche, igual que una aparición, vestida de mezclilla el pantalón, y playera y chaleco padrísimos. pintada la boca roja sangre, escurrieno más oscuridad sus cabellos largos y rizados. ¿Fue una alucinación mía o realmente sucedió? Tiembla el vaso con refresco entre mis manos, levanto la cabeza, no resisto el no seguirla con la mirada, es tan coqueta, tan sensual.

Los primeros ritmos de una cachonda pieza musical huyen por las bocinas del aparato, mis ojos se detienen donde ella hace stop, ¡vuelve a mirarme!, ¡me ha vuelto a mirar! y se voltea, me regala su espalda, pierdo mi realidad. Escapo de lo que soy y del donde estoy, ya no importa el vaso que quedó en mi mano, ni mi cuaderno abierto con la tarea de matemáticas a la mitad, tampoco si se enfría el desayuno o si se lo lleva la mesera, hay un solo tiempo, existe un solo espacio, somos ella y yo nada más, yo callado, ella en silencio, sin mirarnos, sin sabernos, sin tocarnos, somos uno. Comienza a bailar, a contonearse suavemente y oscilar entre el cielo y la tierra, a seducirme con el movimiento de sus manos, a emborracharme su pelo en movimiento, a enloquecerme la cintura tentadora. Deseo alargar el tiempo, estirar al infinito la canción, pero más, mucho más, vencer este miedo que me ahoga y me retiene amarrado a mi lugar. Los dedos de mi mano tiemblan en persecución las notas, tratando de capturarlas e imprimirlas sobre la mesa, mis pies permanecen fijos en el suelo y no entiendo la razón, su deseo es correr y colocarse al lado de aquella chica fabulosa..... y ella se mueve, se mueve, balancea todo el cuerpo en una fantasía de fogosidad, de calor, sudores lúbricos abrazan los recovecos de mi piel, temor, la mirada clavada en su espalda, en el trasero que ella misma acaricia, sólo baila, nada dice con la boca y sin embargo creo entonces escuchar su voz, casi la oigo en mi oreja, es esto de lo que te estás perdiendo, es esto de lo que te estás perdiendo, mira bien que es lo que tuyo no será. Cómo duele mirar y no hacer nada. El respaldo me abraza y me detiene, o es el miedo el que consume mi piel. Baila, baila, se mueve lujurienta, partiendo mi conciencia en dos, destrozando conceptos bajo lluvia de música afrodisiaca. Vi como terminó todo, de nuevo el silencio alto total y yo seguía lejos tarareando la canción en la cabeza en lugar distante al aquí y al ahora, con la visión clavada en aquella bailarina exótica, ella volteó por fin y pude ver de nuevo su cara, caminó hacia mí con su sonrisa encendida, insinuante, roja, roja, temblaba yo, con su cuerpo fino, con su caminar libidinesco, con una seguridad que envidio tan sólo de verla, pasa junto a mí y se despide, así me lo parece, me dispara una mirada con sus ojos y creo que sonríe, sí, se despidió de mí y se va, tan campante, tan fresca, y yo la sigo con la vista, no importa que me caiga de la silla, desaparece, sí, fue una aparición, ilusión tan sólo, bella, bella, duró lo que dura una canción, unos instantes, nada...

Frío y humedad en mi entrepierna me regresan a la realidad perdida, ¡estoy mojado!, ¡Dios!, ¡qué pena! el refresco me cayó encima... ¡qué rico se sintió!... Bella, bella, bella... Pienso en ti mientras mi mano se esconde en el bolsillo.

19-X-94



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