TERESA GÓMEZ CERVANTES

TANIA DE MAZATLÁN

¿Me regalas un cigarro? Gracias. Qué mal tiempo, este negocio está más muerto que si fuera navidad, me voy a sentar aquí, no te molesta ¿verdad?

Algunos dicen que soy bonita, yo pienso que tengo una suerte endiabladamente buena, he venido desde abajo, hace años nadie apostaba por mí, pero ya vez, llevo muchas temporadas en el show y no nomás aquí en el club, también en otros centros de más postín. Es que canto bien, me muevo y tengo mis amistades. Si acaso me detienen, uso mi celular y en un dos por tres estoy libre.

Pues sí, creo que soy feliz, me gustan las luces, el maquillaje, los aplausos, las joyas y hacer amigos. Siempre soñé convertirme en una estrella, aunque fuera chiquita, así como una luciérnaga, pues claro que me costó muchas lágrimas. Desde que entendí que ya no había un lugar en mi casa empezó mi carrera. Aquella noche era igualita a ésta, llovía y llovía, los perros ladraban entre la oscuridad. Llegué a mi casa, qué digo, la casa de mis padres, toqué y volví a tocar. Seguramente mi madre lloró toda la noche, pero mi padre dijo: "aquí no es mesón". Anduve limpiándome las lágrimas y los mocos por entre los corrales hasta que ya no pude más. Entré a la estación y me tiré como una perra sin dueño en un rincón, así nomás en el suelo. Ya no sentía los pies.

A los doce años qué va uno a saber de la vida, entre sueños empecé a sentir el calor de otro cuerpo, me entró un chingo de miedo, era mi primera noche fuera de la casa, apreté las piernas y abrí los ojos, era horrible. Te juro que todavía se me enchina el cuero. Sabe Dios cómo me pelé, a lo mejor porque el tipo estaba muy borracho no me pudo seguir. ¿Te estoy hartando, no? En fin, quién sabe cómo amanecí en Mazatlán, empecé a vender chicles, cigarros y flores, me daban una miseria, luego me atreví a entrar a los burdeles y ahí aprendí a cantar, a bailar y todas esas monerías. De amores ni te cuento porque ésa sí es una historia larguísima.

Un día me empezaron a decir Tania y me encantó, me regalaron unas revistas y allí encontré la respuesta. ­Ay, no te asombres! de verás me parezco a Tania, compré sus discos y ya hasta nos conocemos en persona. Es padrísimo, ¿no crees? Pocas veces uso mi verdadero nombre, Tanis, así me decía mi madre, casi igualito a Tania. Me llamo Estanislao, pero me fascina que me digan Tania la de Mazatlán.

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