FELIPE CHORÉN
rifel@df1.telmex.net.mx

 

 

Hola Felipe, acá estoy con Miguel Gargiulo, es jueves (23,45hrs.)

 

Edad, nombres de tus viejos, hermanos, esposa.

 

Mi edad y la identidad de mis familiares deben permanecer en secreto. Porque tal como Superman temo que mis archi-enemigos puedan vengarse de mi ensañándose con ellos. Además, en Bolívar, somos pocos y nos conocemos mucho.

 

 

Estudios en Bolívar (colegios, alguna docente que recuerdes)

 

Me acuerdo mucho de Lita Vallejos. Me malcriaba mucho. Yo era un niño que me reía mucho de todo, ella decía que mi sonrisa era contagiosa, a veces creo que eso es verdad.

Fui a la escuela Uno, rigurosa escuela en esos tiempos, tiempos de limón, y tirones de pelo, tiempos de cachetadas. Pero también recibí mucho cariño ahí, de muchas personas buenas, como la Negrita Ossovi. Lamentablemente uno no tiene mucha conciencia a esa edad, no sabe quienes son sus verdaderos maestros. Mucho después, uno se acuerda de lo que esas personas hicieron por uno, qué sé yo, de un gesto, de un cariño, de una palabra y… dan ganas de haberles agradecido.

Me acuerdo una vez, durante la guerra, que en un ejercicio había que poner oraciones como tal cosa esta más lejos de acá que de allá y yo puse que las Malvinas estaban más lejos de Argentina que de Inglaterra, no sé qué maestra fue, pero me lo tachó y me puso que estaba todo mal. Yo estaría en quinto grado y después de unos meses de batallas resultó que era verdad, que estaban más lejos de Argentina.

 

Anécdotas de tu estadía en Bolívar.

 

Me acuerdo de un desfile de bellezas en el club Buenos Aires. Las adolescentes se paseaban bajo el sol en bikinis y trajes de baños por el borde de la pileta, mientras los viejos erotizados las miraban, a escondidas de sus esposas, por supuesto. Yo estaba en un costado, con mucho calor y aposté con Martín Iglesias y con Pachanga, el primo, que me tiraba a la pileta con desfile y todo; creo que apostamos un sandwich de mortadela, lo cierto es que fui corriendo y me tiré, pasé por entre medio de dos de las chicas y entré en un perfecto clavado al agua transparente y fresca… bueno, así como entré salí, porque el Doctor Noel me cazó de los pelos de abajo del agua y me sacó en peso y coleteando como a un pejerrey. Martín y Pachanga mientras tanto huían al galope riendo hacia el sol del atardecer. The End.

 

Lo que se te cante aunque no esté incluido en lo que te pido.

 

Hace apenas días que volví del desierto. Se entra por un pequeño pueblo minero que se llama Wadley. Esa zona de México es un centro ceremonial de los indios Huicholes, un lugar en extremo místico, una puerta hacia la realidad, hacia uno mismo. A tres horas de Wadley caminando por el desierto, llegamos a un sitio que se llama "Las Animas", entre el cerro del "Brujo" y el cerro de las "Figuras". Es sobre los cerros que crece Hikuri, el peyote, un cactus que los indios Mexicanos usan desde hace más de 4000 años para entrar en contacto con sus dioses. Su sabor es amargo, terroso, hay que comerlo con alguna fruta para que sepa mejor: pero cuando él entra en uno, lo mágico entra en uno: la comunión con la tierra como única madre a la que estamos destruyendo; la tranquilidad y la absoluta conexión con el mundo en un presente concreto donde no hay futuro ni pasado, sólo ahora y acá; la luna roja bailando sobre el horizonte; los satélites cruzando el cielo nocturno entre millones de estrellas como señales de la prepotencia humana; la niñez que renace matando los prejuicios, los miedos, la eterna lucha con los propios miedos. Dicen que cuando Hikuri entra en uno, uno se vuelve indio. Yo digo que por lo menos, uno se vuelve humano.

 

Tus avatares literarios, es decir, qué has leído y qué has escrito

Me caen muy bien los escritores de finales del siglo diecinueve, Baudelaire, Rimbaud, Lautremont, Dostoievski, Nietzche, Kierkeegard… más acá Artaud, Cesar Vallejo, Oliverio Girondo, Arlt, Wittgenstein, Celine, Cioran, Huidobro… más cerca todavía Bukowski, Deleuze, Foucault, Carlos Castaneda, Borges, Kennedy Toole, Kerouac, todo el poemario trenquelauquenche, Juan Rulfo, Nicanor Parra… y ahora último estaba leyendo algunos contemporáneos ingleses, Irving Welsh, Martin Amis… algunos clásicos, Bocaccio, Rabelais me gusta mucho, Sófocles…

Por mi parte he escrito "Peligro: 22 poemas de alta velocidad y largo alcance" y "Gallo Ronco" que lo publiqué antes de venirme para México el año pasado. También escribí una versión de "Edipo" para cine y estoy pensando en la posibilidad de adaptarla a novela y… para terminar… como dice el tango… Chán… chán.

Talleres literarios (si has concurrido a alguno).

 

Talleres literarios, sí, he concurrido a uno, fui cuatro meses al taller de Hebe Uhart en Buenos Aires. No, no nos entendíamos mucho, pero ella tenía un criterio muy interesante para juzgar las cosas, te daba otra visión, un ángulo diferente y eso siempre sirve. Además siempre traía lecturas interesantes.

Ahora estoy en la Sogem, que es una escuela de escritores acá en el Distrito Federal. Dan guión, composición dramática, etc. Aunque los profesores, salvo excepciones, son una sarta de viejales atrasados, hay un par de materias interesantes y uno la pasa muy bien… hace amigos, bah.

 

 

Éxodo del pago chico

 

Bueno, después de esta cita bíblica, que es una especie de excusa, comienzo: Me sacaron de Bolívar a los doce años, cosa que no me hizo ninguna gracia. Fui a dar con mis huesos a un horrible colegio católico, el San Agustín, no era mixto, sólo varones, los compañeros me trataban como a un paisano y como a alguien que no es de su clase, extrañaba mucho a los amigos, a las amigas, al campo, a los caballos, a Casablanca. Odiaba esa enorme ciudad y cuando volvía los fines de semana para Bolívar rogaba que el colectivo se rompiera para quedarme. Del colegio secundario no me quedó ningún amigo, siempre me seguí viendo con los amigos del pueblo. Claro que estas sensaciones eran muy de esa época, yo no entendía la visión de mis padres, ahora se los agradezco, me parece que todo cambio de lugar implica un desafío, un aprendizaje, eso lo estoy comprobando también ahora, acá en México. Además, para volver siempre hay tiempo y cuando se ha estado lejos el regreso se disfruta más.

Tus laburos en Baires

Supongo que estarán de acuerdo conmigo que tener que trabajar es algo horrible y desgraciadamente necesario. Recuerdo un tiempo en que trabajé en una agencia de empleos, un lugar ciertamente nefasto, le pueden preguntar a Paula García o a Patricia Keillis, si quieren, ellas también lo padecieron. Bueno, el caso es que yo estaba de cadete y mi jefa tuvo la brillante idea de mandarme a pegar carteles para ofrecer empleo en un radio que cubría los cien barrios porteños. Yo no me encontraba muy de acuerdo con la medida, no me interesaba el turismo porteño, así que lo que hacía era irme a mi casa, poner el despertador, echarme una hermosa siestita y a las cinco y media de la tarde volver fresquito a la oficina, para salir a las seis. Me acuerdo que después usaba todos los afiches esos que me sobraban para escribir poemas: "Importante empresa solicita operarios para limpieza y mantenimiento…etc." Ahora que lo pienso quizá yo tenga alguna responsabilidad en los altos índices de desempleo actuales en Argentina.

el teatro y…

Fueron casi tres años en el taller de Pompeyo Audivert. Tres años que me dieron la posibilidad de ver de otro lado eso que se llama arte. Una forma mucho menos respetuosa, que se toma menos en serio, menos pretenciosa. Jornadas de trastorno, improvisaciones surrealistas de una hora de duración, dos obras de teatro dirigidas por Pompeyo y unas tres hechas con Ratón dentro de la línea del taller, pero con nuestra visión particular del asunto. Sí, el teatro me dio mucho, pero no el teatro en general, sino el taller y practicarlo. Creo que posibilitó el nacimiento de un concepto, una forma deformada, un modo de reírse del mundo "real", del mundo que creemos verdadero y lógico, pero que esconde dentro suyo todas las contradicciones posibles, la anarquía, el caos.

 

 

Tu estadía (previo viaje) en el país del Chapulín Colorado. Acá pretendo que profundices cuanto puedas

Viajé hacia México en avión el 26 de agosto del 97. Si han viajado en avión sabrán como es, más o menos así, uno se sube, lo emborrachan, le ponen una película, y al rato le dicen que ya puede uno bajar, que la temperatura media es de tantos grados y que el capitán y la empresa le agradecen que haya volado con ellos. Entonces uno pone los pies en el aeropuerto, se da cuenta que está a nueve mil kilómetros del primer asado con amigos y se aguanta las ganas de llorar.

Del Chapulín Colorado ni noticias, brilla por su ausencia. En cuanto a México, que puedo decir, es un país hermoso y conflictivo. No asesinó a sus nativos como nuestra querida patria, por lo tanto el mestizaje es muy fuerte, la religión es entendida de otra forma, los rituales y deidades católicas se mezclan con la cultura precolombina y las etnias intentan mantener sus costumbres, pese a que el neoliberalismo las mata de hambre para empujarlas al "progreso". En todos mis viajes por territorio mexicano he encontrado un recibimiento cálido de la gente, una entrega, hospitalidad y amistad totales. Bueno esto es sólo un breve comentario de lo que México me está dando, es que si tuviera que decirlo en detalle no bastaría todo el diario.

 

Espero que nos veamos pronto y que sigan bien.

 

 

Regreso a la página de Argos 8/ Poesía