MARINA RUANO



DIALOGO FINAL





Ahora cuando me interrogues te contestaré briosa y rotundamente.

Ya no lloraré, argumentaré. Y, ¿Sabes por qué? Porque en este momento voy a hablar yo. Sí, ahora me toca a mí. Yo sé que jamás se habla sin ser presentado, aunque tú no me presentes lo haré yo misma. Juana Marmolejo.

-Soy Juana Marmolejo.

Bueno. Y si yo soy Juana Marmolejo ya puedo dar luces sobre el asunto. Vas a tener que escuchar el único relato significativo del hotel, pero vas a saber sólo lo que del hotel se representa en mi mente. Aunque a ti no te importen tanto las ideas de una persona mientras no lleve consigo las mejores modas, ya no me interesa. Mira, puedes ver cómo estoy vestida ahora, y además manchada de sangre, por tu culpa.

Pues bien, voy a decírtelo... Yo nunca lo hubiera hecho, pero la culpa la tienes tú. Quieres que se manche mi reputación. Si tu me hubieras hablado a tiempo, yo hubiera preferido permanecer toda mi vida en calma.

Te quería, Carlos, tanto que lo hubiera sacrificado todo. Sí, todo. Te quería tanto, y te quiero aún, y me habría separado de ti, con tal de que fueras feliz. Tu felicidad sería la mía.

¿Acaso no tuviste relaciones amorosas con ninguna otra persona?

-Yo sí, con un español llamado Benito; pero fue muy pasajero. Tú sabes que yo necesitaba trabajar para sostener a mi familia y no hacía aprecio de este amorío.

-¿Y, por qué fue así?

- No lo sé.

Pero en fin, dijimos que hablaríamos ahora de la tragedia que se desarrolló en el hotel Reforma y vamos a hacerlo; pero antes creo de mi deber preguntarme si te conocí, Carlos Vázquez.

Sé que esto causará en el público un movimiento de sensación.

Todo mundo se pondrá ansioso por conocer con todos sus detalles este suceso, el más culminante en la vida de Juana Marmolejo.

¿Conoce Usted a un sujeto apellidado Vázquez?

-Sí, sí lo conozco. Es un haragán que jamás ha trabajado en nada, que vive de los amigos... Y, es un ingrato, es un hombre que no tiene corazón.

Ya no me acuerdo cómo lo supe, pero es verdad lo que digo.

Y cuando me pregunto quién eres, Carlos, y me tengo que decir que fuiste mi amante.

-¿De dónde eras Carlos Vázquez?

-No lo sé.

-¿Quienes eran tus padres?

-No lo sé.

Conocí a tu mamá, Carlos. Sí la conocí; era muy buena, y estoy segura que la conocí. Sí, estoy segura, aunque no sé cómo se llamaba.

... Y pensar que este fue el único disgusto que tuvimos.

Lo recuerdo bien, tú estabas sentado en la cama jugando con...algo entre las manos... mientras que yo me polveaba, y me dijiste: Ya me cansé de vivir así...

Te dije: Calmate.

-¿Cómo me voy a calmar?

Fue entonces que sucedió y, bueno, por un lado mi madre, y la maldita sirvienta ciega, por otro tú que no me quieres entender, y luego mis múltiples obligaciones, como la que ahora mismo me está llamando.

-¿A dónde vas?

-Yo voy a lo que voy, te respondí.

-Pues no vas.

-sí voy.

-Te digo que no sales.

-¿De quién son esas alhajas?, me preguntaste después de observarme varias veces.

-Eran de Grace. Te mentí. Sin embargo ¿Qué querías que te dijera?

Claro que me hubiera gustado decirte lo que para mí significaban, y que necesitaba sentirlas junto a mi pecho.

Ni siquiera dije nada de esto cuando entre tú y yo ya empezaban a arder verdaderas pasiones.

Hasta hoy todo se había reducido a un aproche entre las dos fuerzas en pugna, aproche que de seguro se convertiría en combate actualmente, y que promete ser sensacional.

Después de hacer chocar la espada vibrante de nuestros puntos de vista sucedió:

-Un homicidio, según unos.

-Un suicidio, según otros.

-Un drama pasional, en opinión de la generalidad de la gente.

Y, sí, así fue que moriste, y yo Juana Marmolejo, te digo gracias, me gustó mucho dialogar por primera vez contigo.


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