GABRIEL SOTO LEMUS



Ni cantantes ni chicleros


Para ella, que al fin llegó





Me bajo del minibús. Siento un no sé qué. Algo va a suceder ¿Qué? No sé. -De haberlo sabido me habría esperado al otro 275-.

Mis 64 kilos reposan sobre la mitad de mi pie; mi mano izquierda intenta agarrarse de la solapa de la puerta; mi mano derecha se aferra al tubo vertical; mi pie derecho cumple la función de no estorbar además de proveer un poco de placer a esta incómoda (?) situación.

En El Santuario se desahoga un poco el camión, no así mi corazón que se ve inundado de recuerdos y desrecuerdos ¿Cuánto dura el presente sin que se haga pasado, es decir, recuerdos? ¿Y cuándo, el presente es un presente puro, es decir, sin tener nada que ver con los recuerdos? Y aún el futuro, ¿qué no es sino fruto del pasado? Recuerdos de pasos en mezclilla, de su cabello negro, más negro que siempre, de sudores y de prisas, de niños y dulzura, de acción social y utopías, de poemas y conciertos, de locuras y nervios, de sus ojos... de su boca.

El sonido de la primera canción me devuelve a la realidad y vaya realidad, pues lo primero que veo son tus ojos que me miran. No dejo de mirarte y me resisto a pensar que vas a engrosar la abundante lista de mujeres que vi, y se quedaron ajenas a mi vida, que se perdieron en el anonimato; desde aquella que alimentaba mis sueños cuando tenía cinco años, hasta esa otra de cuerpo tan menudito y expresión tan inocente, que me mantenía embobado a mis diecisiete en un tercer piso de la prepa 7. No, tú no podías ser parte de la lista.

El nerviosismo se apodera de mí. El desafinado cantante hace más larga la agonía. !Nada más faltaba que se suba el de los garapiñados!

Agarro valor de no sé dónde -tal vez sumando el poquito que tuve en cada ocasión, que por no ser suficiente, engrosó la lista de anónimas- y me decido.

Un "hola" es lo más apropiado -pienso- y por fin ese escurridizo momento llega. Mis labios, mis cuerdas vocales y mi lengua se activan; mi ritmo cardiaco se acelera, mi respiración se vuelve más profunda, mis manos empiezan a sudar un poco; en ese momento el sonido sale a luz -de haberlo sabido hubiese preferido una frustación por mudez involuntaria que hubiese sido el rapto o que me teletransportaran unos extraterrestres, lo que fuera. Y es que ¿quién iba a pensar que algún día mis adjetivos calificativos se sublevarían? ¿Será sublevación? ¿No será que simplemente querían tomar un poquito de aire fresco y que cansados de sólo perseguir musas en mi imaginación y en el papel querían una de carne y hueso?-

Y así que, cuando el pensado, propuesto y aceptado "hola" debía hacer su aparición, el que se escapó fue un "EXQUISITO" y como niño con juguete nuevo, revoloteó en el escaso y no tan puro aire para terminar posándose en tu cuello, recorriéndolo en espirales de arriba a abajo ante tu asombro y el mío. Siento vergüenza y quiero reparar mi falla, intento de nuevo pero un "TIERNOS", como niño que descubre un lugar vacío en un camión lleno, sale directo a apoderarse de tus ojos; todavía no lo digiero bien y quiero disculparme, esta vez son dos los que aparecen: "CARNOSOS" y "SUCULENTOS" que levantan vuelo para llegarse a tu boca, continuando ahí sus rítmicos movimientos.

Tú que no sales de tu asombro. Yo, que no salgo de mi pena y de mis instintos disculpadores.

El brusco frenón en la avenida Hidalgo corta por un momento la embarazosa situación, pero ya nada pauedo hacer por detenerlos y van saliendo: De uno por uno, de dos en dos, en bola.







DELICADO

SUGESTIVO

BESABLE

MORDIBLE

TOCABLE

PROVOCADOR

DELIRANTE

DESEABLE

SABROSO

SUAVE

ABRAZADOR

Abordan, arriban, se posan, atacan:

TU PELO

TU CINTURA

TUS HOMBROS

TUS CADERAS

TU ESPALDA

TU VIENTRE

TUS MUSLOS

TUS SENOS

TUS DEDOS

TUS BRAZOS

TUS PIES

Te recorren, te besan, te acarician, te tocan, te estrujan.

Enloquecen, sueñan, deliran, alucinan.

Retozan, bailan, gritan, ríen, cantan, lloran.

Se sumergen en ti, se embriagan de ti, respiran de ti, viven de ti.

Nada puede detener esta orgía de adjetivos, ni los altos, ni los sigas, ni cantantes ni chicleros, ni marchas ni mítines, ni cardenales muertos, ni utopías agonizantes, ni el tiempo, ni el espacio, ni aun la muerte, pues ya eres mía, mis adjetivos se han apoderado de ti y te han llevado cautiva al altar de mi vida donde serás venerada por los siglos de los siglos. Amén.



Regreso a la página de Argos 6/ Narrativa