Mauricio Zabalgoitia

El día feliz está llegando

1. La escalera mecánica

Desperté esta mañana y me sentí sucia. En el trayecto de la cama al baño voy recordando la noche anterior, ahora como un resumen amarillista. Fue el jovencito "universitario" (así le dije al oído tras la tercera copa) con su sweter de cuello en "v" y sus ojitos claros y sus labios rositas, el que propuso que nos fuéramos. A mí me agradaba la música. Nacha Güevara se resbalaba entre las mesas, las piernas gordas, los mocasines viejos, la alfombra roída, los focos rojos como navidad muerta (eran pequeños y tuve la impresión de que el bar era un árbol navideño viejo, abandonado, con foquitos rojos que prenden, apagan, prenden, apagan). Nos fuimos. Llovía sobre avenida Chapultepec, ilusa pensé en la divertida que me iba a dar con el joven manos de ensueño que en ese momento atropellaba palabras en inglés imitando la voz plástica de algún cantante en la radio. -¿Qué estudias?- le dije reconociendo en mi un tono maternal. -La vida- contestó. Yo reí por el vacío tierno de su respuesta. Mañana compraré un vestido nuevo. ¿Tendrá este muchacito la edad de Cinthia? El Vodka me pone muy borracha.

El vapor de la tina flota sobre mí. El agua caliente es relajante y poco a poco siento cómo mis músculos pierden la tensión. Alcanzo la caja de tranquilizantes. La píldora azul en mis manos, luego en mi boca ¿En qué momento sucedió? Llegamos a casa de Johnny (insistió en ser llamado así), quien sacó una botella de Vodka y caminó hacia mi, sonriendo y yo sonreí. Todavía de broma dije: -No están papá y mamá ¿Verdad Johnny?- pensando el lo ridícula que me veía ahí sentada como quinceañera coqueta. Johnny no contestó. Tomó mi mano, caminamos hasta una habitación obscura. Yo reía estúpidamente. Me aventó a la cama. Reí más. Sentí algo que presionaba mi muñeca izquierda. El alcohol te hace imaginar cosas. La otra mano. Estaba esposada. ¿Qué pasa? La falda casi arrancada. Johnny sobre mí. Las manos de Johnny rasgan. Algo como un tubo presionando mi ano. Dolor. "¡Suéltame, suéltame!". Un golpe como un hoyo en mi cabeza, -No que no, Señora Diversión-...

¿Por qué todos los vestidos para señoras tienen florecitas? A me gustan las minifaldas aunque en las juntas de Jessica las otras señoras me miren. Pura envidia. La Gran Plaza es perfecta para mis fines, me duele el trasero y un vestido entallado -¡Hermoso!- hace que olvide lo de anoche, bueno, un poco. Me acerco al vestido, lo miro un rato, toco la tela, es suave, es azul...-¿Necesita algo en especial?- dice la señorita que atiende. Sí niña, sí, necesito este vestido, este. -Me pruebo este-, digo. Ignoro su mirada que recorre mi cuerpo. Entrometida. Camino hasta los vestidores. Me desnudo. En el espejo mi rostro y mi cuerpo, doy la vuelta, levanto mis calzones y veo que los moretes siguen ahí. Tomo el vestido, me lo pongo. Soy yo ahí en el reflejo con el vestido azul muy entallado. Soy yo y sonrío. Soy yo en el espejo sonriéndome. Soy yo.

Salgo de la tienda. El vestido es mío. Me dirijo al segundo piso. La escalera mecánica frente a mí. Me enfilo, subo a ella y tras de mi dos señoras platican sobre las escuelas de sus hijos. Jessica está mejor en Kansas. A veces me llama pero parece extrañar más a su padre o a su tía Cinthia. Cinthia, debería llamarle, pobre Cinthia, sigue sin madurar y siempre parece estar tan enojada. Alzo la vista y siento un poco de ansiedad, imagino que todas las señoras con paquetes y vestidos de florecitas van cayendo al final de la escalera mecánica. Una gota de sudor cae por mi frente. El trasero me duele. Tomaré otro tranquilizante. Compraré otro vestido.

2. Odio bajo el alma

Escribo esto porque sentí la necesidad de hacerlo y tal vez, como otras cosas que he escrito antes, sólo sea un ensayo para la carta final. Desde aquí la palabra "final" se oye hueca, como si hablara de algo que sucederá en mucho tiempo. Una vez cuando estaba pequeña y no fui a la escuela por enfermedad entré al cuarto de Julia, Julia en la preparatoria y yo ahí, en su recámara, su habitación para mí sola. Al principio me tumbé en su cama y observé su tocador, respiré el aire de lo prohibido (Julia me regañaba si me descubría dentro), luego, poco a poco, me animé a abrir sus cajones, observé fotos, jugué con sus muñecas, creo que toqué todo lo que vi y la sensación era de no dejar ninguna de las cosas de Julia sin tocar. Después de un rato entré en su closet, acaricié los vestidos de Julia, los toqué todos. Escogí uno, el que más me gustaba porque era brillante y Julia lo utilizaba para ir a las fiestas de sus amigas. Me lo puse. Busqué los tacones azules de Julia, los calcé, caminé hasta el espejo del tocador, saqué del cajón sus pinturas, las de Julia, el colorete, el labial rojo, azul en párpados, mi risa, mi gusto por ser como mi hermana. Creo que observé un rato, después deshice mis colitas e intenté copiar su peinado. Me senté en la cama y al tomar una de las muñecas, recuerdo que dije: "Cinthia, ¿ya hiciste la tarea?, a Mamá le gustaría que hicieras bien la tarea. Cinthia escúchame, escúchame-, imité lo mejor que pude su voz y hasta grité con todas mis fuerzas. Entonces lloré y siendo Julia, con su vestido, con su peinado, con sus pinturas, abracé a la muñeca muy fuerte, me abracé y siendo mi hermana por única vez me pedí perdón, me acaricié, me dije si quieres no hagas la tarea, dame la mano, me dije siendo Julia, le dije a Cinthia, a mí, a la muñeca: "Perdóname por gritarte, te quiero". Julia descubrió que había entrado en su recámara y no dijo "te quiero", dijo "eres lo peor que me ha pasado" y me dio una nalgada. Julia. Mi hermana. ¿Por qué escribo esto? A veces pienso que si hubiera terminado la carrera, ahora estaría trabajando y entonces iría a mi trabajo y regresaría y... Comencé a detestar la universidad, los compañeros, las copias, Piaget y sus niños perfectos, el detestable "yo" que aparece siempre, me persigue y me dice: "Estás jodida, Cinthia, estás Jodida". A veces pienso que si intentará hacer todo más simple, si me convenciera de pensar en cosas agradables, si lograra venderme y ser como todos los demás, si olvidara, si no doliera, no sintiera, entonces podría vencer este odio bajo el alma. Odio bajo el alma.

3. El perfecto acomodo de las horas

Son las tres. Como primero. A las cuatro el manicure, a las 4:30 me hago rayitos. A las cinco buscaré una bolsa y si me queda tiempo, antes de las seis compraré zapatos ¿otro vestido? Llamaré a Cinthia, la invitaré a cenar. ¡Qué flojera! La cito a las ocho. Que venga a La Gran Plaza. Comida china. ¿Un sombrero? A las seis bajo a la farmacia. Arnica para los moretes, una venda por si sangro de nuevo. Me duele otra vez. ¿Cuántos tranquilizantes me quedan? dos, intentaré comprar más. A las seis y cuarto me tomo una copa en el barecito del cuarto piso. ¡Cuantas niñas con sus noviecitos! ¡Ratas, pobres niñas, no confíen en ellos! Mientras tomo la copa pienso en lo de ayer de nuevo. Ahorita no. A las siete busco cosméticos nuevos. Me duele el trasero. Mejor ya empiezo si no, no me alcanza el tiempo. ¡Qué zapatos tan hermosos, son tan, tan, tan morados!

4. Cinthia vista desde fuera

(¿Puedes, Cinthia, buscar a alguien en la fuerza del futuro? Ya vez, ahora arrojas el libro y piensas en lo vacío de la poesía que estabas leyendo. En la poesía que está en el libro que en la mañana compraste pensando en revivir los muchos momentos en que la poesía ha estado contigo. Arrojas el libro donde esta la poesía que dice "Yo te busco en la fuerza del futuro" , la poesía de quién sabe quien demonios que dice lo de la fuerza del futuro y tu hace apenas unos minutos empezaste a leer tan entusiasmada. El libro en el suelo donde esta esa poesía hueca que pretendía ser el significado de tu tarde. La tarde hueca, de hule, de papel como el libro arrojado, alejado porque dice que yo te busco en la fuerza del futuro y eso no es cierto, Cinthia, tú no buscas ya nada, ni con fuerza, ya nada, ni en el futuro, ni en ninguna parte hueca, de hule, de papel como el libro con la poesía de esa búsqueda diaria de algo en el mañana, mañana arrojado al piso, alejado, vete de aquí mañana de hule, de futuro, de búsqueda, de poesía... Ahora ¿Qué sigue, Cinthia? Mañana empiezas a trabajar en una librería. ¿No te da gusto? Mejor no pienses en eso y toma tu libro que compraste. ¿No? ¿Entonces? No pienses en eso, Cinthia, ya, intenta verte desde fuera, no te empeñes en vivir encerrada. El tiempo se acaba y hace un rato tú misma lo dijiste, la carta final está cerca. No pienses en eso, ya, tonta, prende la tele, enciende la radio, péinate, llama a alguien por teléfono, lee tu poesía preferida... ¡No por miedo, no! No has tenido miedo. Soportaste cargar con la idea de Mamá y nisiquiera la conociste. Aguantaste los insultos de Julia, su rencor, sus golpes. No es miedo, no lo es, tonta, tienes fuerza, tienes treinta años, comprende...Hueca, de hule, de papel como el libro donde están todas las poesías que te han salvado, que te han hecho llorar, las poesías en los libros de papel, de hule, que rellenan tus huecos que no se llenan porque son grandes como las bofetadas que te daba Julia, como los abrazos que nunca te dio, como las bofetadas abrazos hule huecos llenos que están en los libros con las poesías que dicen que en la fuerza del futuro hay algo, alguien. Aunque el futuro sea la muerte, no importa).

5. Invitación a cenar

Son las seis. Los paquetes pesan. Llamaré a Cinthia ¿Dónde está mi teléfono? Me gustan las columnas rosadas de La Gran Plaza, cuando Jorge regrese de Hawai le diré que quiero cambiar la sala de decoración: Columnas rosas y algunos velos al rededor de la sala. Marco el número en mi celular. -Bueno, Cinthia, ¿Cómo estás? Soy yo. Oye, ¿Quiéres venir a cenar? No, no a la casa, estoy en La gran Plaza. Hace mucho que no nos vemos. Cinthia no empieces, a mi me gusta La Gran Plaza y no soy una vieja estúpida. Entonces...¿A las ocho? Te espero afuera de los cines. A las ocho. Un beso. Bye-. Cuelgo y dudo en cancelar la invitación, Cinthia es tan agresiva, no entiendo qué le pasó, de niña era callada y pálida. No sé por qué ligo el recuerdo de Cinthia con el árbol viejo de Navidad que imaginé anoche. ¿Qué me falta por comprar? Mientras camino a la farmacia, sacó de mi bolso otro tranquilizante. ¿Cuántos llevo? No importa, para eso son, para tomarse y estar tranquila y no importa que la tonta Cinthia ahora no me tenga respeto, por eso mandé a Jessica al extranjero, por eso mandé a Jorge a un departamento, por eso he olvidado los años en que eramos tan pobres y mamá murió y yo me quedé con Cinthia y la eduqué. Con fuerza. Con fuerza. Con fuerza muevo las piernas para olvidar el dolor en mi trasero. Para olvidar.

6. Trayecto

Decido caminar hasta La Gran Plaza, vivo cerca. Los días han estado nublados y por lo menos no tengo que soportar el calor infernal de esta ciudad. Disfruto el aire, las nubes negras. ¿Cómo será el día feliz? En un poema de Pacheco (uno de mis preferidos) leí de la suerte del niño que nace del otro lado de la trinchera de la muerte y la pobreza. Muchas veces creo que yo soy ese niño, porque puede ser niña también, y hago un recuento y decido que aunque nací en cuna, en casa y supuse tener todo "para sí", o para mí, la falta de amor, los maltratos de Julia, la idea de mamá muerta, las tardes de soledad castigada por no haberme tomado la leche, Julia gritando "Eres lo peor. Eres sucia, tonta. Eres lo peor que me ha pasado"... ¿En qué momento se me fregó la vida. Soñé con ser pintora, dibujo muy mal y odio los colores. Soñé con escribir novelas, detesto que alguien lea lo que escribo. Soñé con una hija, no existe y a veces pienso en lo mal que estaría la pobre hija inexistente. Sueño el día feliz ¿Cómo será?

7. El día feliz está llegando

-Cinthia no llega. Quiero ir al baño-, piensa Julia. -¡Hola! Te ves chistosa ahí. ¿Te hiciste algo en el pelo?-, pregunta Cinthia cuando llega y ve a su hermana. -Rayitos ¿Te gustan? -No sé. Si. Dónde cenaremos. -Ayy, ¿Cómo estás, hermana, te ves muy bien? Llegas y casi ni saludas y sólo dices "¿Dónde cenaremos?". -Estoy regular. Conseguí trabajo y no me preguntes dónde, no quiero hablar de eso. -¡Cinthia, Cinthia! ¡Qué bueno! -Entonces ¿Cenamos? -Había pensado en comida china, pero, se me antoja más ese barecito nuevo que pusieron. Ahí podemos cenar-, Julia repara en lo bien que le caería un vodka. -Vamos.

Las hermanas pasan la primer media hora hablando de diferentes cosas. Del clima pasan a las columnas rosas del lugar, de las columnas a Jorge, de Jorge a Jessica ("La extraño", dijo Cinthia. "Está mejor allá", dijo Julia") De Jessica pasan a recordar a mamá. El mesero les sirve dos vodkas. Julia termina el suyo de un trago. Cinthia clava sus ojos en su hermana mayor y dice: -Era muy bella-.

-Como tú.

-No es cierto, ella era mejor.

-No finjas Julia. Desde que murió pasaste a ser ella y eso te encantaba. Cambiaste tus muebles a su recámara, cambiaste tu peinado, dejaste de jugar. Después de todo fuiste ella a la perfección.

-Tuve que hacerlo, Cinthia, estabas tú, te quería tanto y tenía que cuidarte.

-Julia, ¿Por qué finges la voz? (en su estómago crece un calor irremediable) Porque no te dejas ya de estupideces y reconoces que no me querías, que fui un estorbo, fui el otro extremo que quedó entre Mamá y tú y sólo signifiqué un recuerdo aberrante...-. El mesero les sirve dos vodkas más y las hermanas siguen la discusión.

-¡Cinthia, no empieces! conforme pasa el tiempo las cosas cambian. Una cambia.Tú sigues siendo la misma niña asustada que jamás comprendió que todo lo hice por nuestro bien, que me casé con Jorge por su dinero. Te pagué la universidad, pago tu renta, tus gastas, ni siquiera trabajas y no me agradeces nada, me ves y todo es reproches, reproches, reproch...-. Julia Se levanta enfadada. El trasero le duele. -Necesito ir al baño-. -¡Escaladora social!

Julia camina hasta el baño. Corre dentro y se encierra en un privado. Baja su falda, se sienta en la taza y defeca con mucho dolor. Cuando termina mira el escusado y descubre la sangre que flota, se mira en el reflejo del fondo del escusado, sangre, mierda y su rostro. En el lavabo enjuaga sus manos, lava su cara. El dolor reaparece. Busca en su bolso el último tranquilizante, lo pone en su boca. Mira su nuevo pelo (Soy yo en el espejo, soy yo). Cinthia mientras espera pide otro vodka, le pide otro a Julia e imagina que su hermana llora en sus brazos y le pide perdón, Cinthia la abraza, no llores, no llores. (-Qué tonta soy. Ella siempre fría y distante, perfecta y yo queriendo abrazarla-). Julia sale del baño, el tranquilizante, el alcohol, hacen que todo sea vea muy lejano y Julia camina e imagina que flota, que flota.

-¿Te sientes mal?-, pregunta Cinthia y los ojos inexpresivos de Julia se nublan. -Si, tengo que contarte algo-, deja caer su cuerpo sobre Cinthia. Cinthia pregunta extrañada: -¿Qué pasa? ¿Qué pasa?-. Y con un ardor en las entrañas, Julia afirma: -¡Me violaron!-.

Entonces Cinthia siente el poder, acaricia el pelo de su hermana, la toca con rudeza, casi siente como se funden las dos, en este momento podría golpearla, tomar un bazo y estrellárselo en el cráneo, asfixiarla entre sus piernas. Cinthia, el poder ¿El día feliz está llegando? Luego las cosas a la normalidad de siempre: Julia se incorpora y su rostro es el mismo, dentro de un rato el reproche por ese momento de debilidad. Cinthia. Cinthia a esperar de nuevo que el día feliz llegue.


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