Elisa Cárdenas Ayala

Rumores

1

La culpa de todo la tienen las paredes de la casa. Esas que creímos que no hablaban. Luego resulta que mil años después nos vienen sacando a relucir las cosas, así a pedazos, como restos de un cuerpo roído por los perros.

La culpa de todo la tienen las paredes y las ventanas de la casa. Esas que creímos qué no dejaban salir los miedos a la calle, que no eran de salida. Luego tuvimos que andar escondiéndonos en las esquinas de nuestros propios miedos, sacándoles la vuelta.

Dicen las paredes que la culpa es toda nuestra por no haber dejado entrar a los perros por la tarde. Esos perros que no tuvimos y que le ladraban a la vecina de enfrente esos mismos perros.

Dicen y vuelven a decir cosas que teníamos por perdidas para siempre, dichas a media voz y con los ojos vueltos hacia dentro evitando el eco; palabras que cuidamos no dejar prendidas a cabellos sueltos para evitar murmullos.

Ahora las paredes no paran de hablar. Están desatadas. Más avanza el día y más vigor cobran sus palabras. Ya después de las cuatro empieza a vibrar toda la casa. La pintura se ha venido cayendo en pedazos. Apenas se puede respirar cuando en la madrugada por fin se calman.


2

La primera vez creímos que no había sido cierto, todo parecía una de esas historias que la gente inventa cuando ya no tiene nada más que hacer, cuando se le están cayendo las ojeras a pedazos. Luego vino un día tras otra la misma escena. Sin poder salir, nuestras cuerpos se fueron deteniendo como quien no quiere la cosa y empezamos a pegar oreja.

Estúpido creer de cuando en cuando que ya se han cansado, todo silencio no es sino la búsqueda de vocablos y de frases perdidas en algún recoveco, entre un ladrillo y otro o pasando de un cuarto a la cocina.

Acabamos aprendiendo a medir sus ciclos, los ires y venires de su memoria. No es senilidad, sino un esfuerzo continuo de clasificación y de organización de argumentos. La pared nos va hilvanando la memoria, nos teje y desteje la consciencia.

No podemos salir, salir equivale a romper el hilo de las cosas, a perder la historia. Nos hemos ido alimentando así de lo que va cayendo, a veces risas, a veces trazas de pared o detecho. Bebemos el agua que cae por las goteras.

Entre tanto hablas todavía se alcanza de pronto a oír laque ladra el perro. La vecina de enfrente ya no se

ve por la ventana pero todavía ladra el perro, ese mismo perro, el único que queda de cuantos ladraban hace algunos meses...

3

Nos está escurriendo la lluvia entre las piernas. El sol parece traspasar en algo esa ventana que nos echa todavía algunas miedos a la calle. Deben ser como las doce. Las palabras van saliendo de nuestros labios poco a poco, penosamente como si también ellas fueran de piedra y ladrillo. Junto a mí queda una mano que se mueve a ratos con el aire que llega de donde era la cocina. Junto a tí no queda mucho, pero empieza a decirte cosas de las que tú decías en voz baja a mis espaldas a entre sueños... cállate la boca, alguien viene a echar una manita de pintura.


Regreso a la página de Argos 5/ Narrativa