BLANCA ESTELA RUIZ
Departamento de Estudios Literarios de la U. de G



José Candelario Trespatines, protagonista de "La tremenda corte"
en conversación con algunos personajes de la literatura


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Desde hace más de cuatro décadas, diariamente, bajo el título de "La tremenda corte", algunos cuadrantes de radio han transmitido una historia breve y divertida que parodia los juzgados correccionales de la Cuba de los años cincuenta. En la corte de un tremendo juez se dan cita singulares personajes que llevan acusado de estafa a un pillo muy particular llamado Trespatines, quien, con el solo recurso de la lengua -manejada siempre a su antojo y conveniencia- intenta justificarse. Aunque en cada juicio Trespatines es enviado a El Castillo del príncipe, ahora las puertas celosamente custodiadas de esta cárcel cubana no proyectan la sombra del fiel celador Jaruco. No hay luz. La celda veinticuatro está vacía... bueno, no, vacía no, porque allí están la frazada (seca, planchadita, lista para fregar los pisos) y la cuchara número cinco sin restos de potaje; más bien la galera está destrespatinada, sin el José Candelario de todas las noches. Hoy no hubo audiencia pública, el tremendo Juez de la tremenda corte no tuvo caso qué resolver. Esperó y esperó a que Nananina y Rudecindo comparecieran a juicio, que trajeran al maruga(1) de Trespatines acusado de haberlos mangado como sólo él sabe hacerlo, y nada... nadie llegó, bueno, sí, acudió Simplicio, armando un revolico con todo lo comebola de su apellido, vino a avisarle al supremo magistrado que si sabía contar no contara con Trespatines, que hoy, chico, lo va u'té' a dispensal pero que dice él que está muy ocupado en la biblioteca: sí señol, escuchó u'té' muy bien, en la bi-blio-te-ca polque ahora, dice, trae la "curtura desenrollada"; que dizque encontró entre los libros un montón de nagües, socios suyos, jimaguas de él, dijo, y que hoy se va a quedal platicando con ellos, que se les desalmidonó la chumería a todos y que van a medirse las lenguas a ver si como roncan duermen...

Mientras Simplicio tenía guilla'o al Juez, quien no acababa de cerrar las mandíbulas y tragarse de una vez por todas el charquito que se le juntaba debajo de la lengua, Trespatines, en el lugar ya señalado, se acomodaba sobre los muslos la Historia de la vida del Buscón llamado Don Pablos escrita por Francisco de Quevedo en 1605 y publicada en Zaragoza en 1626.(2) A la pregunta trespatinesca sobre los generales de don Pablos, éste respondió:

Yo, señor, soy de Segovia: mi padre se llamó Clemente Pablo, natural del mismo pueblo -Dios le tenga en el cielo-. Fue, tal como todos dicen, de oficio barbero; aunque eran tan altos sus pensamientos, que se corría de que le llamasen así, diciendo que él era tundidor de mejillas y sastre de barbas. Dicen que era de muy buena cepa, y, según él bebía es cosa para creer. Estuvo casado con Aldonza Saturno de Rebollo, hija de Octavio de Rebollo Codillo y nieta de Lépido Ziuraconte. Sospechábase en el pueblo que no era cristiana vieja, aunque ella, por los nombres de sus pasados esforzaba que descendía de los del triunvirato romano. (Libro primero, cap. I)



Trespatines, también se presentó:

Yo, chico, soy José Candelario Trespatines, el niño mimado de Mamita, el hijo de mi mamita, el único [...] Padre... no, que yo me "enrecuerde", pero sí muchos tíos honoris causa que llegaron a casa, gritaron "¡mi familia, ¿quiere' que te haga un queque?" y se quedaron a vivil con la vieja! Once metidos en el mi'mo cualto y cada ve' que ella e'tolnudaba salían di'parado' pol la ventana. ("Caldeiricidio")(3)

Vivo de lo que "cepillo" aquí en La Habana [...] pero la competencia 'tá poniéndose muy dura, chico, cada ve' hay má' y má' caretudo'. ("Venta del Río...")



Intervino don Pablos:

Decíame mi padre: "Hijo, esto de ser ladrón no es arte mecánica, sino liberal"; y de allí a un rato, habiendo suspirado, decía de manos: "Quien no hurta en el mundo, no vive" (Idem)



José Candelario agregó en un tono solemne: "Mientras haya en el mundo una ganzúa y una pata de cabra, el hijo de Mamita no pasará hambre" ("Confiancicidio"). Trespatines se sostenía el pantalón con la mano izquierda mientras que con la derecha apuntaba hacia el techo. Como que el muerto era más grande -se burló don Pablos de las ropas de Trespatines. No, chico -le contestó éste- si pare'co pe'cado de tan flaco e' polque corro mucho pa' que no me alcancen cuando... los de... polque... ¡ay, que pol poco me re'balo! Hablábamos de mi flacura ¿no? Mira si estaré flaco que

cuando el médico me pidió que me quitara la camiseta a raya' pa' sacalme la radiografía ¿tú sabe' que e' lo que traía yo pue'to? [...] ¡Na', chico! era' mi' propia' co'tilla'. El médico hizo así y puso un bombillo a tra'lú pa' velme lo' güeso'. ("Ferretericidio")



A don Pablos se le agolparon los recuerdos y trajo a la memoria su escuálida figura de cuando vivió bajo custodia del licenciado Cabra: "Ya mis espaldas y ijadas nadaban en el jubón" -dijo- "y las piernas daban lugar a otras siete calzas; los dientes sacaban con tobas, amarillos, vestidos de desesperación" (ibidem, cap. III). Y describió luego a ese verdugo que lo mataba de hambre:

era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza pequeña, pelo bermejo [...] Los ojos, avecinados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos; tan hundidos y escuros, que era buen sino el suyo para tiendas de mercaderes; la nariz entre Roma y Francia, porque se le habían comido de unas bubas de resfriado, que aun no fueron de vicio, porque cuestan dinero; las barbas, descoloridas de miedo de la boca vecina, que, de pura hambre, parecía que amenazaba a comérselas; los dientes le faltaban no sé cuantos, y pienso que por holgazanos y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate, largo como avestruz, con una nuez tan salida, que parecía se iba a buscar de comer, forzada de la necesidad; los brazos, secos; las manos, como un manojo de sarmientos cada una. Mirando de media abajo, parecía tenedor, o compás con dos piernas largas y flacas; su andar muy espacioso; si se descomponía algo le sonaban los güesos como tablillas de san Lázaro; la habla, hética; la barba, grande [...] (idem)



Trespatines se acicaló los bigotes y agregó: "chico, igual de apue'to a mi novia Cucuza a quien le escribí un poema que se llama 'Tu retrato'" y que dice así:

Tu' ojo' son tan bi'co' que la pareja

no e'tá nunca de acuerdo para miral

pue' cuando uno mira para una oreja,

el otro e'tá mirando para otro lugal.

Tu boca e' tan enorme que no se debe

hablal de tu' encanto' ni de tu' hechizo',

y tu' diente' son tan blanco' como la nieve,

qué lá'tima que todo' sean po'tizo'.

No me impolta que tenga' la narí' roja

y la cara de mango bi'cochuelo,

y tampoco me impolta que sea' coja

y que tu pata i'quierda no llegue al suelo.

Má' me duele que me diga' que no trabajo

pue' con eso me ofende', mi "cucuzué",

conque a vel si te bu'ca' otro guanajo

polque yo, vida mía, te abandoné. ("Cartericidio")



Don Pablos se ajustaba las calzas al grito de que junto con Lázaro, El Guzmán, La Justina, Gil Blas, y otros tantos parientes suyos, era pícaro entre los pícaros y confesó que había resuelto ser "bellaco con los bellacos", aunque también sus bellaquerías alcanzaban a las almas cándidas. Se acordó de la travesura que le jugó a una pobre vieja que criaba gallinas en el corral:

tenía doce o trece pollos grandecitos [dijo], y un día, estando dándoles de comer, comenzó a decir: "pío, pío", y esto muchas veces. Yo, que oí el modo de llamar, comencé a dar voces y dije: "¡Oh cuerpo de Dios, ama! ¿No hubiérades muerto un hombre o hurtado moneda al rey, cosa que yo pudiera callar, y no haber hecho lo que habéis hecho, que es imposible dejarlo de decir? ¡Mal aventurado de mí y de vos!" Ella, como vió hacer extremos con tantas veras, turbóse algún tanto y dijo: "Pues Pablos, ¿yo qué he hecho? Si te burlas no me aflijas más." "¿Cómo burlas? ¡pesia tal! Yo no puedo dejar de dar parte a la Inquisición, porque si no, estaré descomulgado." "¿Inquisición?", dijo ella, y empezó a temblar; "pues ¿yo he hecho algo contra la fe?" "Eso es lo peor", decía yo: "no os burléis con los inquisidores; decid que fuistes una boba y que os desdecís, y no negueís la blasfemia y desacato". Ella con el miedo dijo: "Pues, Pablos, y si me desdigo, ¿castigaránme?" Respondíle: "No, porque sólo os absolverán." "Pues yo me desdigo", dijo; "pero dime tú de qué, que no lo sé yo; así tengan buen siglo las ánimas de mis difuntos." "¿Es posible que no advertisteis en qué? No sé cómo lo diga, que el desacato es tal que me acobarda. ¿No os acordáis que dijisteis a los pollos "pío, pío", y es Pío nombre de los papas, vicarios de Dios y cabezas de la Iglesia? Como vos juréis en una ara consagrada que no tuvisteis malicia, yo asegurado podré dejar de acusaros; pero será necesario que esos dos pollos que comieron llamándoles con el santísimo nombre de los pontífices me los deis para que yo los lleve a un familiar que los queme, porque están dañados, y tras esto habéis de jurar de no reincidir de ningún modo. (Ibidem, cap. VI)



Yo también, mi sangre, soy un hacha pa' eso de dal en el suelo a los guanajos -interrumpió Trespatines- l'otro día el Chivo de Nananina se comió los papeles de "Rulecindo" y yo le dije que si el animal se "hubía" comido su calta de ciudadanía, su caltera da'tilal y su recibo médico, ahora el ciudadano cubano era el chivo y no él. Le dije que yo era veterinario y me ofrecí a tenel el chivo en "orservación" pa' vel si se podía operal y recuperal lo' papele'... que el chilindrón e' una cosa que le encanta a Mamita ("Humicidio").

Pero no siempre se sale airoso de esos trances -suspiró don Pablos llevándose las manos al pecho y poniendo los ojos en blanco, y repuso-:

Debían de ser las doce cuando uno de ellos [de los estudiantes de Alcalá de Henares] me despertó a puros gritos, diciendo: "¡Ay, que me matan! ¡Ladrones!" Sonaban en su cama unas voces y golpes de látigo. Yo levanté la cabeza y dije: "¿Qué es eso?", y apenas me descubrí cuando con una maroma me asentaron un azote con hijos en todas las espaldas. Comencé a quejarme, quíseme levantar; quejábase el otro también y dejábame a mí solo. Yo comencé a decir: "¡Justicia de Dios!" Pero menudeaban tanto los azotes sobre mí, que ya no me quedó -por haberme tirado las frasadas abajo- remedio sino el de meterme debajo de la cama. (Ibidem, cap. V)



Sí, chico, ésa e' la pura veldá' -agregó Trespatines con la cabeza gacha y los ojos cerrados-:

Cada ve' que Mamita oye sonal una galleta dice "se la dieron a mi hijo" y yo le digo "no, vieja, se la dieron a mi ojo", y e' que siempre me pega' en el mi'mo ojo [...] ¡Adio! y en la noche que e' cuando duele' má' polque no se ve'. Y galleta' viene' y galleta' va', la' que viene' la' cojo' yo toda' [...] ¡Ah!, chico, y lo peligroso que e' cuando tira' un "guacatazo" maduro', que la pulpa abre paso al güeso y va a dal a la narí', y ¡oh!, chico, un desparramadero de narí'[...] primera ve' que yo mi'mo me güelo la' oreja'. ("Relampaguicidio")



Como la plática se estaba poniendo triste, José Candelario cerró el libro y lo regresó al anaquel. Ocambo y todo'o -dijo- este socio tiene razón, y tomó de junto la Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas que en 1748 publicó el padre jesuita José Francisco de la Isla y Rojo. De los capítulos V y VI de la primera parte de esa Historia, salió el cojo de Villaornate, profesor extravagante que enseñaba a sus discípulos a usar la lengua de una manera inaudita. De entrada, Trespatines "se lo llevó", es decir, ya sentía que lo estimaba. Iracundo, con todos los estribos de la paciencia perdidos, el profesor renegaba de

la torpe, la bárbara, la escandalosa costumbre o corruptela de haber introducido la y griega, cuando servía de conjunción, en lugar de la i latina, que sobre ser más pulida y más pelada tenía más parentesco con la et de la misma lengua, de donde tomamos nosotros nuestra i. Fuera de que la y griega tiene una figura basta, rústica y grosera, pues se parece a la horquilla con que los labradores cargan los haces en el carro; y, aunque no fuera más que por esta gravísima razón, debería desterrarse de toda escritura culta y aseada [...].(4)



Trespatines aplaudió la ocurrencia. Sí, chico -intervino con el entusiasmo desbordado-, tú tiene' razón, y no te la doy polque ya la tiene'. Lo mi'mito me pasó a mí cuando yo le pregunté al Jue' que qué tenía el buey al final, y él me dijo que el rabo, pero yo le dije que no, que al final tenía la letra "y" de b-u-e-y; él me dijo que sí, que en "eferto" la palabra "buey" tiene al final la "y" griega. Yo me puse ca'carrabia y le dije que pa' qué tenía que metel letra' e'tranjera' si con la' nue'tra' ba'ta y sobra, que si el buey era cubano, la y griega tenía que nacionalizalse también ¿o no? ("Galleguicidio III").

Ah, pero donde más insistía el peculiar profesor era en el ahorro de las grafías:

...si pronunciamos ombre, onra, ijo, sin aspiración ni alforjas [explicaba vehementemente], ¿a qué ton emos de pegar a estas palabras aquella h arrimadiza? [...] malbaratamos un prodigioso caudal de uu, que para nada nos sirven a nosotros, y con las cuales se podían remediar muchísimas pobres naciones que no tienen una u que llegar a la boca. Verbigracia: en qué, en por qué, en para qué, en quiero, et reliqua. ¿No me dirán ustedes qué falta nos ace la u, puesto que no se pronuncia? ¿Estaría peor escrito qiero, qé, por qé, etc? Añado que, como la misma q lleva envuelta en su misma pronunciación la u, podríamos aorrar muchísimo caudal de uu para una urgencia, aun en aquellas voces en que claramente suena esta letra [...] Aún hay más en la materia: puesto que la k tiene la misma fuerza que la q, todas las veces que la u, no se declara, distingamos de tiempos y concordaremos derechos; quiero decir, desterremos la q de todas aquellas palabras en que no se pronuncia la u, y valgámonos de la k, pues aunque así se parecerá la escritura a los kiries de la misa, no perderá nada por eso. Vaya un verbigracia de toda esta ortografía: " El ombre ke kiera escribir corectamemte, uya qanto pudiere de escribir akellas letras ke no se egspresan en la pronunciación; porke es desonra de la pluma. ke debe ser buena ija de la lengua, no aprender lo ke la enseña su madre, etc. Cuéntense las uu que se aorran en sólo este periodo, y por aquí se sacará las que se podían aorrar al cabo del año en libros, instrumentos y cartas; y luego extrañarán que se haya encarecido el papel.



Sí, sí -seguía aprobando Trespatines- por eso le dije a Nananina que la calta que ella me mandó decía "cuerudo Trespatines" aunque ella, dale que dale en que no, que no decía "cuerudo" sino "querido". Yo pensé que a esa u delante de la q se le había fundido un bombillo polque el Jue' me dijo que esa u no sonaba. Yo le conté al Jue' que Nananina me pidió que le dedicara una décima "gajira" y luego me corrigió: "Gajira", no: "guajira". Yo le dije, "qué tú te trae'", si él mi'mo me "hubía" dicho que la u no sonaba. Él, me dijo que delante de la q, no, pero que delante de la g, sí. Yo le pregunté qué pol qué esa bobera y él me conte'tó que no sabía, que la ortografía era así. Yo pensé "pue' quien haya hecho la ortografía, chico, tiene que habel tenido gotera' en el coco" ("Microfonicidio").

Yo también sé intelpretá' el cará'ter de la gente pol su letra. Ayel mi'mo sin il má' pa' "endetrá'" del almanaque recibí una calta de un amigo pa' que la intelpretara y le dije: "Amigo, e' u'té' enemigo de lo' ga'to' inútile' polque e'cribió "Abana" sin H. ("Vecinicidio II").

Y otra cosa -levantó la voz el cojo de Villaornate junto con el dedo índice de la mano derecha- "las palabras son imágenes de los conceptos, y las letras se inventaron para ser representación de las palabras; conque, por fin y postre, ellas también vienen a ser representación de los conceptos":

...cuando yo concibo una cosa pequeña [declaró], la debo escribir con letra pequeña, y cuando grande, con letra grande. Verbigracia; ¿qué cosa más impertinente que, hablando de una Pierna de Vaca, escribirla con una p tan pequeña como si se hablara de una pierna de hormiga, y tratando de un Monte, usar una m tan ruin como si se tratara de un mosquito?



Yo le digo al Jue' que dejemo' la bobería del juicio apalte y no' pongamo' a refolmal el idioma que tanta falta le hace -agregó Trespatines extendiendo la palma de su mano derecha mientras descansaba sobre la cadera el dorso de la mano izquierda-

...hay palabra' que e'tán completamente equivocada', chico, [...] pol ejemplo ¿pol qué se dice bombín a lo que e' má' grande que el bombón que e' de'ste tamañito. ("Gallinericidio")

...y cuando se trata de un "arccidente" grave se e'cribe con do' cc, pero cuando no tiene impoltancia lleva sólo una. ("Fabriquicidio")



Y cómo me irrita encontrar frases como estas -gritaba el estrambótico maestro apretando las mandíbulas y mostrando la yugular en todo su esplendor-:

cuarto testigo examinado, María Gavilán; octavo testigo examinado, Sebastián Palomo. Esto le chocaba infinitamente, porque decía que si los hombres eran testigos, las mujeres se debían llamar testigas, pues lo contrario era confundir los sexos, y parecía romance de vizcaíno. De la misma manera no podía sufrir que el autor de la Vida de Santa Catalina dijese Catalina, sujeto de nuestra historia; pareciéndole que Catalina y sujeto eran mala concordancia, pues venía a ser lo mismo que si dijera Catalina, el hombre de nuestra historia, siendo cosa averiguada que solamente los hombres se deben llamar sujetos, y las mujeres, sujetas. Pues, ¿qué, cuando encontraba en un libro, era una mujer no común, era un gigante? Entonces perdía los estribos de la paciencia, y decía a sus chicos todo en cólera y furioso:

-Ya no falta más sino que nos quiten las barbas y los calzones, y se los pongan a las mujeres. ¿Por qué no se dirá era una mujer no comuna, era una giganta?



Ay, chico, a mí también me revienta eso -dijo Trespatines entornando los ojos y moviendo la cabeza de un lado para el otro- Mira que cuando le digo a Nananina que con su hermano Zenón, el alto y fornido, no me quiero fajal, que mejol me boto pa'l fresco con su hermano el má' pequeño, ella me dice "jaiba" y yo le conte'to que tenga formalidá' o que se folma allí mi'mo el arró' con mango; que no me llame "jaiba" que si acaso seré "jaibo" polque, óyeme, yo soy un hombre del género ma'culino ("Daños perjuicidio").

Hay que reformar la lengua, concluyó el cojo de Villaornate sobándose el mentón mientras se alejaba cabizbajo y meditabundo. Se escuchó entonces la voz de Cristóbal Nonato, protagonista que da nombre a la novela de Carlos Fuentes, quien desde el vientre de su madre habló con una voz hueca: sepan ustedes "sus mercedes benz" que

Hace tiempo (una eternidad para el que crece) Ángel mi padre decidió que nadie hablaba español ya; porque creer lo contrario era privarse del deleite máximo de la lengua, que es inventarla porque tenemos la impresión de que se nos muere entre los labios y depende de nosotros resucitarla. (p. 102)(5)



El Supremo, personaje de la obra homónima de Augusto Roa Bastos, alzó la voz en un tono grave: "el diccionario es un osario de palabras vacías" (p. 105)(6), dijo, seguramente en honor al Traveler de la Rayuela de Cortázar quien en el capítulo 62 de la novela dice: "las viejas palabras hay que lavarlas a fondo antes de pretender usarlas con algún sentido".

Walter, personaje de Palinuro de México de Fernando Del Paso, intervino en la conversación:

Nadie aprende nunca lo que es mamá o el color verde hasta que no se aprende la palabra mamá y la palabra verde. La literatura comienza -al menos la clase de literatura que a mí me interesa- cuando decimos mamá verde. (p. 520)(7)



Es cierto lo que dice mi primo Walter -afirmó Palinuro- porque "yo hablo todavía el lenguaje de los genios y basta nombrar las cosas para que sean verdad y se aparezcan por la sola magia de sus nombres" (p. 58).

¡Cosa má' grande, caballero!, "serapio silva" que de lo' anaquele' de la literatura hispanoamericana salgan u'tede' a platical y discutil sobre la cosa ésa del idioma -dijo Trespatines encajándose más el sombrero en la cabeza con ambas manos-: no e' pol presumil, ni pol dalme impoltancia, pero yo siempre bu'co la folma de habla'le a Rulecindo de manera que él entienda lo contrario de lo que yo digo y así pode'lo mangal, "y eso que él viene de allá de donde hicieron el idioma, pero aquí se ha refolmado tanto que ni lo mi'mo gallego' lo cogen" ("Lamparicidio"). Exactamente como mi tía Luisa -repuso Palinuro- "que sabía que las cosas son una y varias a la vez, y que por eso le perdió el miedo a las palabras" (p. 337).

Mucho bla, bla, bla -replicó Cristobalito- vamos a exprimirle al signo lingüístico todo su jugo polisémico ¿están dispuestos "sus mercedes benz"? Y el Supremo, Palinuro y Trespatines aceptaron el reto.

Comenzó el Nonato por deconstruir palabras:

San Diego es:   Sandy Ego

Acapulco:          Aca

Van Goh:               vagoneta

Víctor Hugo:      víctor who? go!

Edgar Allan Poe: Edgarallanpoerta

el que lee a Proust se proustituye!, el que lee Ulises se hulifica!, quien lee a Gide se jode!, Valery vale risa!, Mallarmé mama mal!, no comas cummings! (p. 138).



El Supremo se puso de pie y siguió desarticulando palabras:

sonido          son-ido (p. 111)

apenas          a-penas (p. 147)

soledad        sola-edad (p. 209)

enfermedad  enferma-edad (211)

verticalidad   vértice-calidad (Idem)

pariente        par-y-ente (p. 359)

civiles           sí-viles (p. 282)



Y deconstruyendo sustantivos:

obispario                     avispario (p. 191)

suizos                          sucios (p. 200)

Juan Rengger             Juan Rengo (p. 346)

Grimonio Funes          Grimonio Fúnebre (p. 413)

Monte de los Olivos   Monte de los Olvidos (p. 482)

Correia da Cámara     "esta correia no es para su cuero" (p. 378)



Palinuro declaró: "Y dicho y y hecho, en un abrir y cerrar de zíperes Molkas quedó vestido de nuevo" (p. 459). "No sólo de muerte vive el hombre" (p. 500). "Donde yo orino no vuelve a crecer el pasto" (p. 507)(8). Y explicó, desde su muy particular criterio, el significado de algunas palabras:

Waterloo, ahora quiere decir algo así como "el escusado del agua". Eso es lo que sucede cuando uno aprende inglés y algunas palabras comienzan a perder su magia, y uno se da cuenta que Liverpool es algo así como la "alberca del hígado" y que Beefeaters no quiere decir otra cosa, ni quiso decir nunca que "comedores de carne de vaca" (o de bife como dicen los argentinos). (Idem)



Trespatines no se quedó atrás:

Miguel de Cervantes, El manco de Lepanto              "El manco del espanto"

El Quijote de la Mancha                                             "El bigote de la lancha"

Shakespeare                                                                "Chepín"

Julieta Capuleto                                                           Julieta "Corpulento"

Emilio Zola                                                                    Emilio "Suela"

Jacinto Benavente                                                        Jacinto "Benevolente"

la caravela de Colón                                                     "la cara de vela de Colón"

será posible                                                                   "Serapio Silva"

onomástico                                                                    "mono plástico"

homenajeado                                                                 "ojo meneado"

clandestino                                                                    "langostino"

nadie es profeta en su tierra                                        "nadie es trompeta en su tierra"



Y también, desde su muy particular entender, explicó el significado de algunas palabras:

Achacosa: cosa que silve para coltar ("Carnicericidio I")

Caballeroso: animal mitad caballo, mitad oso (Guagüericidio II")

Cigüeñal: nido de cigüeñas ("Automovilicidio I")

Cínico: tipo que va al cine ("Estaficidio")

Corchea: fábrica de colchos ("Microfonicidio")

Fámulo: burro que sabe música ("Señoricidio V")

Magnífico: e'ceso de ma'nesia ("Billetericidio I")

Mayonesa: aderezo que se prepara en mayo ("Fondicidio")

Moscatel: lico' que prepara Mamita a base de moscas ("Guajiricidio I")

Moscú: ciudad donde viven las moscas (Idem)



Bueno, sus meches, dijo Cristobalito, ahora siguen los parónimos: "Ay [Ada Ching], mi peligro amarillo, mi vida, mi buda, mi veda, mi boda" (p. 195).

"La malicia de la milicia parece ser siempre la misma" (p. 520), interrumpió el Supremo.

Palinuro tomó la palabra:

"Es posible hacerse amigo de Molkas... como si uno lo hubiera conocido siempre y llevara años de convivir y combeber... y tomar con cierta filosofía su vulgaridad -o su 'vulvaridad' como él mismo dice". (p. 301)



Ay, chico', si yo soy un e'pada en eso de la' palabra' que cambia' pol una letra -dijo Trespatines soltando su primer tiro-: "masa-mesa-misa-moza-musa, a que no saben otra: rata-reta-rita-rota-ruta" ("Cliniquicidio"). Además recordó cuando, junto con Nananina, trabajó en una obra de teatro donde ella hacía el papel de jovencita que estaba muy triste porque su novio la había abandonado y Trespatines, de un vecino que estaba enamorado de ella. Él, al entrar en escena tenía que decirle: "veo por su dolor que está usted falta de dicha", y le dijo "veo por su oló' que está u'té' falta de ducha" ("Teatricidio"). También trajo a cuento aquella vez en que, siendo guagüero de la ruta quince, su guagua se rompía a las quince cuadras, por eso en lugar de llamarla "ruta quince" le decía "la rota quince". Y en otra ocasión, Trespatines había escuchado decir al Juez que cuando los años pasan, nos pisan; y cuando nos pisan, pesan; y parece que se posan porque más nunca se van de arriba de uno ("Escaparaticidio II"). ¡Oh, chico! exclamó compungido:

...¡y aquella errata que me co'tó el empleo de corre'tor de prueba' en la' nota' de sociale' del periódico La palangana, el periódico de la mañana; el croni'ta puso: "gran petición de mano", y yo corregí: "gran petición de mona", polque la novia era un pollito, ésa era la veldá'". ("Costillicidio")



Ya estuvo bueno, mejor digamos Calambures, propuso Cristobalito, como: "lo quito loquito".

"¡Homero! ¡Oh mero repetidor de otros ciegos y sordomudos" (p. 248), contestó el Supremo.

"Vamos a ver a Cruz, o sea a Veracruz, donde en realidad vamos a ver a la tía Luisa que está de visita en la tumba de Jean Paul" (p. 428), terció Palinuro, quien también reprodujo un diálogo de la comedia del arte entre un burócrata y una portera:

LA VOZ DE LA PORTERA: ¡Oh, se fue la luz!

LA VOZ DEL BURÓCRATA: ¿La pagó usted, señora?

LA VOZ DE LA PORTERA: ¿Cómo la voy a apagar si no me he movido de aquí?

LA VOZ DEL BURÓCRATA: Yo no dije a-pa-gó, del verbo "apagar", dije pa-gó, de "pagar". (p. 570)



Cosa má' grande, caballero' -intervino Trespatines- y contó que cuando era empleado de una agencia de colocaciones, Rudecindo fue en busca de una plaza de jardinero, pero le dijo que la única vacante que había en la agencia era de albañil y le preguntó que si la quería. Rudecindo contestó que no, que lo que a él le convenía es de jardinero. Como Trespatines escuchó que a Rudecindo le convenía "dejar dinero", entonces pensó que debía empezar por dejar el dinero que traía encima y le robó la cartera (Jardinericidio). También relató aquel caso cuando Mamita "no capitaneaba" y le dio por vender agua de la pila como medicina bajo la etiqueta "lo cura todo", pero Trespatines mandó hacer letreros que decían "locura todo", donde les avisaba a los marchantes el estado mental de su mamita.

A ver quién logra reunir más sinónimos, intervino El Supremo, y dijo:

Los luzbeles, luciférez, lucialférez, belcebúes, mefistófeles, anopheles, leviatanes, diablesas-hembras y los lémures de tres sexos, que el Dante no registró en sus círculos infernales de la demonología medieval, se lanzaron feroces contra el pueblo de Areguá.

(p. 506)



Cristobal Nonato, dio una maroma en el vientre de Ángeles y carraspeó:

Colonia, Colombia, Columbiario, Colombo, Colombiano o Columbus, para no hablar de Colón, Colombo, Colomba, o Palomo, Palomares, Palomar o Santospirito (p. 14)

igual en todas las lenguas y ya ves chata: Portador de Cristo y Paloma o sea las dos personas que faltan de la Trinidad, el Hijo y el Espíritu Santo, nuestro Descubridor, el santo que se mojó las patiux para cruzar los mares y la paloma que llegó con una ramita en el pico a anunciar la proximidad de la Tierra Nueva y el que se estrelló un huevo para inventarnos. (p. 85)



A Palinuro le brillaron los ojos y preguntó "¿Se le ocurrió a alguien traer un bisturí, o dicho en otras palabras una lanceta, un escalpelo, una navaja, un vulgar cuchillo de cocina?" (p. 339).

Pasaron uno, dos minutos y Trespatines seguía callado. Es tu turno, le dijo el Supremo. Todavía rascándose la cabeza Trespatines exclamó: compadre, que no puede sel que me quieran tupir con tanta bobería. Pol ejemplo, yo le dije a Nananina que no me rebajara la categoría polque yo no era un mensajero en bicicleta sino un emisario en velocípedo ("Lavandericidio II"), y que yo no trabajaba en un "órnibu'" sino en una guagua, polque el "órnibu'" e' ma'culino mientra' que la guagua e' femenina; de manera que un "órnibu'" y una guagua viene a sel una cosa así como si dijéramos un caballo y una yegua ("Transiticidio"). El Juez me e'plicó que se decían de manera diferente, pero que esas palabras significan lo mi'mo polque el idioma e' muy rico. "¿Qué idioma?", le pregunté, y él me conte'tó que el ca'tellano. Yo me e'trañé y le dije: "¡'Ábalo' sea Dio', chico,! ¿Qué nosotro' no hablamo' e'pañol?". "Sí", me dijo, "pero castellano y español es lo mismo" ("Periodiquicidio"). Yo creo que él siempre quiere di'cutil, aunque diga que no le gu'tan las discusiones inocuas sobre temas baladíes e intrascendentes" ("Billetericidio I"). Sí, así mi'mo dice, y que habla en el idioma de Cervantes, y yo le digo que si el Cervante' ése me pide así un cigarro, se queda sin fumal ("Españolicidio II"), pol mi madre que sí, chico.

Sí, sí, que se quede sin fumar -gritaron Cristóbal Nonato, El Supremo y Palinuro. Muera la lengua y viva la lengua -sentenciaban con la mano empuñada sobre sus cabezas. Se lanzaron a la calle porque las paredes de la biblioteca no aguantaban el peso de tamaña protesta. Con ellos venía el Secretario quien había ido personalmente hasta el lugar de los hechos a tomar nota y corroborar las palabras de Simplicio. Iba a sugerirle al Juez que "La tremenda corte" se tomara unas vacaciones porque Trespatines no se apersonaría por allí durante un buen rato pues aún había muchos personajes en los libros que se unían a la manifestación, y que la charla entre ellos daba para más, pero para muchísimo más. Iba a decirle también que presentaba su renuncia como amanuense del juzgado porque quería estudiar esa lengua nueva, reformada, trabajada, móvil, pulidamente esplendorosa que todavía no tenía nombre pero que podía estar esperanto uno: frack se es, y tal y ano, do re mi fa sol latín, Náhuatl Disney, abre man, ingle es, es pal ñor o por qué no: Trespatiñol o Trespatillano, que pa'l caso es lo mismo. Pero cuando el Secretario iba a abrir la boca, el Juez le ordenó que tomara papel y lápiz porque tenían audiencia pública y había un tremendo caso para juzgar: la Real Academia de la Lengua y la Gramática Tradicional echaban candela y acusaban a Trespatines y a un montón de personajes literarios de que, en el teje y maneje de sus discursos, les habían torcido la lengua, revolcándola en un sinnúmero de juegos de palabras. El Juez ya había tragado saliva, ya había mandado a Jaruco disponer lo necesario para que El Castillo del Príncipe tuviera húespedes esta noche cuando ordenó con una sonrisa de satisfacción: "Secretario, llame a los encartados en este lingüisticidio".


GLOSARIO

Arroz con mango. Confusión, desorden.

Bola. Embuste, rumor. Comebola significa ingenuo, crédulo, "el que traga mentiras"; probablemente derivada del verbo castellano comer, y de la voz del Congo "mbole" que significa excremento. De manera que comebola es, figuradamente, un coprófago y la voz es un eufemismo.

Bombillo. Tubo de cristal que protege la llama del quinqué o del farol. Fundirse un bombillo: en las cosas, descomponerse; en las personas, enloquecer, equivocarse.

Bombón. Especie de cucharón mayor que la bomba de batir que se usa en los ingenios.

Botarse pa'l fresco. Aceptar un reto a golpes.

Cartera dactilar. Licencia para conducir.

Coco. Cabeza. Tener goteras en el coco: enloquecer. También designa la unidad monetaria que equivale a un peso.

Desalmidonar la chumería. Encontrarse en su elemento. Soltarse, actuar con normalidad y naturalmente.

Espada. Ser una espada: designa a quien es hábil en una determinada disciplina.

Fajarse. Pelear.

Guajiro. Campesino. Con esta palabra también se designa a quien es tímido o vergonzoso. Algunos habaneros suelen llamar así a todo aquel que no es de la capital aunque proceda de la zona urbana.

Guagua. Autobús.

Guagüero. Conductor de autobús.

Guanajo. Pavo. Cuando se aplica para calificar a un ser humano significa mentecato, simplón. Guanajería o guanaja' designa las acciones de tales cándidos.

Guillarse. Volverse loco o hacerse el loco.

Hacha. Ser un hacha: distinguirse en cualquier desempeño.

Jaiba. Cobarde.

Jimagua. Mellizo o gemelo. Voz indígena con la que se designan a dos nacidos de un mismo parto.

Llevar. Distinguir, apreciar, cuando se dice "llevarse a alguien". Llevársela fácil indica "coger al vuelo" o entender algo antes de que se lo expliquen. Te la llevaste también significa atontarse, equivale a "te la hice".

Maruga. Persona no confiable, de mala condición, desleal, fullero, despreciable.

Mangar. Robar, estafar, engañar, causar perjuicio a alguien por un medio ingenioso.

Nagüe. Amigo, asere, socio.

Ocambo. Viejo.

Sangre. Mi sangre: tratamiento de familiaridad. Equivale a "mi hermano" o "mi socio".

Suelo. Dar en el suelo: estafar. Tirarse en el suelo: protestar ruidosamente, expresar inconformidad.


NOTAS:

1. Al final de este texto se incluye un glosario de voces y giros lingüísticos usados en el habla popular cubana

2. Los fragmentos citados en este capítulo pertenecen a la edición de la Biblioteca de Menéndez Pelayo en Santander que se reproduce en las Obras completas de Francisco de Quevedo publicadas por la editorial Aguilar de Madrid. Respetamos la ortografía original y al calce anotamos sólo el libro y el capítulo donde pueden localizarse.

3. En cada programa, el personaje que funge como Juez de "La tremenda corte" suele rubricar el caso con el sufijo "cidio". Para identificar la procedencia de los fragmentos citados utilizamos esta marca del Juez. Cuando a más de un programa corresponde el mismo nombre, agregamos un número romano.

4. ISLA Y ROJO, José Francisco de la. Historia del famosos predicador Fray Gerundio de Campazas. Madrid: Espasa-Calpe. 1960-1964. (Colección Clásicos castellanos nos. 148-151). Las citas corresponden sólo a los capítulos V y VI de la primera parte.

5. FUENTES, Carlos. Cristóbal Nonato. México: FCE. 1987. (Coleccción Tierra Firme). Todas las citas están tomadas de esta edición. En lo sucesivo sólo anotamos el número de la página donde pueden localizarse.

6. ROA BASTOS, Augusto. Yo el Supremo. Edición de Milagros Ezquerros. Madrid: Cátedra Editorial. 1983. Todas las citas que aluden a esta obra están tomadas de esta edición, por lo que sólo anotamos el número de la página en donde pueden localizarse.

7. DEL PASO, Fernando, Palinuro de México, México, D.F., Diana Editorial, 1988. Todas las citas que aluden a esta novela de Del Paso corresponden a esta edición, por lo que sólo anotamos el número en donde se localizan.

8. Variantes del sintagma "en un abrir y cerrar de ojos", de las palabras de Jesús de Nazareth "no sólo de pan vive el hombre", y de la consigna "donde pasa Atila a caballo, no vuelve a crecer el césped".




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