Rafael Vargas (1954)

BIBLIOGRAFIA POETICA:

Conversaciones, 1979; Piedra en el aire, 1984.

Susana San Juan

A.J.R.

I

en la celda oscura del enfermo

mármol granito hueso de caballo

en el jirón de bandera y su delirio

en la saliente de lluvia y viento erizado

abandono mi estantío en costante desvelo

los gusanos de la memoria abarrotando el corazón

y a la doliente piedra vecina

a la humedad preñada de labios

al recuerdo de los pasillos y sus plantas de sombra

les pregunto por ti

no pasa día sin que te hagas presente

lo mismo en este portón sólido e intransitado

que en la raíz carcomida de rumores de sal

en la reja enmohecida donde se aburre el crespón negro

en los listones del cielo y los cabellos de las santas

en las flores borrosas de los aguamaniles

reverberan las tijeras de tu nombre susana

aunque tu nombre sin ti sea tan sólo un pretexto

un modo de ir más allá de estos terrones

y sacarle un poco de sol a la sombra

II

sentado frente al camino de la eternidad te espero

inmóvil voy hacia ti en el escalón de la espina

en el lento entretejerse de la hierba te leo

te palpo en la semilla y su porosidad

y hablo de ti como de cosa real

como de rasgo o prenda que pudiera describirse

en un secreto baúl de tierra oculto

en un caracol sin alas te transporto

III

toda la noche me paso entre mis huesos cuidándote

toda la noche puliendo tu sombra con un filo de luna

aquí así untada a mi sudor

a mi aliento y mis oquedades

toda la noche cuidándote

toda la noche el abrazo del abismo

tu bellísimo nombre cortando los labios.

IV

Pero quizá tanto no sea más que nada

todo este cariño picado como bote de hojalata

a lo mejor es sólo deseo de hacer perdurar la espuma

defender la llamita de nuestra vela de los capotazos

del viento

no sé te lo digo no sé qué creer

a veces

cuando las cosas se hacen color sin contorno

escucho tus carreras en el tejado del insomnio

tus faldas revoloteando en las copas de los árboles

y recuerdo tu risa revuelta de campanas

tu frente perlada de ganas de llegar al mar

(el mar el mar algunos dicen que existe)

y luego tus sacudidas en la cama maldiciendo la media luna

tu fiebre terrible que sólo la mano del sueño

sabía bien aplacar

V

en las horas en que parece que nada se mueve

pero a mí esas máscaras no logran engañarme

en las horas que tienen oídos y respiración como cualquier

hombre

hay un canto combinado de pájaros y grillos

pequeños guijarros de cal y cobre que cantan

sólo puedes escucharlos si estás muy atenta

pero ahí están siempre susurrando

desgajando una brisa de aire en su comedimiento

susana dicen susana susana

así suenan esos élitros y picos

VI

hace mucho calor

las nubes han de estar bajas

tú ya has de andar trepada en las ramas de algún árbol

ya has de andar golpeando en alguna ventana

desparramando tus flores sobre la tierra seca

casi adivino tu boca con su miel de encarnaciones

pródiga

tu fino vello de hierba adolescente y frescura de paja

como si estuviéramos otra vez en aquel verano

otra vez cubiertos de aquellas gotas de agua

aquellas palpitaciones

pero son nada más los dedos de la lluvia

sus delgados dedos tamborileando en nuestros cráneos

Poetas de una generación