Jaime Torres Bodet (1902-1974)
 

MEDIODÍA

Tener, al mediodía, abiertas las ventanas
del patio iluminado que mira al comedor.
Oler un olor tibio de sol y de manzanas.
Decir cosas sencillas: las que inspiren amor.

Beber un agua pura, y en el vaso profundo,
ver coincidir los ángulos de la estancia cordial.
Palpar, en un durazno, la redondez del mundo.
Saber que todo cambia y que todo es igual.

Sentirse, ¡al fin!, maduro, para ver, en las cosas,
nada más que las cosas: el pan, el sol, la miel...
Ser nada más el hombre que deshoja unas rosas,
y graba, con la uña, un nombre en el mantel.

        Los días, 1923
 

RUPTURA

Nos hemos bruscamente desprendido.
Y nos hemos quedado,
como si una guirnalda
se nos hubiese ido de las manos;
con los ojos al suelo,
como viendo un cristal hecho pedazos:
el cristal de la copa en que bebimos
un vino tierno y pálido...

Como si nos hubiéramos perdido,
nuestros brazos
se buscan en la sombra... ¡Sin embargo,
ya no nos encontramos!

En la alcoba profunda
podríamos andar meses y años,
en pos uno del otro,
sin hallarnos.

        Poemas, 1924
 

RELOJ

Lo que con ruedas invisibles pasa
y con saetas silenciosas hiero
no es el tiempo, reloj, que el minutero
ciñe al circuito de tu pista escasa.

El tiempo no se va. Queda la casa
y perdura el jardín... Hasta el lucero
que me enseña a vivir de lo que muero
se nutre del incendio en que se abrasa.

Mientras tanto, los días y las horas
giran en tu cuadrante, sin sentido,
buscando inútilmente esa presencia

que sólo advierto en mí cuando me ignoras;
pues con tus pasos, tiempo, lo que mido
no es tu premura, sino mi impaciencia...

        Sonetos, 1949


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