Juan José Tablada ( 1871-1945)

SONETO WATTEAU

Manón, la erbúrnea frente,
la de cabello empolvado
y vestidura crujiente,
¡tus ojos me han cautivado!

Eco de mi amor ardiente,
el clavicordio ha cantado
la serenata doliente
y el rondel enamorado...

¡Ven! el amor que aletea
lanza su flecha dorada
y en el mar que azul ondea,

surge ya la empavesada
galera flordelisada
¡que conduce a la Citerea!

JAPÓN

¡Áureo espejismo, sueño de opio,
fuente de todos mis ideales!
¡Jardín que un raro kaleidoscopio
borda en mi mente con sus cristales!

Tus teogonías me han exaltado
y amo ferviente tus glorias todas;
¡yo soy el siervo de tu Mikado!
¡Yo soy el bonzo de tos pagodas!

Por ti mi dicha renace ahora
y en mi alma escéptica se derrama
como los rayos de un sol de aurora
sobre la nieve del Fusiyama.

Tú eres el opio que narcotiza,
y al ver que aduermes todas mis penas
mi sangre --roja sacerdotisa--
tus alabanzas canta en mis venas.

¡Canta! En sus causes corre y se estrella
mi tumultuosa sangre de Oriente,
y ése es el canto de tu epopeya,
mágico Imperio del Sol Naciente.

En tu arte mágico --raro edificio--
viven los monstruos, surgen las flores,
es el poema del Artificio
en la Obertura de los colores.

¡Rían los blancos con risa vana!
Que al fin contemplas indiferente
desde los cielos de tu Nirvana
a las Naciones de Occidente.

Distingue mi alma cuando en ti sueña
--cuando sombrío y aterrador--
la inmóvil sombra de la cigüeña
sobre un sepulcro de emperador.

Templos grandiosos y seculares
y en su pesado silencio ignoto,
Budhas que duermen en los altares
entre las áureas flores de loto.

De tus princesas y tus señores
pasa el cortejo dorado y rico,
y en ese canto de mil colores
es una estrofa cada abanico.

Se van abriendo si reverbera
el sol y lanza sus tibias olas
los parasoles, cual Primavera
de crisantemas y de amapolas.

Amo tus ríos y tus lagunas,
tus ciervos blancos y tus faisanes
y el ampo triste con que tus lunas
bañan la cumbre de tus volcanes.

Amo tu extraña mitología,
los raros monstruos, las claras flores
que hay en tus biombos de seda umbría
y en el esmalte de tus tibores.

¡Japón! Tus ritos me han exaltado
y amo ferviente tus glorias todas;
¡yo soy el ciervo de tu Mikado!
¡Yo soy el bonzo de tus pagodas!

Y así quisiera mi ser que te ama,
mi loco espíritu que te adora,
ser ese astro de viva llama
que tierno besa y ardiente dora
¡la blanca nieve del Fusiyama!

ÓNIX

Torvo fraile del templo solitario
que al fulgor de nocturno lampadario
o a la pálida luz de las auroras
desgranas de tus culpas el rosario...
--¡Yo quisiera llorar como tu lloras!

Porque la fe en mi pecho solitario
se extinguió como el turbio lampadario
entre la luz roja de las auroras,
y mi vida es un fúnebre rosario
más triste que las lágrimas que lloras.

Casto amador de pálida hermosura
o torpe amante de sensual impura
que vas --novio feliz o amante ciego--
llena el alma de amor o de amargura...
--¡Yo quisiera abrasarme con tu fuego!

Porque no me seduce la hermosura,
ni el casto amor, ni la pasión impura;
porque en mi corazón dormido y ciego,
ha caído un gran soplo de amargura,
que también pudo ser lluvia de fuego.

¡Oh Guerrero de lírica memoria
que, al asir el laurel de la victoria,
caíste herido con el pecho abierto
para vivir la vida de la Gloria!
--¡Yo quisiera morir como tú has muerto!

Porque al templo sin luz de mi memoria,
sus escudos triunfales la victoria
no ha llegado a colgar, porque no ha abierto
el relámpago de oro de la Gloria
mi corazón obscurecido y muerto.

Fraile, amante, guerrero, yo quisiera
saber qué obscuro advenimiento espera
el amor infinito de mi alma,
si de mi vida en la tediosa calma
no hay un Dios, ni un amor, ni una bandera.

EL SAÚZ

Tierno saúz
casi oro, casi ámbar,
casi luz...

LOS GANSOS

Por nada los gansos
tocan alarma
en sus trompetas de barro.

EL PAVO REAL

Pavorreal, largo fulgor,
por el gallinero demócrata
pasas como procesión...

LA TORTUGA

Aunque jamás se muda,
a tumbos, como carro de mudanzas,
va por la senda la tortuga.

HOJAS SECAS

El jardín esta lleno de hojas secas;
nunca vi tantas hojas en sus árboles
verdes, en primavera.

LOS SAPOS

Trozos de barro,
por la senda en penumbra
saltan los sapos.

EL MURCIÉLAGO

¿Los vuelos de la golondrina
ensaya en la sombra el murciélago
para luego volar de día...?

MARIPOSA NOCTURNA

Devuelve a la desnuda rama,
nocturna mariposa,
las hojas secas de tus alas.

LUCIÉRNAGAS

Luciérnagas en un árbol...
¿Navidad en verano?

EL RUISEÑOR

Bajo el celeste pavor
delira por la única estrella
el cántico del ruiseñor.

LA LUNA

Es mar la noche negra;
la nube es una concha;
la luna es una perla...

LI-PO





Li-po y otros poemas, 1920


HONGO

Parece la sombrilla
este hongo policromo
de un sapo japonista

LA GUACHARACA

¿Asierran un bambú en el gradual?
¿Canta la guacharaca?
Rac... Rac... Rac...

LIBÉLULA

Porfía la libélula
por emprender su cruz transparente
en la rama desnuda y trémula...

EN LILIPUT

Hormigas sobre un
grillo, inerte. Recuerdo
de Guliver en Liliput...

VUELOS

Juntos, en la tarde tranquila
vuelan notas de Ángelus,
murciélagos y golondrinas.

EL BURRITO

Mientras lo cargan
sueña de burrito amosquilado
en paraísos de esmeralda...

UN MONO

El pequeño mono me mira...
¡Quisiera decirme
algo que se le olvida!

PANORAMA

Bajo de mi ventana, la luna en los tejados
y las sombras chinescas
y la música china de los gatos.

TONINAS

Entre las ondas azules y blancas
rueda la natación de las toninas
arabescos de olas y de anclas.

PECES VOLADORES

Al golpe del oro solar
estalla en astillas el vidrio del mar.

12 P.M.

Parece roer el reló
la medianoche y ser su eco
el minutero del ratón...

PALMA REAL

Erigió una columna
la palma arquitectónica y sus hojas
proyectan ya la cúpula.

SANDÍA

¡Del verano, roja y fría
carcajada,
rebanada
de sandía!

LA CARTA

Busco en vano en la carta
de adiós irremediable,
la huella de una lágrima...

IDENTIDAD

Lágrimas que vertía
la prostituta negra,
blancas..., ¡como las mías...!

LAS PROSTITUTAS...

Las prostitutas
Ángeles de la Guarda
de las tímidas vírgenes;
ellas detienen la embestida
de los demonios y sobre el burdel
se levantan las casas de cristal
donde sueñan las niñas...

EL GALLO HABANERO

En el matinal gallinero
con el rendimiento caballero,
en torno a su hembra enreda
el arabesco de su rueda
sin cesar el gallo habanero;

cual blanco albornoz el plumón
envuelve su fiero ademán;
¡por su cresta-fez bermellón
y el alfanje de su espolón,
el gallo es un breve sultán!

Junto a la gallina coqueta,
de pronto su blanca silueta
fija en soberbia rigidez,
como el gallo de la veleta
o el caballo del ajedrez...

Echando atrás el cuello empina;
¡y en enfático frenesí,
rasga la matinal neblina,
sobre el jardín que se ilumina
con su agudo kikirikí!

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