Vicente Quirarte (1954)
BIBLIOGRAFIA POETICA:
Teatro sobre el viento armado, 1979; "Calle nuestra" en Lejos de las naves (colectivo), 1979; Vencer a la blancura, 1982;
Fra Filipo Lippi: cancionero de Lucrezia Buti, 1982;
Puerta de verano, 1982; Bahía Magdalena, 1984; Fragmentos del mismo discurso, 1986; La luz que no muere sola, 1987.
CON MUSICA DE WHITMAN
TE CELEBRO y te canto a ti misma,
y lo que ahora diga de ti
lo dirán nuevos enamorados
de otras secretarias como tú,
porque cada herida que en mí dejó
cada buenos días, cada gesto, cada sábana,
mañana volverá a abrisrse en ellos.
Vago e invito a mi alma
a subvertir el orden del primer cuadro.
Me detengo a mi antojo en cualquier esquina
para ver cómo en la mañana
ellas pasan todas medias, vestidos y perfumes.
Mi verso y cada molécula de mi sangre
nacieron de este tezontle y estos montes,
de padres que engendraron a otros padres
que aquí padecieron.
Cumplidos los veintitrés,
mi salud marcha al ritmo de la ciudad que te recibe,
y en las calles que te ven pasar cada mañana
comienzo a cantarte
con la esperanza de hacerlo hasta la mañana
comienzo a cantarte
con la esperanza de hacerlo hasta la muerte.
No canto ahora las sirenas de aparador,
esas muñecas perfectas que se quebrarían
sólo con mirarlas.
Qué nadie olvide, oh poetas,
cantar alguna vez los muslos rubios, elásticos y eternos
de las muchachas judías que montan bicicleta
en las calles de Polanco,
que nadie lo olvide.
Pero ahora canto en este otro lado,
donde al toque de queda del silencio,
presa en su jaula de oro la sonrisa,
asoma su látigo el nuevo día.
Entonces te celebro y canto
porque te arreglas el maquillaje
antes de pedir la parada
y en la puerta del autobús
eres acariciada sin pedirlo;
porque eres la reina ofendida
esperando la alfombra que no llega
mientras caminas rumbo a la oficina
donde sueñan contigo.
Te celebro y te canto a ti misma,
abro de par en par las puertas de este verso
para que defiendas tu rabioso derecho
a soñar príncipes azules, cielos limpios,
ciudades en las que todos
reconozcan tu monarquía ultrajada.
La Luz No Muere Sola. Poesía (1976-1984)
ULTIMA NOCHE EN COYOACAN
A Concha Méndez
ENAMORADO SIEMPRE
y más que nunca vivo, andaría como de paso,
al fin fantasma de un munco más ajeno
que las propias piedras que pisaba.
Pediría permiso al viento,
su venia a la estación en turno,
mas no esperaría a que la noche
de racimos cargados de perfume,
de gritos infantiles y buñuelos lejanos
invadiera por completo esa otra noche
que sólo transita en ciertos hombres.
Lo dicen sin miedo estas higueras
y estos muros que prolongan su blancura
más allá del alma y la mirada:
amaba la quietud de esta plaza
porque en ella podía verse
en rostro de otros hombres
que en silencio le devolvían la soledad,
como quien por la mañana devuelve buenos días
y sabe que recién empieza la mentira.
Abría un periódico,
leía a la luz de un farol noticias
que hubiera nutrido o halagado a otros.
Ignoraba la noche bulliciosa,
la que obliga a refugiarse en otro cuerpo.
El quizás esperaba la otra noche,
aquella en la que nombre y tiempo se confunden:
Creyó firmar sobre arena o sobre el viento,
seguro de que el mar en el crepúsculo
roba todas las huellas y los besos.
Pero la arena no olvidó sus letras
ni el viento olvida a quien ciño su cuerpo.
Por eso sopla, esbelto y doliente, entre sus ramas,
llevando en cada hoja
la sílaba de un nombre:
Luis Cernuda.
La Luz No Muere Sola. (1976-1984)