Gilberto Owen (1905-1952)

BIBLIOGRAFIA POETICA:

Desvelo, 1925; Línea, 1930; Libro de Ruth, 1944; Perseo vencido, 1948; Poesía y prosa, 1953; Primeros versos, 1957;

El infierno perdido, 1978; Obras, 1979.

LA CANCION DEL TARDIO AMOR

¡Sí yo pudiera amarte, Alma noble y pequeña!

Llegas cuando mi vida ya es un arenal;

si pudiera ofrecerte el tesoro que sueña

tu insensatez romántica y pueril, que se empeña

en que florezca el seco tallo de mi rosal...

¡Qué más quisiera, ¡triste de mí!, que anclar mi nave!

Pero el remanso está lejos de mi dolor;

ya el corazón inhóspito arbusto es para el ave,

y en mi pecho, pletórico de hieles, ya no cabe

el tesoro mil-y-una nochesco de tu amor.

Si tú pudieras ser la nueva primavera

que es justo que suceda a este invierno precoz;

pero sería estéril tu empeño; espera, espera

hasta que llegue el alma juvenil que te quiera

y diga la aleluya que ya olvidó mi voz.

Alma noble, que llamas a la mía cobarde:

¡Si yo pudiera amarte! ¡Si pudieras tú ser

mi nueva primavera! Pero llegas tan tarde,

tan tarde, que ya sólo, en Alma de Mujer:

¡Esta canción ceñuda y pesimista, en que

ahorco en el mástil máximo la Esperanza y la Fe!

Toluca, 1-I-1922.

Primeros poemas. Obras, 1979

NO ME PIDAS, AMIGA...

NO ME pidas, Amiga, madrigales;

la trivial aleluya de otros día

se apagó en mi fracaso de rosales,

y un torvo gotear de melancolías

es la fuente de mis cantos joviales.

Y debe ser así. Ya la casona,

marco de mis ensueños, está en ruinas,

y con su rubio absurdo ya festona

la yedra aquel balcón, que de divinas

pláticas los recuerdos aprisiona.

(Aquel balcón oliente al primitivo

aroma de sus virginales manos,

en donde aquel primer beso furtivo

mi suplicante audacia, miedos vanos

derrotado, robó al candor esquivo...)

Ya el jardín pueblerino, que nos daba

el amparo de su romanticismo,

y que por nuestros besos se tornaba

como en más rusticano, no es el mismo

ni esta fuente la que arrullaba.

Todo ha cambiado, hasta mi balbuciente

amor, diáfanamente candoroso,

que un día se me fue, como demente

golondrina que busca sin reposo

el sol de la indocta alma adolescente.

No me pidas, Amiga, que mi canto

sea madrigal; la casona está en ruinas,

el musgoso balcón perdió su encanto

porque Ella se fue, y en mis corvina

elegías sólo vibra el desencanto.

Primeros poemas. Obras, 1979

DESVELO

1. Pureza

¿NADA de amor -¡de nada!- para mí?

Yo buscaba la frase con relieve, la palabra

hecha carne de alma, luz tangible,

y un rayo del sol último, en tanto hacía luz

el confuso piar de mis polluelos.

Ya para entonces se me había vuelto

el diálogo monólogo,

y el río, Amor -el río: espejo que anda-,

llevaba mi mirada al mar sin mí.

¡Qué puro eco tuyo, de tu grito

hundido en el ocaso, Amor, la luna,

espejito celeste, poesía!

Desvelo, 1925

5. El recuerdo

Con ser tan gigantesco, el mar, y amrgo,

qué delicadamente dejó escrito

-con qué pensamiento tan fino,

como con olas niñas de tus años-,

en este caracol, breve, su grito.

Desvelo, 1925

LA POMPA DE JABON

1

Aquel rostro, aquel libro, aquel paisaje,

y todo el iris y yo mismo, todo,

todo en tu agua sedienta

de imágenes.

2

Te saludan los pájaros, las cosas

todas afinan para ti

su mejor alba de sonrisas.

Y recuerdan tus viajes, cuando ibas

como un poco de río

redondo y frágil, por el cauce

innúmero del viento.

Y recuerdan, Arca de Noé,

porque las regalabas a los niños,

trasmutando en juguetería

de Noche Buena, el Mundo.

3.

Y la vida niña soplándote,

oh, pompa. oh árbol de cristal de alma,

por aquella raíz

que te ocultó en su seno Poesía,

y te era, en el cielo, rama en flor

y pájaro en la rama.

Y la vida, sin fin, soplándote,

sin fin, burbuja de emoción,

hasta tu fin sin ruido ni violencias

-cuando mucho con un rocío amargo

y trémulo, como de lágrimas.

Desvelo, 1925

BOOZ CANTA SU AMOR

Me he querido mentir que no te amo,

rojo de alegría inacuta, sol sin freno

en la tarde que sólo tú detienes,

luz demorada sobre mi deshielo.

Por no apagar la brasa de tus labios

con un amor que darte no merezco,

por no echar sobre el alba de tus hombros

las horas que le restan a mi duelo.

Pero cómo negarte mis espigas

si las alzabas con tan puro gesto;

cómo temer tus años, si me dabas

toda mi juventud en mi deseo.

Quédate, amor adolescente, quédate.

Diez golondrinas saltan de tus dedos.

París cumple en tu rostro quince años.

Cómo brilla mi voz sobre tu pecho.

Oyela hablarte de la luna, óyela

cantando lánguida por los senderos:

sus palabras más nimias tienen forma,

no le avergüenza ya decir "te quiero".

Me has untado de fósforo los brazos:

no los tienen más fuertes los mancebos.

Flores palúdicas en los estanques

de mis ojos. El trópico en mis huesos.

Cien lugares comunes, amor cándido,

amoroso y porfiriado amor primero.

Vámonos por las rutas de tus venas

y de mis venas. Vámonos fingiendo

que es la primera vez que estoy viviéndote.

Por la carne también se llega al cielo.

Hay pájaros que sueñan que son pájaros

y se despiertan ángeles. Hay sueños

de los que dos fantasmas se despiertan

a la virginidad de nuestros cuerpos.

Vámonos como siempre: Dafnis, Cloe.

Tiéndete bajo el pino más erecto,

una brizna de yerba entre los dientes.

No te muevas. Así. Fuera del tiempo.

Si cerrara los ojos, despertándome,

me encontraría, como siempre, muerto.

Libro de Ruth, 1944

A José Vasconcelos

MADRIGAL POR MEDUSA

NO ME sueltes los ojos astillados,

se me dispersarían sin la cárcel

de hallar tu mano al rehuir tu frente,

dispersos en la prisa de salvarme.

Embelesado el pulso, como noche

feliz cuyos minutos no contamos,

que es noche nada más, amor dormido,

dolor bisiesto emparedado en años.

Cante el pez sitibundo, preso en redes

de algas en tus cabellos serpentinos,

pero su voz se hiele en tu garganta

y no rompa ni muerte con su grito.

Déjame así, de estatua de mí mismo,

la cabeza que no corté, en la mano,

la espada sin honor, perdido todo

lo que gané, menos el gesto huraño.

Perseo vencido, 1948