Hugo Gutiérrez Vega (1934)
 

DIARIO DE TU CUERPO. TRES FECHAS (Fragmento III)

De nuevo llegas a mi casa.
Conoces el camino
y sabes que mis cosas
se han amoldado a ti.

En el espejo
queda tu reflejo.

En la tarde de la ciudad,
bajo las máquinas;
en la tarde amarillenta
sucia, habitada de sombras,
manchada por las prensas,
vociferante río de niebla
hacia la noche del tumulto;
en la tarde tus cabellos
serán un recuerdo presente.
Yo estaré junto
a tus dieciséis años
y junto a tu fracaso,
a tus cansados días
vividos bajo el humo de la ciudad.
Estaré junto a tu voz pasada
escuchando tu voz presente.
Leeremos nuestra historia
en el libro cerrado
de tu vientre.

        Buscando el amor, 1965
 

AGITANDO LAS MANOS HASTA LLEGAR...

                           ¿Dónde te escondes, oh consuelo del mundo?
                                                                                               Novalis

Agitando las manos hasta llegar
a la agonía perfecta.
Con los ojos abiertos
a las pequeñas cosas,
presintiendo la llegada
de la estación destructora.

El miedo en el jardín
acongoja
al frío de la estatua.

Tendidos en la hierba
esperamos el momento
de la siega.

No hay más realidad
que esta pálida espera;
no hay más voces
que las del miedo oculto
tras la sombra
de esta noche interminable
que se desploma
sobre el jardín.

        Buscando el amor, 1965
 

NOTA ROJA

                                 A Cesare Pavese

Salir una mañana de la casa
sin tomar el café, sin decir nada,
sin besar ni a la esposa ni a los hijos.
Salir e irse perdiendo por las calles,
tomar aquel tranvía,
recorrer el jardín sin ver que el sol
va colgando sus soles diminutos
de la rama del árbol.
Recorrer el jardín
sin ver que un niño nos está contemplando,
sin ver las cabelleras rubias, morenas, pálidas.

Pasar cargando una sonrisa muerta
con la boca cerrada hasta hacer daño.

Entrar en los hoteles,
hallar uno silencioso y lejano,
tenderse entre las sábanas lavadas
y sin decir palabra, sin abrir la ventana
para que el sol no meta su esperanza
apretar el gatillo.

He dicho nada.
Ni el sol,
ni la flor que nos dieron las muchachas.

        Desde Inglaterra, 1971
 

AUNQUE NO LO PAREZCA DE VERDAD NO QUIERO NADA

                                                      Nao: nao quero nada.
                                         Ja disse que nao quero nada.
                                                               Fernando Pessoa

                                                               A Ernesto Flores

1

Hoy, con la entrada de la primavera
hemos dicho que el poeta es más fuerte que el mundo.
Cernuda debe haber reído silenciosamente
desde lo alto de su montaña morada.

Están abiertas todas las ventanas.
Todas las calles van hacia el sol.
Nadie se atreverá a contradecirnos.
Borges recorrerá esas calles
hasta el último día del mundo.

Conspiran a nuestro favor
una clara madrugada
y un bosque de altas ramas
con los brotes apenas nacidos.
Ayer la tierra desnuda
tenía un dedo puesto en los labios.
Hoy que abre los brazos
es posible tocarla,
decir que la soledad es buena,
que los poetas son más fuertes que el mundo,
que los anillos de hierro,
los billetes de banco,
los discursos,
las rejas.

2

A mi invitación al juego
contestas con una declaración escrita.
A mis saltos chaplinianos
respondes con tu cara de discurso.
A mi tristeza de Buster Keaton
opones tu deseo de subir.
Te saco la lengua amigablemente.
Yo seguiré representando mi farsa.
Quédate en la tribuna aquilina
y que una trompeta ronca
te despida del planeta.
Desde la fosa común te saludaré con mi corbata.
Hasta tu mausoleo llegarán mis proyectiles:
pasteles de crema,
helados de frambuesa.

        Resistencia de particulares, 1972
 

RETRATOS Y PAISAJES (Fragmento I)

  • POCA COSA ES UN ÁNGEL

  • Peripuesto,
    llevando entre las manos
    el nido de las buenas intenciones,
    salió de su casa.
    Pasó el día con las manos cerradas
    sintiendo los breves picotazos
    de los pájaros ciegos.
    En la noche al abrirlas,
    encontró los cadáveres
    de dos pequeños ángeles.
    Los enterró al lado del geranio
    para que florecieran.
    Nada pasó.
    Poca cosa es un ángel.

            Cuando el placer termine, 1977
     

    PARA LA ABUELA, QUE HABLABA CON LOS PÁJAROS CREYÉNDOLOS ÁNGELES

    I

    La abuela abría las puertas de la mañana;
    entraba el sol por el balcón cerrado
    y un rayo se pegaba a sus gafas solares.
    El día andaba ya por los corredores
    abrillantando las plumas del pájaro ciego,
    jugando un rato con los peces anhelantes
    en su marecito engañoso,
    y con el caracol de filos negros
    en su playa de cristal.
    La claridad giraba por los cuartos vacíos
    y se escondía entre las cortinas.
    De las gafas de la Abuela brotaba el día
    y bajo mi cama se enroscaban los vientos.
    Cerraba los ojos y regresaba al sueño.
    Las sábanas me daban una noche que sólo existía ahí
    y que se prolongaba por unas horas,
    mientras la mañana maduraba
    y se caía a pedazos en las calles de color naranja
    y en el cielo azul y tonto de los trabajos para vivir.

    II

    Un polvo limpísimo, casi más fino que el aire de esta mañana,
    se levantó cuando abrimos la tumba de la Abuela.
    La caja se deshizo, y el cráneo que tenía aún su blanca trenza
    cayó con tanta gracia, que la tierra se negó a entrar en él.
    ¡Quién lo dijera!; tú que tanto temías morirte sola
    has pasado diez años en la tumba hablando con tus ángeles,
    percibiendo las voces de tantas insolentes primaveras.
    "La muerte es grande" dices, y la vida se concentra en tu trenza.
    No hemos perdido nada. la mañana sigue entrando a la casa;
    entrando sin cesar.
    Si nada cesa tú nunca cesarás.
    La muerte grande te besó en las mejillas
    y nosotros lloramos y reímos
    Estábamos contigo
    Tu memoria no se detuvo nunca.

            Cuando el placer termine, 1977


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