Coral Bracho (1951)
DE SUS OJOS ORNADOS DE ARENAS VÍTREAS
Desde la exhalación de estos peces de mármol;
desde la suavidad sedosa
de sus cantos,
de sus ojos ornados
de arenas vítreas,
la quietud de los templos y los jardines
(en sus sombras de acanto, en las piedras
que tocan y reblandecen)
han abierto sus lechos,
han fundado sus cauces
bajo las hojas tibias de los almendros.
Dicen del tacto
de sus destellos,
de los juegos tranquilos que deslizan al borde,
a la orilla lenta de los ocasos.
De sus labios de hielo.
Ojos de piedras finas.
De la espuma que arrojan, del aroma que vierten
(En los atrios: las velas, los amarantos.)
sobre el ara lebísima de las siembras.
(Desde el templo:
el perfume de las espigas,
las escamas,
los ciervos. Dicen de sus reflejos.)
En las noches,
el mármol frágil de su silencio,
el preciado tatuaje, los trazos limpios
(han ahogado la luz
a la orilla; en la arena)
sobre la imagen tersa,
sobre la ofrenda inmóvil
de las praderas.
La sirena en el espejo, 1990
Tus lindes: grietas que me develan
We must have died alone,
a long time ago.
D.B.
Has pulsado,
has templado mi carne
en tu diafanidad, mis sentidos (hombre de contornos
levísimos, de ojos suaves y limpios);
en la vasta desnudez que derrama,
que desgaja y ofrece;
(Como una esbelta ventana al mar; como el roce delicado,
insistente, de tu voz).
Las aguas: sendas que te reflejan (celaje inmerso), tu
afluencia, tus lindes: grietas que me develan.
-Porque un barniz, una palabra espesa, vivos y muertos,
una actitud fungosa, de cordajes,
de limo, de carroña frutal, una baba lechosa nos recorre,
nos pliega, ¿alguien;
alguien hablaba aquí?
Reconozco, como albino, a ese sol:
distancia dodlorosa a lo neutro que me mira, que miro.
Ven, acércate; ven a mirar sus manos, gotas recientes en
este fango; ven a rodarme.
(Sabor nocturno, fulgor de tierras erguidas, de pasajes
sedosos, arborescentes, semiocultos; el mar:
sobre esta playa, entre rumores dispersos y vítreos). Has
deslumbrado, reblandecido
¿En quién revienta esta luz?
-Has forjado, delineado mi cuerpo en tus emanaciones,
a sus trazos escuetos. Has colmado
de raíces, de espacios;
has ahondado, desollado, vuelto vulnerable (porque tus
yemas tensan y desprenden,
porque tu luz arranca -gubia suavísima- con su lengua,
su roce, mis membranas- en tus aguas; ceiba luminosa de
espesuras abiertas, de parajes fluctuantes, excedidos; tu relente) mis miembros.
Oye; siente en ese fallo luctuoso, en ese intento segado,
delicuescente.
¿A quién unge, a quién refracta, a quién desdobla? en su
miasma
Miro con ojos sin pigmento ese ruido ceroso
que me es ajeno.
(En mi cuerpo tu piel yerge una selva dúctil que fecunda
sus bordes; una pregunta, viña que se interna, que envuelve
los pasillos rastreados.
-De sus tramas, de sus cimas: la afluencia incontenible.
Un cristal que penetra, recinoso, candente, en las vastas
pupilas ocres del deseo, la transparenta; un lenguaje
minucioso.)
Me has preñado, has urdido entre mi piel;
¿y quién desliza por sus dedos?
Bajo esa noche: ¿Quién musita entre tumbas, las zanjas?
Su flama, siempre multiplicada, siempre henchida y secreta,
tus lindes;
Has ahondado, has vertido, me has abierto hasta exhumar;
¿Y quién,
quién lo amortaja aquí?; ¿quién lo besa?
¿Quién lo habita?
BIBLIOGRAFIA POETICA:
Peces de la piel fugaz, 1977; El ser que va a morir, 1982.