Coral Bracho (1951)



DE SUS OJOS ORNADOS DE ARENAS VÍTREAS

Desde la exhalación de estos peces de mármol;

desde la suavidad sedosa

de sus cantos,

de sus ojos ornados

de arenas vítreas,

la quietud de los templos y los jardines

(en sus sombras de acanto, en las piedras

que tocan y reblandecen)

han abierto sus lechos,

han fundado sus cauces

bajo las hojas tibias de los almendros.

Dicen del tacto

de sus destellos,

de los juegos tranquilos que deslizan al borde,

a la orilla lenta de los ocasos.

De sus labios de hielo.

Ojos de piedras finas.

De la espuma que arrojan, del aroma que vierten

(En los atrios: las velas, los amarantos.)

sobre el ara lebísima de las siembras.

(Desde el templo:

el perfume de las espigas,

las escamas,

los ciervos. Dicen de sus reflejos.)

En las noches,

el mármol frágil de su silencio,

el preciado tatuaje, los trazos limpios

(han ahogado la luz

a la orilla; en la arena)

sobre la imagen tersa,

sobre la ofrenda inmóvil

de las praderas.

Tus lindes: grietas que me develan

We must have died alone,

a long time ago.

D.B.

Has pulsado,

has templado mi carne

en tu diafanidad, mis sentidos (hombre de contornos

levísimos, de ojos suaves y limpios);

en la vasta desnudez que derrama,

que desgaja y ofrece;

(Como una esbelta ventana al mar; como el roce delicado,

insistente, de tu voz).

Las aguas: sendas que te reflejan (celaje inmerso), tu

afluencia, tus lindes: grietas que me develan.

-Porque un barniz, una palabra espesa, vivos y muertos,

una actitud fungosa, de cordajes,

de limo, de carroña frutal, una baba lechosa nos recorre,

nos pliega, ¿alguien;

alguien hablaba aquí?

Reconozco, como albino, a ese sol:

distancia dodlorosa a lo neutro que me mira, que miro.

Ven, acércate; ven a mirar sus manos, gotas recientes en

este fango; ven a rodarme.

(Sabor nocturno, fulgor de tierras erguidas, de pasajes

sedosos, arborescentes, semiocultos; el mar:

sobre esta playa, entre rumores dispersos y vítreos). Has

deslumbrado, reblandecido

¿En quién revienta esta luz?

-Has forjado, delineado mi cuerpo en tus emanaciones,

a sus trazos escuetos. Has colmado

de raíces, de espacios;

has ahondado, desollado, vuelto vulnerable (porque tus

yemas tensan y desprenden,

porque tu luz arranca -gubia suavísima- con su lengua,

su roce, mis membranas- en tus aguas; ceiba luminosa de

espesuras abiertas, de parajes fluctuantes, excedidos; tu relente) mis miembros.

Oye; siente en ese fallo luctuoso, en ese intento segado,

delicuescente.

¿A quién unge, a quién refracta, a quién desdobla? en su

miasma

Miro con ojos sin pigmento ese ruido ceroso

que me es ajeno.

(En mi cuerpo tu piel yerge una selva dúctil que fecunda

sus bordes; una pregunta, viña que se interna, que envuelve

los pasillos rastreados.

-De sus tramas, de sus cimas: la afluencia incontenible.

Un cristal que penetra, recinoso, candente, en las vastas

pupilas ocres del deseo, la transparenta; un lenguaje

minucioso.)

Me has preñado, has urdido entre mi piel;

¿y quién desliza por sus dedos?

Bajo esa noche: ¿Quién musita entre tumbas, las zanjas?

Su flama, siempre multiplicada, siempre henchida y secreta,

tus lindes;

Has ahondado, has vertido, me has abierto hasta exhumar;

¿Y quién,

quién lo amortaja aquí?; ¿quién lo besa?

¿Quién lo habita?



BIBLIOGRAFIA POETICA:

Peces de la piel fugaz, 1977; El ser que va a morir, 1982.