Juan Bañuelos (1930)

Palimpsesto

recién despierto

el hombre

inclinado

como un pobre sastre

que hilvana una prenda

rasguea su guitarra.

los sonidos que pasan

abren la escena iv

que contiene

la mente de cuerpo entero

en diálogo

con las mujeres del tiempo/

las escenas i ii y ii

pertenecen al mostruo

y al espacio.

el final

es el hallazgo

del pensamiento real

inmóvil

en el frío de las variaciones.

ellas sólo dijeron:

"tu guitarra es azul

mas no tocas las cosas

como son."

el ojo despejado/

un puro ver

sin reflexión

el hombre dijo:

"las cosas como son

en mi guitarra son/

de otra manera:

umbilical

el yermo

es una farsa

de la lluvia/

en mi guitarra

la montaña camina

y la noche es de piedra."

una de las mujeres

suplicó: "toca un aire

que nos trascienda

y separe la palabra

de las cosas."

el guitarrista

se consagra

a pulsar sus sentidos

y las cuerdas desfloran

el resplandor del alba/

doma al monstruo

indecible

(que nos atañe por dentro)

y despliega su fuerza

hacia un cielo que piensa/

en el instante

en que al final del parecer

el vaso con la flor

el cuadro rojo

el hombre

peinándose a dos espejos

el escritorio y la ventana

son en la guitarra

como antes fueron

capturados en la piedra.

los sonidos

transfiguran la mente entera

como un periódico

arrastrado por el viento

cambia las noticias/

así

los muros levantados

son la perfección

del pensamiento/

y la quietud

parte de la página

sin ser observada.

el hombre

vuelve a inclinarse

-como el sastre que cose-

sobre su instrumento/

y es un hombre

en el cuerpo

de una bestia furiosa

sentado en una silla

al sol/

y es una guitarra

monstruosamente azul/

mientras

en la pieza contigua

la soprano coloratura

canta el aria

de la realidad

que es un pájaro

que nunca se posa

y deja fluir sus alas

como un río sin cauce.

esa profunda alondra

jamás

calumniará a la muerte.

Pervesidad de la separación

desautorizo

mi ternura/

vuélvanse

mis ojos

turbulencia/

pido castigo ejemplar

a mis palabras.

al alba

quito la escalera

para que ninguna luz

suba a las ventanas/

que sea

irreflexiva

como un perro

mi bondad

que en los charcos

sean glorificados

mis instintos

que la vida tropiece

y su pie herido

sea mutilado.

desautorizo

a mi sangre

y a mi sexo/

y para mis oídos

toda mi voz/

toda vez

toda sombra

todo siglo

sea mi espalda

una sábana

árida.

la ausencia es una unión definitiva.

todo

tengo prohibido:

incluso la amargura.

Poema interrumpido por un allanamiento

Aquí la sangre, aquí tal si saliera

de una enorme bestia destazada.

La humareda de los siglos ahogándome.

Golpeando atrás del alma, golpeado

en nombre de la puerta custodiada:

"Ten coraje, Bañuelos.

Valor, viejo".

Será en la cacería siguiente

cuando mi íngrimo horizonte

caiga bajo la zarpa estrujamiedo.

Será. Será.

Los nervios con sus patas de diarrea.

Será el ciempiés errante de las fosas

abiertas en los rostros.

Y hallándome acosado

parpadeó el espejo

detrás de mi memoria.

Jugué a tener memoria.

Ascendí ensacerdotado de juncia y de cafetos.

Corrí por los llanos de Colón.

Fuí huésped a los quince

de aquella cárcel municipal,

y luego él "considera que es tu hijo"

y "o das tu cuota o friegas los excusados"

y ese olor natal de Tuxtla y sus alrededores

cuando, leyendo bajo el puente, el agua era

una ave larga que volaba boca arriba.

Y ahora aquí, entre la producción y el miedo,

"bendito seas entre todos, bendito", "no te eches

a perder", "visita a tus tíos". . .

Avergonzado de gastar todos estos años

en imágenes de aserrín, con los puños cerrados,

como el lagarto al acecho del mosco en la ribera.

Necio. El polvo de la persiana cae en mis hombros.

Qué quiere usted. Salmuera en mi ojo izquierdo

que rodea desgarrado el farallón

de lo que he podido soñar, de lo que tú no soñarás:

"la vida práctica es astucia, mi amigo.

Jode, come y bebe. Entra al PRI". . .

Y todavía habrá personas que se asombren

cuando cuentes que las hormigas

rezan su hastío, que el odio nunca está solo,

y que la sombra del durazno

huele lo mismo que su flor.

(Ay pequeño Sabinal de lavanderas

chorreando sol bajo las miradas

de las comadrejas y de la hierba

asustada).

Y hallándome acosado,

en tanto aplaco

mis nervios con sus patas de diarrea,

mientras enloquezco,

mientras muerdo estas paredes,

acuso a la luz

de que al abrir una granada

se despeñó hacia adentro

haciendo saltar su espuma roja

idéntica

a la que expulsa el azteca desollado.

El mapa

He mirado la patria largamente.

Se le nota tristeza hasta en el mapa.

Las personas mayores nos explican

que es libre, sin acecho atentísimo de zarpas.

Y a punto estuve de quedarme ciego

porque a la patria la oscurecen llagas,

la pisan botas, se le cierran puertas:

necesaria prisión con calles vigiladas.

Con el sudor de todos levantamos la espera,

pues no hay dolor que dure lo que dura una mancha.

Que sabemos de noches, de sentencias, amigos,

pero también sabemos que llega la mañana.

Despertemos, seamos el metal derretido,

lo que quiera la sed, la tierra trabajada,

lo que quieran las piedras, la sencillez del huerto,

lo que pidan las llamas,

en fin -al fin- la piel abierta en surco.

He visto largamente el mapa.

Pensé en mis hijos. Duele. Y eran todos los niños.

Fui deletreando el nombre de la patria

mientras buscaba dónde, dónde poner los ojos.

Y recordé de pronto algo que sangra:

Mexicano de tierra ensalinada,

desollado haraposo,

comedor de la noche y de las hojas,

catástrofe de costa a costa,

ando buscando a un pueblo,

ando buscando a un pueblo.

Habla.

Bibliografia poética:

La espiga amotinada (colectivo), 1959; Ocupación de la palabra (colectivo), 1965; El espejo humeante, 1968.