Gianfrancesco Guarnieri
 

Ellos no usan smoking (fragmento)

Versión de Elizabeth Nazzari Verani
jcanela@megared.net.mx



 
 
 
 
 
Si alguien preguntara a Guarnieri por qué el es tan tranquilo, recibiría esta respuesta: "Es sólo apariencia. Acostumbro hacer uan tempestad en una vaso de agua". Un lenguaje tranquilo y un gesto simpático esconden los tiempos de turbulencia  de los años 60´s, cuando se enfrentaba a la dictadura militar con la palabra, la única arma que se tenía. Guarnieri defendía con uñas y dientes lo que se consideraba más sagrado, el teatro y la libertad de expresión. Con apenas 23 anos, en 1956, escribió su primer texto, que fue también el más premiado, Eles não usam black-tie (Ellos no usan smoking), montada por el Teatro de Arena, en 1958. "Después de Arena y de Black-tie, los artistas adquirirían consciencia de su función en la sociedad", dijo Guarnieri a  ISTOÉ. Dos décadas más tarde, el texto fue adaptado para cinema y recibió, en 1981, cinco premios en el  Festival de Veneza, incluido el León de Oro.
      En este número de Argos presentamos el último acto de tan importante obra.


 
 

Acto III
Cuadro II



    SEBAS: No tiene caso, cuñado. Lo que hice está hecho y lo haría de nuevo.

    JUAN: No lo discuto. Solamente digo que ahora ya no tiene remedio. Tú, en el cerro ya no puedes vivir. Sólo si pruebas que quieres echarte para atrás.

    SEBAS: Olvídate. Eso yo no lo hago.

    JUAN: Ya viste como están las cosas, ya  ni te mira nadie. Si te hablan es para burlarse. ¡Y cobarde es lo menos que te dicen! ¡Para María tampoco las cosas están bien!

    SEBAS: María no está obligada a aguantar. Yo me voy y me la llevo.

    JUAN: No lo sé. Escucha. Yo sé que no rompiste la huelga por cobardía, fue para defenderte. Tú no confiabas como los demás. Pero tú no estás en contra nuestra, no cuesta nada retractarse. Explícate con franqueza, ellos te van a entender. ¡Devuelve el dinero que el gerente te dio, únete a la huelga, haz algo!

    SEBAS: No tengo porque pedirle disculpas a nadie. Lo que hice lo volvería a hacer. ¡Cada cuál resuelve sus problemas a su manera!

    JUAN: Entonces, mi viejo, hoy mismo hay que salir de aquí. ¡Conozco a Octavio, él te va a echar de aquí!

    SEBAS: ¡Asunto suyo! Yo me voy, me las arreglo. Fui criado en la ciudad. Luego veo. Consigo un cuarto, algunas cosas, y me llevo a María...

    JUAN: ¡Yo pensé que todo iba a ser muy diferente!

    SEBAS: Me gustaría también que así fuera.

    JUAN: Cuídate. Hay quien quiere agarrarte.

    SEBAS: Que vengan. No les tengo miedo, sé defenderme. ¡Ya me surtí a más de uno con estos cinco!

    JUAN: ¡Tú viste que agarraron a Jesuino!

    SEBAS: Bien hecho. Yo le había avisado.

    JUAN: Le rompieron un brazo.

    SEBAS: Lo que él hizo no se hace. Querer engañar a los demás está mal. Yo le dije que los amigos se iban a enterar.

    JUAN: Lo agarraron saliendo de la fábrica y se enteraron de todo. Ese es otro que se fregó.

    SEBAS: Aguanta, ¡hay una diferencia! Él trató de acomodarse, yo no. Yo tenía una opinión y la mantuve. ¡Rompí la huelga y no lo oculto!

    JUAN: Bueno, si necesitas un amigo ya sabes donde hallarme.

    SEBAS: Gracias viejo. A estas alturas, amigo, ya no me sirve de mucho que digamos. Es raro, ya no es el problema de un tipo contra otro tipo, ¡es una bronca más grande! Yo sabía que los cuates me iban a despreciar si la huelga hubiera salido bien, pero no pensé que iba a ser de esta forma. No es sólo el desprecio que siento, es como... ¡Sepa Dios!... es como si fuera un pez y dejara el mar para vivir en la tierra... ¡Es raro! Uno hace las cosas buscando el bien y, a fin de cuentas, es como si uno dejara de existir.

    JUAN (intrigado): ¡No estoy entendiendo nada!...

    SEBAS: Pues sí. ¡Es muy raro!

    MARÍA (entrando apresurada): ¡Ya lo soltaron! ¡Están subiendo el cerro!

    JUAN: Ahora, viejo, ¡lo mejor es aguantar!

    MARÍA: Vinieron todos con Don Octavio. Que bueno, le están armando un fiestonón...

    SEBAS: Y yo lo arruiné.

    MARÍA (indecisa): Sebastián... Sebastián...

    SEBAS: ¡Habla!

    MARÍA: Nada. Escucha, es mejor que te vayas. Después tú platicas con Don Octavio. Cuando él esté más descansado...

    SEBAS: No, lo que se tiene que hacer, se hace. Aquí lo espero. ¡No es un monstruo, es mi padre!

    MARÍA: No es por ti, es por él. Es mejor que le hables después.

    JUAN: Para los demás fue difícil, imagínate para él...

    SEBAS: ¿Te dices mi amigo y hablas así? Está bien... ¿Y tú, María?

    MARÍA: Yo, ¿qué cosa?

    SEBAS: ¿También me convertí en hombre-lobo para ti?

    MARÍA: Olvídate de eso. Yo sé que fue por mi culpa. Yo estoy contigo...

    SEBAS (serio): Qué bueno. ¡Así es, mi Juan! Uno deja de existir... Es como un pez en la tierra... (Se sale)

    MARÍA: ¿Cómo está él?

    JUAN: Así como lo ves. Apuesto que él desearía no haber hecho nada.
¡Pero es orgulloso como él solo!

    MARÍA: ¡No lo hizo por maldad!...

    JUAN: ¡Explícales eso a los demás!

    MARÍA: ¿Y ahora?

    JUAN: Ahora, María, hay que aguantar. Aquí él ya no puede quedarse. Su padre, con su manera de pensar, ya no lo va a querer en la casa. Va a ser cuestión de honor. La única manera es que él abandone el cerro... Dijo que después viene por ti, que va a conseguir un cuarto en una casa.

    MARÍA (pensativa, casi llorando): Va a tener que irse.

    JUAN: Él está sufriendo, pero fue apresurado. ¡No sé porque tanto miedo a la huelga! Todos los otros confiaron, menos él.

    MARÍA: Juan, ¡tengo miedo!

    JUAN: ¡Calma!

    MARÍA: ¡Sí lo tengo! ¿Ya imaginaste? ¿Dejar todo eso, así, de repente? Sebas no conoce a nadie más, va a tener que hacer nuevos amigos...

    Allá afuera se oyen voces, vítores para Octavio.

    JUAN: ¿Están ahí? ¡Aguanta, no pongas cara de llanto!

    Entran Romana, Paquito, Teresita, Braulio y Octavio.

    ROMANA: ¡Siéntate, viejo, siéntate! ¡Tú ya caminaste bastante!

    BRAULIO: ¡Es mejor descansar!

    OCTAVIO: ¡Olvídate, tampoco me mataron! (Viendo a Juan y a María) ¿Ustedes están ahí? ¿Cómo te va, mi Juan? ¿Qué cara de espanto es esa, María? ¡Apenas me metieron al bote, nada más!

    MARÍA: ¿Pero usted está bien?

    OCTAVIO: ¡Aquí estamos, activos!

    BRAULIO: No es para menos. ¡Doña Romana hizo una revolución en la policía!

    OCTAVIO: ¡Uf, vieja luchona! Ya mero la detienen también.

    ROMANA: ¿Y no es para luchar? ¿Que así nomás detengan a mi hombre?

    PAQUITO:¿Usted se quedó tras las rejas, papá?

    OCTAVIO: ¡Qué rejas! Estaba en una sala y no estaba solo. ¡Había muchos más!

    PAQUITO: ¿Y lo golpearon?

    ROMANA: Deja de preguntar tonterías, chiquillo.

    BRAULIO: Lo bueno es que estás libre y listo para otra. ¿Verdad, campeón?

    OCTAVIO: Y bien listo. Nomás las costillas me duelen un poco, ¡pero mañana, todo estará bien!

    BRAULIO: ¿Somos o no de tomarse en cuenta?

    OCTAVIO: ¡Uf, si lo somos! Los trabajadores iban entrando, conversábamos unos minutos, ¡y listo! Ya estaba el hombre en el piquete. ¡El aumento va a salir pero pronto!

    MARÍA: ¿La huelga va a durar mucho?

    BRAULIO: Creo que no. Uno o dos días más. ¡A fuerzas tienen que estar de acuerdo, si no el perjuicio será mayor!

    OCTAVIO (a Braulio, interesadísimo): ¿Es verdad que los de la Sant’Angela se nos van a unir?

    BRAULIO (con risa alegre): ¡Sí, señor!

    OCTAVIO (contentísimo): ¡Eso es lo bueno! (A Romana) ¡Vieja, dale café a tu viejo!

    ROMANA (yendo hacia la estufa): Ahorita mismo. ¿Pero tú no te enderezas, eh, sinvergüenza?

    BRAULIO: ¡Así es eso, doña Romana!

    SEBAS (apareciendo en la puerta): ¡Con permiso!

    Todos fríos. Mudos. Estáticos.

    TERESITA (después de unos instantes, rompe el silencio): ¡Estás viendo, Sebas, soltaron a don
Octavio! (Paquito le da un pellizco. Pausa)

    ROMANA: ¿Te vas a quedar como una estaca en la puerta? ¡Entra!

    SEBAS (a Octavio): ¡Yo quería hablar con usted!

    OCTAVIO: ¿Conmigo?

    SEBAS (firme): Sí.

    OCTAVIO: Amigos míos, ¿quieren salir un rato? Este muchacho quiere hablar conmigo.

    ROMANA: ¡Yo necesito recoger la ropa!

    JUAN: Ya me voy, entonces. Hasta pronto, don Octavio. ¡Y felicidades!

    OCTAVIO: ¡Gracias! (Salen. Sebas y Octavio se quedan solos.) Bien, puedes hablar.

    SEBAS: Papá...

    OCTAVIO: Discúlpame, pero tu padre todavía no llega. Él te dejó un recado conmigo, te mandó decir que está muy admirado, que se equivocó. ¡Y pidió que tomes otro camino, porque esta no es casa de rompehuelgas!

    SEBAS: Yo venía a despedirme y decir nomás una cosa: ¡No fue por cobardía!

    OCTAVIO: Tu padre me habló de eso. Él también trata de creer que no fue por cobardía. Él hasta piensa que tuviste valor. Tú rompiste la huelga y les dijiste a todos, no guardaste secreto. No hiciste como Jesuino, que rompió la huelga sabiendo que estaba mal. Él piensa, tu padre, ¡que tú eres aún más un desgraciado! Que eres un traidor de tus compañeros y de tu clase. ¡Pero un traidor que piensa que está en lo cierto! No un traidor por cobardía, ¡un traidor por convicción!

    SEBAS: Yo quisiera que usted le diera un recado a mi padre...

    OCTAVIO: Anda, ¡habla!

    SEBAS: Que su hijo no es un desgraciado. Que su hijo quiere a su gente, pero que tenía un problema, y que lo quiso resolver de la manera más segura. ¡Que su hijo es un hombre que quiere el bien!

    OCTAVIO: Tu padre se va a enojar con este recado, pero le digo. Tu papá tiene otro recado para ti. Tu padre piensa que la culpa de pensar de esta manera no es tuya, nada más. Tu padre piensa que también tiene la culpa...

    SEBAS: Dígale que no tiene culpa alguna.

    OCTAVIO (perdiendo el control):  Si yo te hubiera educado con más firmeza, si te hubiera mostrado mejor lo que es la vida, tú no pensarías en desconfiar de tu gente...

    SEBAS: Mi padre no tiene culpa. Él hizo lo que debía. El problema es que yo no podía arriesgar nada. Preferí sufrir el desprecio de mi gente para poder querer como yo quiero querer, y no arriesgarme a ver a mi mujer sufrir como mi madre sufre, como todos en este cerro sufren.

    OCTAVIO: ¡Tu padre piensa que él tiene la culpa!

    SEBAS: ¡Mi padre no tiene la culpa de nada!

    OCTAVIO (en un impulso): Déjalo creer eso, si no, él va a sufrir mucho más. Va a creer que su hijo cayó en la mierda por sí sólo. Va a creer que su hijo es zafado de nacimiento. (Se calmarepentinamente.) Tu padre te manda otro recado. Dijo que ya no necesitas venir acá. Y te desea buena suerte.

    SEBAS: Dígale que así va a ser. No fue por cobardía y no me arrepiento de nada. Hasta otro día. (Se dirige a la puerta.)

    OCTAVIO (dirigiéndose al cuarto de atrás): - Tu madre, tal vez, va a querer hablar contigo... ¡Hasta luego! (Sebas agarra una bolsa que debe de estar debajo de un mueble y coloca sus cosas. Camisas que están entre las demás ropas, cepillo de dientes, etc.)

    ROMANA (entrando): ¿Te despachó, verdad?

    SEBAS: Sí.

    ROMANA: ¡Yo digo que todos ustedes están mal de la cabeza!

    SEBAS: ¡No fue por cobardía y no me arrepiento!

    ROMANA: Lo sé. Eres terco... Y eres un buen muchacho. ¿Para dónde vas?

    SEBAS: Voy a la casa de un compañero de la fábrica. Él vive en La Lapa.

    ROMANA: ¿Y él va a permitir que te quedes en su casa? ¿También rompió la huelga?

    SEBAS: No, no la rompió, pero es mi amigo. Va a discutir mucho, como todos, pero me va a dejar estar allí unos días. ¡Vive solo con su madre!

    ROMANA: ¿Y después?

    SEBAS: ¿Después qué?

    ROMANA: ¿Qué vas a hacer?

    SEBAS: Voy a seguir en la fábrica, ¡claro! Allá me entiendo con los demás. ¡Rento un cuarto y vengo por María!

    ROMANA: ¿Hiciste todo eso para rentar un cuarto y vivir con María?

    SEBAS: ¡Hice todo eso para no perder el empleo!

    ROMANA: ¿Y piensas que valió la pena?

    SEBAS: ¡Lo hecho, hecho está!

    ROMANA: Tu traje está siendo lavado. Búscalo otro día.

    SEBAS: ¡Usted es un ángel, madre!

    ROMANA: ¡Ya verás que es mejor pasar hambre entre amigos que entre extraños!...

    SEBAS: ¡Hay que verlo!

    ROMANA: ¡Dame un abrazo! (Se abrazan) ¡Ve con Dios! Y lleva siempre nuestra dirección en el bolsillo. ¡Si te pasa algo, lo sabremos enseguida!

    SEBAS: ¡Si eso no viniera de usted, yo diría que me está deseando algo malo! Luego vengo por el resto de mi ropa...

    MARÍA (entrando): ¿Tú te vas?

    SEBAS: ¿No te lo imaginabas?

    MARÍA: ¿Y ahora? (Romana va al fondo de la sala y se queda impasible.)

    SEBAS: Todo está bien. No perdí mi empleo ni lo voy a perder. Parece que la huelga va a resultar bien, me van a aumentar. En el taller, tú vas a recibir aumento. Nos vamos para un cuarto en la ciudad, los dos. Después, llega Tavito y seguimos con nuestra vida, ¿no es así?

    MARÍA: ¿O sea que perdiste a tus amigos?

    SEBAS: ¡Quedan algunos! Tu hermano, algunos de la fábrica...

    MARÍA (moviendo la cabeza, profundamente triste): No... No...

    SEBAS: Vamos a casarnos, nos vamos, para hacer nuestra vida. Eso que pasó...

    MARÍA: No... No está bien... Dejarlo todo, ¡no está bien! ...

    SEBAS: No te preocupes, mi vida, todo va a resultar bien. Nos vamos a la ciudad, ¡nada más!... Hice algo y me gané el desprecio de los demás, pero tú no hiciste nada. ¡A ti nadie te desprecia!...

    MARÍA (cae en un llanto convulso): No... ¡No está bien!

    SEBAS: María, no había otra manera, mi vida. Yo debía pensar... La huelga resultó bien, pero podía no haber resultado... Y todo se resolvió en el último momento... Cuando llegué a la fábrica la mayoría quería entrar. Después la cosa cambió... Fui uno de los primeros en entrar... Podía no haber resultado. Papá todavía puede perder el empleo. ¡Ellos se las arreglan! ¿Pero yo? ¿Ya imaginaste lo que podía haber pasado? Ahora no, ¡estamos seguros!

    MARÍA (siempre llorando): ¡No está bien!... Dejarlo todo. No está bien, dejarlo todo... (Pierde las fuerzas y cae llorando copiosamente.)

    SEBAS: ¡Mariquita, escúchame! ¡Yo lo hice por ti, mi vida! ¡Yo quiero el bien! Yo tenía... Tenía que encontrar cómo... La forma fue esa.

    MARÍA: ¡Dejar el cerro, no! ¡Seremos infelices! ¡Nuestra gente es ésa! ¡Te ensuciaste!... ¡Compréndelo!

    SEBAS: ¡Es que yo quiero el bien!... ¡Pero no fue por cobardía!

    MARÍA (también llorando): Sí lo fue... sí lo fue... sí lo fue... ¡Sí fue por cobardía... sí lo fue!

    SEBAS (afligido): ¡María escúchame!... (Dirigiéndose a Romana) ¡Madre, ayúdame! (Romana no se mueve)... Yo tuve... Yo tuve...

    MARÍA: Miedo, miedo, miedo de la vida... ¡Lo tuviste!... Preferiste pelear con todo el mundo, preferiste el desprecio... ¡Porque tuviste miedo!... Tú no crees en nada, solamente en ti. Tú eres un... ¡un creído!

    SEBAS: Mi vida... No es tan malo dejar el cerro. ¡Ya es una gran cosa!... Tú también quieres dejar el cerro. Después los otros se olvidan, ¡ahí todo cambia!...

    MARÍA: Quiero dejar el cerro junto con todos: Doña Romana, mamá, Paquito, Teresita, Luisa, Flora... Todos... ¡No puedes dejar a tu gente! ¡Tu mundo es ese, no es otro!... ¡Vas a ser infeliz!

    SEBAS (ya sofocado): ¡María, no hay de otra!... ¡Yo vuelvo por ti!

    MARÍA: No puede ser, no puede ser... ¡todo está mal, todo está mal! ¿Por qué?... ¡Todo está mal!...

    SEBAS: (también casi llorando): ¡María, me tienes que entender, me tienes que ayudar!... ¡Ven conmigo!

    MARÍA: ¡No voy!... ¡No voy!...

    SEBAS: Lo hice por ti...

    MARÍA: ¡No... no... todo está mal! (Llora convulsivamente.)

    SEBAS: María, por lo menos tú sabes que encontré una salida. (Casi con rabia) ¡Ahora está hecho, de nada sirve llorar!

    MARÍA: Yo creí... yo creí que tú ibas a hacer lo correcto... No había razón para pelearse con los demás... Tú encontrarías trabajo si perdieras aquél... Estás joven... Había aquél señor del cine...

    SEBAS (se irrita cada vez más. Una irritación desesperada): Mariquita, ¡No servía de nada!... Yo tuve... yo tuve...

    MARÍA: Miedo, miedo, miedo...

    SEBAS (en un gran desahogo): Miedo, está bien María, ¡Miedo!... ¡Tuve miedo siempre!... ¡La historia del cine es mentira! Lo dije porque quiero ser alguien, ¡yo necesito ser alguien!... No quería quedarme aquí para siempre, ¿me estás entendiendo? ¿Me estás entendiendo? La huelga me daba miedo. ¡Un miedo diferente! ¡No miedo de la huelga! ¡Miedo de ser obrero! ¡Miedo de nunca salir de aquí! ¡Hacer huelga y ser más obrero todavía! ...

    MARÍA: ¡Solo, no vale la pena!... ¡Solo, no arreglas nada! ¡Todo está mal!

    SEBAS: ¡María, mi vida, no llores más! Yo sé, está mal, yo entiendo, ¡pero tú también tienes que entenderme! ¡Tienes que saber porqué lo hice!

    MARÍA: ¡No, no... no salgo de aquí!

    SEBAS (en un desahogo total): ¡Mi reina, yo te quiero!... ¡Quisiera que fuéramos como en las películas!... ¡Que estuvieras siempre riendo! ¡Que siempre pudiéramos andar en el parque! ¡Tengo miedo de que tengas que ser como todas las que andan por ahí!... ¡Matándose de tanto lavar ropa!... Yo quiero a mi reina... ¡Yo te quiero! ¡Quiero el bien para todo el mundo!... ¡No estoy loco!... ¡Ya para de llorar! ¡Si quieres, grito para todo el mundo... que estoy loco! (Gritando a la calle) ¡Soy un loco!... Traicioné... Porque tengo miedo... ¡Porque quiero el bien! ¡Porque quiero que ella me sonría en el parque! ¡Porque quiero vivir! ¡Y vivir no es eso que se hace aquí!

    MARÍA: ¡Sebas! ...

    SEBAS: Mariquita, mi vida. (Se lanza sobre ella. Se abrazan.) ¿Y ahora, María, qué voy a hacer?

    MARÍA:  No puedo irme del cerro... ¡Si me fuera del cerro, el parque también sería diferente! ¡Todo está mal! ... ¡Reconócelo!

    SEBAS: ¡No puedo quedarme, María... No puedo quedarme! ...

    MARÍA (para de llorar. Se seca las lágrimas): Entonces vete... Yo me quedo. Me quedo con Tavito... Creciendo aquí no va a tener miedo... Y cuando creas en nosotros... por favor... ¡Regresa! (Se va.)

    SEBAS: ¡María, espérate!... (Corriendo, va detrás de María. Pausa.)

    OCTAVIO (entrando): ¿Ya acabó?

    ROMANA: Ve y háblale, Octavio... ¡Ve!

    OCTAVIO: Conociendo mejor la vida, él regresará. (Regresa a la recámara. Entran Paquito y Teresita.)

    PAQUITO: Sabes, mamá, aquella canción...

    TERESITA: La canción de "No usamos smoking".

    PAQUITO: La está tocando el radio...

    ROMANA: ¿Qué?

    TERESITA: ¡La canción de Juvencio, aquél mulato de allá por el crucero!

    PAQUITO: Él anda muy molesto. La canción aparece con el nombre de otro sujeto. (Sale corriendo.)

    TERESITA: Me dio lástima Juvencio. ¡Está allá cerca de la toma de agua, llorando! ¡Paquito! (Se va.)
 

    Romana, a solas. Llora suavemente. Después de algunos instantes, va hasta la mesa y se pone a separar los frijoles. Lloriquea (se sorbe los mocos) y se seca los ojos...
 
 


T E L Ó N   F I N A L



 
 
 
 
Gianfrancesco Guarnieri, Eles Não Usam Black-Tie, 4a. edición, Ed. Civilização Brasileira, Rio de Janeiro, Brasil, 1985.


Elizabeth Nazzari V. Nació en Brasil en  1950. En la ciudad de Florianópolis, terminó sus estudios universitarios en 1971.  En 1975 estableció su residencia en México. Aquí, desde 1989, se dedica a dar clases de portugués en la  Escuela Politécnica de la Universidad de Guadalajara; así como a dar clases particulares y a hacer traducciones e interpretación del portugués al español y viceversa.


 
Argos 20/ Teatro