Cláudio Willer
cjwiller@uol.com.br
 

Versión de Benjamín Valdivia
valdivia@quijote.ugto.mx
 
 
 

Poética

1

entonces es eso
cuando encontramos que vivimos extrañas experiencias
la vida como una película pasando
o chispas saltando de un núcleo
no propiamente la experiencia amorosa
no obstante aquello que la precede
y que es aire
concreción cargada de todo:

la ciudad refluyendo hacia su hora nocturna y todos yendo a casa o señalando entonces encuentros improbables y absurdos, barullo de multitud circulando por el centro y por los barrios mientras las tiendas cerradas todavía tienen luz, los locos discurren por las esquinas, la unidad de la lluvia que aún no pasó, hasta el recuerdo mismo de la noche anterior en la alcoba revolviéndonos en caricias y además nuestro encuentro en la tibia oscuridad de un bar —hora confesional, descubriendo las capas sucesivas de lo que tiene que ver— donde la proximidad de los cuerpos confunde todo, palabra y beso, gesto y caricia
TODO GRABADO EN EL AIRE
y no lo hacemos por voluntad propia
sino por atavismo
 

2
 

la sensación de estar allí mismo
armonía no necesariamente cósmica
plenitud muy poco mística
porém simples proximidade
de la aberrante experiencia de vivir
algo como el calor
sentido al estar junto de una fragua
(tal vez debiera yo viajar, o mejor, ser llevado al viaje, acarrear todo junto, dejarse conducir consigo mismo)
al penetrar en el acuario opalino
(eso tiene que ver con estar juntos)
y sentir el mundo en la temperatura del cuerpo
mientras que allá afuera (lejos, muy lejos) todo es otra cosa
entonces
el poema es despreocupación




Llegar allá

Y ahora quiero la palabra reducida al simple gesto de agarrar alguna cosa, pura denotación, lenguaje referencial, mano extendida apuntando hacia esos pedazos de realidad —o también la fiesta con todos sus fantasmas sentados en el sillón de absinto en tanto sangran los dedos de la memoria, todo verdadero en el límite de lo que pueda ser verdad, el cuaderno escrito de atrás para adelante y el libro leído a partir de la última página, y también podría hablar de las nubes de vapor y cortinas de humareda en las habitaciones, y narrar la historia completa de las fiebres tropicales —sin embargo sólo nosotros dos fuimos capaces de movernos en ese plano intermedio en el que realidad y sueño se confunden, tocados por la sugestión de otra escena o situación. Esencia, es ese el nombre de nuestra transacción. ¡Esencia, esencia!—grita la legión de los Irreales desde el bloque de su existencia probable. Esencia, el verdadero nombre del juego de las mutaciones. Innecesario hablar en alucinaciones —es como atravesar una pared invisible, y ya estamos allá. El texto febril. Las luces prendidas. Las luces prendidas. Las luces —prendidas. Por ejemplo —mas el número de ejemplos es mayor que la existencia— por ejemplo las luces prendidas, rebatidas medio crudamente por los azulejos blancos iluminando nuestros cuerpos mientras nos preparábamos para comenzar otro juego amoroso. Me acuerdo también de las playas desiertas, recorridas de punta a punta. O cuando descubrimos aquella cascada en mitad del follaje, aquella cascada que debía tener unos 30 o 50 metros de caída libre, sus frías salpicaduras nos alcanzaban en la orilla, imposible llegar muy cerca —aquella cascada descubierta en mitad del follaje nos inducía a la complicidad. Las luces prendidas. Complicidad. Esencia. Y aquel espejo antiguo —aquel espejo antiguo biselado, con pátina, recubierto por el amarillo del tiempo— aquel espejo antiguo nos reflejó durante una tarde. Estaba en el peinador delante de la cama en el cuarto de la casona colonial de la hacienda, como los demás muebles macizos y pesados y el olor a polvo, a cosa antigua del cuarto. También encontramos muchos santuarios religiosos en nuestros viajes, era como si nos impulsase una atracción magnética hacia lo sagrado. Ciertas tardes insoportablemente cálidas, abochornadas de más. Hubo un tiempo en que. Las luces. Esencia. Impregnando irremediablemente todo lo que fue hecho después. Como la transgresión es cotidiana e imperceptible, como ser maldito es apenas una especie de indiferencia, lasitud, el dejarse llevar. El olor a polvo sobre los estofados. Yo quiero que todo quede muy claro. No son las palabras, el texto, sino otro plano, ahora definitivamente adherido a lo real. Llegó un olor extraño, impregnando la piel. Todo verdadero. Todo. Pero ese gesto de contar historias imposibles, ¿cuál es su significado? ¿Qué capullo se abrió? Y ahora, no dejar piedra sobre piedra. Transformar lo cotidiano en hipérbole, laberinto donde todos se perderán jugando despreocupadamente. La opacidad es casi banal. El juego de la vida y de la muerte es trivial. Despertemos el niño terrible que habita dentro de cada uno de nosotros. No hay misterio. Que no se hable de locura. El lado de allá, el lado de allá que camina suavemente sobre sus zapatillas de suela de goma, el lado de allá disfrazado en arte plumaria, el lado de allá que sonríe afectuosamente mientras nos mira de soslayo, el lado de allá es simple y está aquí, basta estar abierto y disponible. Somos dioses.

Cláudio Willer. Poeta, ensayista y traductor. Tiene una formación académica como sociólogo y psicólogo.  Entre sus últimas publicaciones, sin contar su participación en antologías y publicaciones colectivas, se encuentran Traducción de Crônicas da Comuna, colección sobre una Comuna de París, textos de Víctor Hugo, Flaubert, Jules Vallés, Verlaine, Zolá y otros, Editora Ensaio, 1992; Volta, narrativa en prosa, Iluminuras, 1996; Lautréamont - Obra Completa - Os Cantos de Maldoror, Poesias e Cartas, edición con prefacio y comentada, Iluminuras, 1997, y Estranhas Experiências, un ensayo sobre poesía surrealista.
    Ha publicado poemas y colaboraciones en las revistas  Poesia Sempre, Azougue, Alguma Poesia, Anto (Portugal), Continente Sul-Sur, Orion, entre otras, y también en suplementos y demás publicaciones culturales de Brasil.
    Desde 1994 es asesor de la Secretaría Municipal de Cultura de São Paulo, responsable de los cursos, oficinas literarias, lecturas de poesía y de los ciclos de exposiciones y debates . Actualmente preside la União Brasileira de Escritores (UBE).


Benjamín Valdivia. Nace en Aguascalientes, México, en 1960. Tiene estudios de doctorado en filosofía y en educación. Es profesor en la Universidad de Guanajuato. Ha desempeñado labores en universidades de Canadá, Estados Unidos y España. Ha publicado poesía, novela, cuento, teatro, ensayo y traducciones (del inglés, francés, portugués, alemán y latín) en diversos medios mexicanos y extranjeros.
    Algunas de sus obras publicadas son los libros de poesía El juego del tiempo (Secretaría de Educación Pública, 1985), Demasiada tarde (Universidad de Guanajuato, 1987) y Paseante solitario (Ediciones La Rana, 1997); el de ensayo Indagación de lo poético (Tierra Adentro, 1993) y la novela El pelícano verde (Ediciones Castillo, 1989) con la que obtuvo el premio internacional "Nuevo León" en 1988.
    Ha sido miembro del Sistema Nacional de Investigadores y becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, en México. Entre sus libros recientes están: Nuevas meditaciones cervantinas (Universidad Autónoma de Querétaro, 1997), Breviario del unicornio (Verdehalago, 1998), Argumentos para la retórica (Ediciones Desierto, 1999) y Veleidades de Numa Fernández al caer la tarde (Ediciones La Rana, 1999), libro con el que obtuvo el Primer Premio Nacional de Novela "Jorge Ibargüengoitia" en 1998.
 


Argos 20/ Poesía