Fernando-Carlos Vevia
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Bebo mi limpia sed


Raúl Bañuelos. Nació en Guadalajara, Jalisco, México, en enero de 1954. Es investigador del Centro de Estudios Literarios de la Universidad de Guadalajara. Entre su producción literaria están los poemarios: Tan por la vida, Poema para un niño de edad innumerable, Por el chingo de cosas que vivimos juntos, Menesteres de la sangre, Puertas de la mañana, Cantar de forastero, Cuaderno de miniaturas, entre otros.


 

Es forzoso comenzar estas palabras de presentación del libro de Raúl Bañuelos Bebo mi limpia sed, robándole una cita de su página 65:

 
El que escribe se detiene de todos los rumbos donde
andaba. Se detiene y divide la mar de todo lo que
hay en dos mitades, para que un río vacío avance
sin algo a que aferrarse hacia el instante puro.
Si existiera un Tribunal de Altas Poesías correría a quejarme y a poner una demanda, porque este poeta se mete en el terreno de los explicadores de literatura y nos quita la clientela. ¿Cómo puedo atreverme a dar una clase, o escribir un trabajo, o hacer la presentación de un libro de poesía, después de que este poeta deja escritas palabras tan exactas y bellas?

    Le tocaría al explicador de literatura decir o escribir, que los poetas se aíslan del mar de impresiones cotidianas que los solicita, para abrir un camino nuevo y a través de él llegar a la carne viva de la poesía. Pero este poeta se nos adelanta y dice poéticamente, lo que nosotros podríamos decir tan aburridamente.

    No todos dominan el misterio que revela el poeta en este libro:
 

Hay palabras que te dicen
más de lo que tú podrías decir
con ellas.
Sí; el significado desborda siempre a la prisión del concepto en que queremos encerrarlo. Por eso hay palabras que te dicen más de lo que tú podrías decir con ellas.

    Raúl Bañuelos está acentuando en esta etapa de su vida, como muestra esta Antología personal que estamos presentando, su amor por la sencillez. Está creando poemas-bonsai. Como un exquisito jardinero japonés le veo inclinado sobre sus poemas, cortándoles todo conato de exuberancia, recreándose en su existencia contenida. Leamos.

 
Tengo una caja
donde no guardo
objeto ninguno.

Allí está mi vacío.
Allí está mi plenitud.

Que nunca le agregue objetos.
Que nunca deje de reconocerla.
 

No es poema de ahora, pero su inclusión en esta Antología, demuestra que mantiene su amor por la poesía concentrada. De fecha reciente podemos leer:
 
A la poesía todo
se lo debo.
Y no tengo poesía
con que pagarle.
Muchos preparatorianos estrenan su juventud escribiendo poemas en los que derraman su primer desengaño amoroso o su primer entusiasmo erótico. Para saber si es poeta, el público lector debe esperar un poco. Tiene que aplacarse un tanto el furor erótico del joven preparatoriano, para que sepamos si sabe escribir de algo más que de muslos, pechos y caderas. Tiene que pasar también su furor de redentor social impaciente, que exige al mundo que cambie al primer tronido de sus dedos.

    Después de eso, si el que fue joven sigue escribiendo, puede resultar que sea poeta. Aunque aún le queda al aspirante a coronarse poeta demostrar que posee el objeto mágico, la marca de nacimiento, lo que se suele llamar: " el niño que todos llevamos dentro".

    Quisiera decir que esa frase no es cierta. Casi nadie lleva un niño dentro. La mayoría llevamos dentro el adulto simplón que siempre fuimos, aunque más pequeñito de tamaño; otros, el mercader que siempre fueron, aunque con el bigote menos crecido y la calva sin asomar todavía; o el cazador implacable de seres humanos...pero nunca un niño. Llevar un niño dentro es privilegio de los poetas.

 
Hoy me regaló su canica verde
el niño de las mañanas y los juegos.
No lo había visto.
De lejos me habló y me saludó.
Lanzó la canica hasta mis pies por el suelo.
Luego vino y dijo: "¿Conoces a Raúl?".
Raúl Bañuelos sí es de los que llevan un niño dentro. Es decir, la capacidad de asombro ante los prodigios constantes de las galaxias de belleza, que están a nuestro alcance en la hormiga que cruza el camino, la gota de agua que cae sobre el hombro... Todas esas cosas que se pueden leer en el poemario Bebo mi limpia sed.

    Antes mencionábamos al jardinero que crea poemas-bonsai. Esta tendencia de Raúl Bañuelos ha sido constante y por ello aparece en esta antología personal. Convive con otras tendencias, como mencionaremos enseguida, pero realmente vive-con ellas, no se estorban ni se excluyen.

    Por ejemplo, su tendencia a lo que podríamos llamar "intuiciones existenciales", es decir: esas miradas especiales que descubren en las cosas que nos rodean pequeños universos de belleza y vida palpitante. Por ejemplo:

De vez en cuando me tocan las cosas
como si fueran hechas para mi ( pag. 13)
O aquellos otros versos:
Cuando hablamos en un cuarto habitado
las cosas se reparten nuestra voz.
¿ Qué puede ser más común y cotidiano, que hablar en un cuarto donde hay cosas? Todos lo vemos muchas veces cada día, pero el poeta tiene intuiciones o miradas más profundas acerca de lo existente. Todavía algún ejemplo más:
Trabaja la rosa
en el quehacer
de su hermosura. (pag. 67)
Otra de las preferencias de Raúl Bañuelos que pueden constatarse una vez más en esta antología personal, es la metafísica. No hace falta poner cara de profesor alemán de filosofía del siglo XIX. La palabra "metafísica" siempre significará algo muy sencillo, tanto, que hasta los muy inteligentes pueden entenderlo: "Lo que está más allá de las cosas físicas". Por ejemplo:
¿ Es un truco esta magia cotidiana de ser vivos,
es un engaño la vida del hombre verdadero
y la muerte le descubre el juego de manos, el
trasfondo
del baúl, la tramoya del teatrito?

                        ...................

 
El agua de la fuente y el jardín que ahora veo
y la muchacha que corre hermosa
¿ algún día nos olvidaremos de nosotros mismos
tanto
que nos dejaremos en el polvo para siempre?
No se puede comentar la poesía, hemos de leer esta antología una y otra vez. Hablar de la sencillez, de la soledad, de cómo Raúl comenta el quehacer del poeta, y los trabajos del lenguaje, de cómo en momentos se hace esotérico, casi místico, es inútil, cuando el lector lo captará mucho mejor.

Pero quiero terminar con un comentario sobre la presencia de Dios en su poesía.
    A partir del siglo XVIII, el hombre emancipado de la Ilustración cometió el error fundamental de la educación estética, que consiste en creer que el hombre natural y libre de la religión, puede sacarse a sí mismo de la ciénaga de su debilidad natural, jalándose a sí mismo de los cabellos (ideas de Rainer Gruenter en Sobre la miseria de lo bello, Gedisa, Barcelona, 1992, pag. 145).Cito textualmente a Rainer Gruenter, quien expresó con toda precisión y exactitud esta idea:

La cultura de la educación estética concedió a los poetas, sus protagonistas, no sólo los privilegios públicos, sociales y morales, como a una nueva clerecía, sino que también hizo que los cultos[...] buscaran un consuelo en la poesía que tenía que ser el sustituto ideal del consuelo religioso (op.cit pag. 145).
En gran parte sigue siendo esta la situación en que vivimos. Pero el poeta de la antología que comentamos, tiene un Dios personal y franciscano, al que sentimos ahí, un poco lejos, pero pendiente de lo que hacemos, aunque finge que anda ocupado en cuidar de sus universos. Oigamos algunos versos.
Dios nunca muere;
tiende puentes desde su ausencia.
O estos otros:
El viento acaricia la cara de Dios
en las ramas de los árboles.
La mano de Dios limpia los cristales
de los autos en una esquina de la tarde.
O para terminar:
Dios en persona indagaba entre la morusera:
un pedazo de papel mojado, dos latas furiosas,
tres maderas desatendidas.
Ahora sí les dejamos ya con el poeta. La lectura de su obra (toda ella, no sólo esta antología) tiene poder sanador, sustituye a los fármacos, es beneficiosa para la salud, como dicen en la Asociación Nacional de Terapia Poética, que tiene su sede en Nueva York desde 1981.

Fernando-Carlos Vevia Romero. Es Doctor en Filosofía por la Universidad Pontificia de Comillas, España. Coordinador del Doctorado en Letras de la Universidad de Guadalajara. Profesor e Investigador del Departamento de Letras. Ensayista.

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