Jorge Orendáin
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Tandariola, del metafísico mayor de Guadalajara


Raúl Aceves. Nació en Guadalajara, en 1951. Es profesor-investigador del Departamento de Estudios Literarios de la Universidad de Guadalajara desde 1988. Ha publicado varios libros de poesía: Cielo de las cosas devueltas, Expedición al Ser, Las arpas del relámpago, La torre del jardín de los símbolos, Lotería del milagro, Mundos del barro, Dislocaciones y travesías, Aforismos y desaforismos. Además varias antologías y compilaciones, como el Diccionario de bestias mágicas y seres sobrenaturales de América y libros de ensayo literario.

 

Tandariola, es un libro de metafísica lúdica que podemos consultar a cualquier hora de la vida para buscar las respuestas que se nos han estado escondiendo entre tantas preguntas; es un petardo que nos despierta los sentidos y nos agudiza la visión interior; es una invitación que nos invita a contemplar todos los mundos posibles para fincar en ellos nuestro asombro; es la búsqueda al centro, al origen de todo, a nuestra casa original.

    Los temas de Tandariola son múltiples. Sin embargo, creo es un libro centralmente filosófico que nos bombardea con preguntas acerca del mundo interno y externo que habitamos; un libro que nos habla del ser y su origen, de Dios, del vacío, del amor, del tiempo, del silencio, de la muerte, de la trascendencia.

    Otro tema frecuente en las ocho secciones es la relación, casi siempre negativa, que ha tenido la tecnología con el ser humano, la naturaleza, la imaginación y el arte.

    Aquí las personas, transfiguradas en cosas, necesitan pruebas de su existencia, se miran interminablemente en el espejo, se sienten superiores a las palabras, compiten entre sí, inventan fronteras; pero un día despertarán sorprendidas en un mundo diferente que ellos mismos han construido.

    Tandariola también es un viaje que nos lleva a diversos lugares reales o míticos, como a Machu Pichu, al Mundo de Uru, a Guadalajara y al Mar Turquesa. En ese viaje encontraremos, entre otros, a Borges, Cortázar, Kafka, Juarroz, Benito Juárez, Caperucita Roja, Drácula y a Van Gogh; así como a los hombres de cabeza voladora, a los yoguis, al rey Midas y a miles de amargados que discuten con los hombres “casi”.

    En estas páginas los hombres y mujeres se unen con los elementos de la naturaleza, con objetos, con lugares y animales para enseñarnos las partes ocultas del mundo y que no nos atrevemos a imaginar. Los niños-duendes serán los principales testigos.

    Este libro es una invitación a navegar “hacia mares menos mojados de realidad”, a la vez que se critica al materialismo, a nuestra “hambre absurda de posesiones”. Tandariola es un espacio para dialogar consigo mismo, es la oportunidad para encontrarnos en el mundo de todos los días; es un libro donde uno más uno siempre será igual a uno.

    Ya desde sus otros libros, Raúl nos ha manifestado su gusto por los neologismos. Esta vez no es la excepción: los “hipozoles”, los “calendrijos” y las “guaramuchas” andan en este “vagainmundo” lleno de “incertilumbre” y “esperansia” creando significados que nos ayudan a encontrar la verdad que, en esta Tandariola, se viste de metáfora, ficción y símbolo.

    Además, Raúl no se olvida del juego de palabras, de los aforismos y ni de construir su mundo al revés; ni mucho menos de regalarnos estampas poéticas, ni del humor, la sorpresa y la paradoja.

    Él nos invita a ir hacia el otro lado para subir lo más alto posible para no caernos, mientras un conejo corre para hacer más grande la distancia entre la vida y la  muerte; nos convida a comprar calendarios con días viejos para después poner todo en orden y poder encontrar el caos. Pero antes nos advierte que dejemos que nuestros ojos exploten para que nazca el mundo.

    Estas trizas de sabiduría risueña, como dice al inicio el Filoso Fo, tienen influencia taoísta, dadaísta, surrealista, absurdista, alpinista y filatelista.

    Raúl sabe que “descansar cansa”. Este libro es una muestra más de su inagotable búsqueda de otros mundos a través de la imaginación y la memoria, ese “órgano de la inmortalidad” que nos ayuda a volar en el país de los símbolos. Macedonio Fernández, el “metafísico mayor de Buenos Aires” a quien Aceves le dedica el libro, nos  enseñó que “el ser no tiene ley, que todo es posible”. Raúl, quizá uno de sus mejores alumnos, lo ha confirmado en estas páginas. No en balde, María Guadalupe Enríquez escribe en el prólogo  que Raúl es  “un traductor de los seres del silencio, un observador de la obra del día” en este país de lo imposible donde existen todas las posibilidades.

    Al iniciar la lectura de este libro, empezaremos a crecer desde cero; el que llegue al uno habrá alcanzado la totalidad. El Filoso Fo nos recomienda al inicio que este libro puede ser benéfico para la salud, por lo que se recomienda usarlo con moderación, porque al final de cuentas todo cabrá en esta Tandariola sabiéndola leer.

    Lo más seguro es que al final de la lectura, la palabra Tandariola ya no tenga que ver con la bulla ni la juerga y ni con alborotos; será una nueva posibilidad del silencio, la reflexión y la contemplación.

    Por último, quiero recordar que Macedonio Fernández dijo que él escribía para ayudarse a pensar; en este libro, Aceves ha escrito para ayudarnos a reflexionar y, sobre todo, a imaginar.

    Gracias Raúl por ser el gran “pasajero de la irrealidad” y por compartir estas expediciones.
 
 
 
Raúl Aceves, Tandariola, Aforismos, diálogos y minioficciones, Ed. Amaroma, Guadalajara, México, 2001

 


Jorge Orendáin. Nació en Guadalajara, Jal., en 1967. Es egresado de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), y de la Maestría en Literaturas de siglo XX, en la Universidad de Guadalajara.
    Es autor de Animalías (Secretaría de Cultura de Jalisco, 1994), Por demás la lluvia (Ediciones Arlequín, 1996), Telescopios de papel (Fondo Editorial Tierra Adentro, 1996) y  Ciudad a cuatro ríos (Universidad de Guadalajara, 1999).
    Ha laborado en varias dependencias de la Universidad de Guadalajara, así como en el ITESO. También ha impartido talleres de poesía en el TEC de Monterrey y en la SOGEM.   Fue subdirector de la desaparecida revista Trashumancia.
    Actualmente colabora con Ediciones Arlequín y con la revista Luvina.

Argos 20/ Poesía