Mario Quintana

Poemas en prosa
Versión de Hugo Gutiérrez Vega
jsemanal@jornada.com.mx


Mario Quintana fue un hombre lleno de prudencia, un periodista sin tacha y un poeta de las cosas pequeñas y, por lo mismo, fundamentales del mundo y de la vida. Su poesía juega con colores, silencios, animales, objetos y seres humanos que crecen o terminan. Fue, como Dante Milano, un poeta para poetas, pero, al fin de su vida, el pueblo brasileño se apoderó alegremente de sus versos.
 
Hugo Gutiérrez Vega


¿Qué habrá en el cielo?

Si no hay sillas mecedoras en el cielo...
¿qué pasará con mi Tía Elida
que para allá se fue?
 

El poema

Una hormiguita atravesó en diagonal la página
todavía en blanco. Esa noche, él no escribió
nada. ¿Para qué?, si por esa página ya habían
pasado la inquietud y el misterio de la vida.
 

Nada más para ella

Doña Cómoda tiene tres cajones y un aire
satisfecho de señora rica. En esos cajones
guarda cosas de otros tiempos nada más
para ella. Siempre fue así Doña Cómoda:
gorda, cerrada, egoísta.
 

Madrugada

Trotan, trotan desbarrancando mi sueño,
los innumerables burritos de la madrugada.
¿Llevan naranjas? ¿llevan repollos? ¿llevan calabazas? No.
Llevan colores: verdes tiernos, amarillos
vivaces, morados, rosas, ocres.
Son los burritos pintores.
 

Carrito

Amar es cambiar el alma de domicilio.
 

Horror

Con sus oooes de espanto, sus errres guturales
y su hirsuta h, horror es una palabra con los
cabellos erizados, asustada de su propio
significado.
 

La adolescente

Va andando y va creciendo.
Todo en ella es alto y flaco:
la voz, los gestos, las piernas...
¡Antílopes! Veo antílopes cuando pasa,
Pinta al pasar un friso de antílopes,
de bambúes al viento, de lunas caminantes,
mutables, crecientes...
 

Nocturno

El reloj pespuntea, meticulosamente, quilómetros
y quilómetros de silencio nocturno.
De vez en cuando, los viejos roperos crujen
como huesos.
En la isla del patio, el perro ladrando.
Es la luna.
Y, al recordar otra luna, los ojos de Lilí
sorprendidos, se abren en la obscuridad.

Poemas del libro Zapato florido

Mario Quintana.  Nació en la ciudad de Alegrete, Río Grande del Sur, en 1906. Estudió en el Colegio Militar de Porto Alegre y dedicó lo mejor de su vida al periodismo, la traducción (son notables sus versiones de obras de Charles Morgan, Virginia Woolf, Rosamund Lehman, Proust y Voltaire) y las tareas editoriales.
    Pertenece a la generación de escritores "gauchos", encabezada por Augusto Meyer y Érico Veríssimo. Drummond de Andrade y Manuel Bandeira hicieron comentarios entusiastas sobre su poesía original, ferozmente auténtica y siempre alejada de las modas y las banderías.
    Los jóvenes brasileños se interesan ahora por la vida y la obra de este poeta marginal que, con frecuencia, visitaba las universidades para dar trémulos y humorísticos recitales de su poesía. Su  figura pequeñita y sus ojos vivaces formaban parte de la imaginería literaria de las nuevas generaciones. Los críticos y los editores seguían calladitos... la Academia también... Aguantando la risa, Quintana siguió escribiendo hasta unas horas antes de su muerte.


Hugo Gutiérrez Vega. Nació en Guadalajara, Jalisco, México, el 11 de febrero de 1934. Es poeta, traductor y ensayista. Estudió la Licenciatura en Derecho y Letras Inglesas en la Universidad de Roma y Sociología de la Comunicación en Londres. Ha sido Agregado Cultural en Roma; Consejero Cultural en Londres y en España; Ministro de Asuntos Culturales en Washington; Cónsul de la Embajada de México en Río de Janeiro y Embajador en Grecia.
    Ha colaborado en Vuelta, ¡Siempre!, Cuadernos Hispanoamericanos y Nueva Estafeta (España). Recibió el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes-Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), 1976, por Cuando el placer termine.
    Actualmente funge como director del suplemento "La Jornada Semanal” del periódico La Jornada.



 
 
Argos 20/ Poesía