José Nêumanne Pinto
neuman@estado.com.br

Versión de Hilda Figueroa


Garabatos de bar

La verdad verdadera,
la verdad profunda,
aquella que acecha
en la falla de San Andrés
y vive en la Gruta del Maquiné;
verdad de los peces
que nadan en el Atolón de Muroroa,
no se encuentra en antologías,
en novelas de amor,
en tratados de filosofía,
en libros de poemas
ni en diarios
en revistas
o noticiarios
de radio y TV.
La verdad desnuda
-romanticismo tardío
del "Adagetto" de Mahler-;
la verdad fría de iceberg
que hundió al Titanic;
la verdad cruel de la piedra
que afilaba el cincel de Aleijadinho,
esculpiendo profetas;
la verdad húmeda y rósea
de la mucosa extraviada
entre los vellos y las piernas de Salomé,
y de la lengua entre los dientes
de Salomé;
la verdad cruel
del bigotito de Hitler
y la verdad alegre
del bigotito de Chaplin;
esta verdad adolescente
sana y doliente,
esta verdad febril, 
no está ella en las canciones
de Rodgers y Hart
tampoco en los cocos de doña Selma
o en sambas de Cartola.
Ella no siente celos
Ni usa boxers
Ni pantaloncillos de encajes de Ceará.
Esta verdad sólo se halla 
en la poesía
de las servilletas de papel
de algún bar de Lapa,
manchadas de sangre y semen,
sudor y cerveza.


Madero

Mi padre está en el cielo
y me mandó el don de la vida
posar del beso de un colibrí.
Cuando la simiente cayó,
la estrechó el vientre virgen de mi madre.
Debajo del regazo de la tierra
me nutrí de lava de volcanes
bebí limpia agua de estanques,
chupé la fuerza fétida
de materia podrida.
Crecí en el seno de la selva,
vestí las cáscaras del tiempo.
Soplé vientos primitivos,
traídos de los campos,
donde el trigo fenece.
Destilé el perfume de las flores
y el sabor de la fruta de estación.
Refresqué con rocío de mi llanto
el asfalto que a mis pies quemaba.
a la sombra de mi presencia,
abrigué caricias ajenas
y en mis miembros
derramé nidos y espinos.
Canté canciones ancestrales
en lenguas muertas de las aves,
que no me dejan callar.
Fijaron con clavos mis piernas
en este bosque de alquitrán y acero.
Ahora, heme aquí de nuevo,
dispuesto al perdón,
para eso fui clavado.
Abro bien los brazos
dejo el pecho a la vista;
mi viejo corazón vegetal
carece apenas de una mirada caritativa
para impulsar su compasión.
¡Mírame bien,
transeunte urbano 
de mi agonía!
Mientras me encuentres,
tu pulmón de cristal
no estallará.

Garatujas de bar

A verdade verdadeira,
a verdade profunda,
aquela que espreita
na falha de San Andres
e vive na Gruta do Maquiné;
a verdade dos peixes
que nadam no atol de Mururoa,
não se encontra em antologias,
nos romances de amor,
nos tratados de filosofia,
nos livros de poemas
nem nos jornais,
nas revistas
ou nos noticiários
do rádio e da TV.
A verdade nua
- o romantismo tardio
do "Adagetto" de Mahler -;
a verdade fria do iceberg
que afundou o Titanic;
a verdade crua da pedra ume
que afiava o cinzel do Aleijadinho,
esculpindo profetas;
a verdade úmida e rósea
da mucosa que se perdia
entre os pelos e as pernas de Salomé
e da língua entre os dentes alvos
de Salomé;
a verdade cruel
do bigodinho de Hitler
e a verdade alegre
do bigodinho de Chaplin;
esta verdade adolescente,
sadia e doente,
esta verdade febril,
ela não está nas canções
de Rodgers e Hart
nem nos cocos de Dona Selma
ou nos sambas de Cartola.
Ela não sente dor de cotovelo
nem veste cuecas samba-canção
ou calcinhas de renda do Ceará.
Esta verdade só se acha
na poesia
dos guardanapos de papel
de algum boteco da Lapa,
manchada de sangue e sêmen,
suor e cerveja.


Madeiro

Meu pai está no céu
e me mandou o dom da vida
pousar do beijo de um colibri. 
Quando a semente caiu, 
o ventre virgem de minha mãe a estreitou. 
Debaixo do regaço da terra, 
me nutri da lava dos vulcões, 
bebi a água limpa dos lençóis
e suguei a força fétida
da matéria apodrecida. 
Cresci no seio da relva, 
vesti as cascas do tempo. 
Soprei ventos primevos, 
trazidos dos campos, 
onde o trigo fenece. 
Destilei o perfume das flores
e o sabor dos frutos da estação. 
Refresquei com o orvalho de meu pranto
o asfalto que me queimava os pés. 
à sombra de minha presença, 
abriguei carícias alheias, 
e em meus membros
espalhei ninhos e espinhos. 
Cantei canções ancestrais
nas línguas mortas das aves, 
que não me deixam calar. 
Fixaram com cravos minhas pernas
neste bosque de piche e aço. 
Agora, eis-me aqui, de novo,
disposto ao perdão, 
pois para isso fui pregado. 
Abro bem os braços
e deixo o peito à vista:
meu velho coração vegetal
só carece de um olhar caridoso
para pulsar sua compaixão. 
Olha bem pra mim, 
transeunte urbano
de minha agonia!
Enquanto me encontrares, 
teu pulmão de cristal
não vai se estilhaçar.
 


José Nêumanne Pinto. Es periodista, escritor y poeta de 50 años de edad. Vive en Sao Paulo, Brasil donde es editor del Jornal da tarde, y articulista del Jornal do Estado de Sao Paulo, y comentarista de Radio Jovem Pan. Con 10 libros publicados, es original de Uiraúna, el el Alto Sertao de Paraíba, en el noreste.  Fue reportero de la Folha de Sao Paulo, secretario de redacción del Jornal do Brasil, de Río, editorialista, editor de política y de opinión del Estado de Sao Paolo. En 1976 ganó el Prêmio Esso de Jornalismo Econômico y el Troféu Imprensa, otorgado al mejor reportaje deportivo del periódico. Mantuvo su columna de opinión sobre Brasil en el periódico norteamericano Miami Herald, cuando la página de opinión de su edición en español estaba a cargo del periodista Álvaro Vargas Llosa. Ha publicado los siguientes libros de poesía: As Tábuas do Sol; Barcelona, Borborema; y Solos do Silêncio - Poesia Reunida.


Hilda Figueroa es originaria de Guadalajara, Jalisco; es médica psiquiatra y psicoanalista. Licenciada en Letras y actualmente cursa la maestría en Filosofía en la Universidad de Guadalajara. Traductora del inglés, francés y portugués al español; escribe narrativa y poesía. Obras: De locura y de muerte, último viaje. En busca de la luz. Es miembro del Consejo Editorial de la revista La voz de la esfinge.



 
Argos 20/ Poesía