Desierto en nube...
Desierto en nube, hoja blanca
que sabe que va a llover mas tiene que esperar. Mientras espera, concibe
la lluvia en un sueño incandescente de la espera. He aquí
el momento en que el proyecto se venga, dejando tras de sí la caudalosa
soledad del esbozo, en perenne estado de guerra con las adyacencias de
los límites siempre renovados, y que se aproxima en las patas de
un caballo efímero sin tocar el suelo: Pegaso en forma de incendio.
El móvil del deseo se diluye. Y cuando finalmente es vencido el
brazo extremo de las circunstancias, (inmovilizado a nuestro favor), en
la férrea lucha con los demonios del acaso y las líneas sin
ternura de los acontecimientos más dispares, su carne se desnuda
hasta el dócil límite de los huesos. El espíritu entonces,
adquiere un rubor que inflama la ocasión coronando la mesa del instante,
pero nada más sobra para los ojos. Lo que interesa está allá,
en la ligera tierra de la alegoría, en la unión sublime a
las plantas de Aquiles, tales son los incalculables subterfugios de la
conquista. El tiempo de la actuación pasó. Nada resta por
hacer. El ideal está de nuevo al otro lado del horizonte, bañado
y vestido con los colores de su antigua desnudez.
Deserto em nuvem....
Deserto em nuvem, a folha branca sabe que irá chover, mas tem de esperar. Enquanto espera concebe a chuva num sonho incandescente. Eis o momento em que o projeto se vinga deixando para trás a solidão caudalosa do rascunho em perene estado de guerra com as adjacências dos limites sempre renovados quando se aproxima nas patas de um cavalo efêmero sem tocar o solo: Pégaso em forma de incêndio. O móvel do desejo se dilui. E quando o braço extremo das circunstâncias é finalmente vencido (imobilizado a nosso favor) na luta de ferro com os demônios do acaso e as linhas sem ternura dos acontecimentos mais díspares, sua carne se desnuda até o dócil limite com os ossos. O espírito então adquire um rubor que acende a ocasião coroando a mesa do instante, mas nada mais sobrou para os olhos. O que interessa está além, no chão ligeiro da alegoria, na aderência sublime à sola dos pés de Aquiles, tais os incalculáveis subterfúgios da conquista. O tempo de atuação já passou. Nada resta a fazer. O ideal está de volta no outro lado do horizonte banhado e vestido com as cores de sua antiga nudez.
Ojos encendidos de alcohol.
Incendio que a un tiempo une y separa. Nada aprendí con el tiempo,
sólo con las cenizas en la disolución de cosas íntimas,
expresión devastada por el instante (su brillo ciego), donde la
pequeña voz (su júbilo) socorre al alma en medio de escombros.
¿Para qué sirve el poema? ¿La danza de las vocales
rarefactas? ¿Tocar con furia enmarañada en ternura los grandes
hombros de los eventos dispares? Y como quien renuncia a los movimientos
en la oscuridad o baja los ojos ocultando la inquietud, se sacrifica el
tiempo a las palabras esparcidas por el párpado. Mejor que eso es
beber al acaso la leche negra del olvido.
Olhos acesos no álcool...
Olhos acesos no álcool.
O incêndio ao mesmo tempo nos une e separa. Nada aprendi com o tempo,
só com as cinzas na dissolução das coisas íntimas,
dos gestos assolados pelo instante (seu brilho cego), onde a voz pequena
(seu júbilo) socorre a alma em meio a escombros. Para que serve
o poema? A dança das vogais rarefeitas? Tocar com fúria enovelada
em ternura os ombros grandes dos eventos díspares? E como quem depõe
os gestos no escuro ou desarma os olhos cobrindo o tumulto, sacrifica-se
o tempo às palavras derramadas pela pálpebra. Melhor que
isso é beber a esmo o leite negro do esquecimento.
Considerarlo todo a partir
de lo que vibra...
Considerarlo todo a partir de
lo que vibra. En la exhuberancia, donde los sentidos se erizan al tocar
las cosas y las encarnan en la aspereza de sus pelos vivos. Será
ése el rumbo. El mar de resonancias es el horizonte de donde derivaremos
nuestro flujo más nítido, así como toda corriente
o efecto de concha más íntima de que se tiene noticia. Ningún
resabio o fragancia indebidos pasarán próximos a los elementos
de ataque con los que el poema acostumbra abrir oídos y párpados
a la efervescencia. Sus falanges derribarán la línea divisoria
con la extrañeza, pues a esa altura todos comulgarán del
legado que congrega a los ánimos adeptos de los atajos y desvíos
altaneros. En este escenario, hasta la última piedra de la ilusión,
todo será concluido en cuestión de escombros y ruinas. Y
todo desamparo será su propia bandera desplegada al batir de los
párpados.
Considerar tudo a partir do que vibra...
Considerar tudo a partir do que vibra. Doravante será esse o rumo a ser tomado na exuberância onde os sentidos se arrepiam ao tocar as coisas e encarná-las na aspereza de seus pêlos vivos. O mar de ressonâncias é o horizonte de onde derivaremos nosso fluxo mais nítido e toda correnteza o efeito da concha mais íntima de que se tem notícia. Nenhum ressaibo ou fragrância indevidos passarão rente aos elementos de ataque com que o poema costuma abrir ouvidos e pálpebras à efervescência. Suas falanges derrubarão a linha divisória com a estranheza, pois a essa altura todos comungarão da herança que congrega os ânimos adeptos dos atalhos e desvios altaneiros. Neste cenário, até a última pedra da miragem, tudo será concluído em questão de escombros e ruínas. E todo desamparo será sua própria bandeira desfraldada ao bater as pálpebras.
Contador Borges nació en São Paulo en 1954. Tradujo a Nerval (Aurélia), Sade (A filosofia na Alcova) y a René Char (O nu perdido e outros poemas). Publicou en 1997 Angelolatria, su primera antología de poemas, todos por la editora Iluminuras. Prepara ahora un nuevo libro, aún sin título (al que pertence estos poemas en prosa), que será lanzado el próximo año.
Hilda Figueroa es originaria de Guadalajara, Jalisco; es médica psiquiatra y psicoanalista. Licenciada en Letras y actualmente cursa la maestría en Filosofía en la Universidad de Guadalajara. Traductora del inglés, francés y portugués al español; escribe narrativa y poesía. Obras: De locura y de muerte, último viaje. En busca de la luz. Es miembro del Consejo Editorial de la revista La voz de la esfinge.
Argos 20/ Poesía