Arnulfo Eduardo Velasco
arnulfo56@yahoo.com
 

El lenguaje y el tiempo en la novela Viaje a los olivos, de Gerardo Cham


Gerardo Cham nace en México en 1964 y actualmente se desempeña como profesor e investigador de literatura y lengua española.
    Cham obtuvo en 1990 el primer premio en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Fue finalista del premio Planeta-Joaquín Mortiz por Las terrtulias de un papalote (1993).

 

Hay muchas cosas que distinguen claramente a nuestra época de todos los periodos anteriores de la humanidad. Pero la más clara y evidente es que estamos viviendo en el tiempo de las interrelaciones culturales, cuando ya ningún país, cultura, lengua o conocimiento nos resultan lejanos, sino que todo parece estar junto a nosotros, al alcance directo de nuestra mirada. Esto ha sido la causa, por supuesto, de que nuestra sociedad haya tomado la apariencia de una totalidad a menudo confusa, en la cual todo convive y todo interactúa.

    El término posmodernidad se puede entender en muchos sentidos, pero uno de ellos parece estar relacionado con esa capacidad de nuestra época de integrar, dentro de un objeto cultural único, los elementos más disímbolos, llevando hasta el límite las posibilidades de la significación y el funcionamiento mismo de los códigos y lenguajes. Estas totalidades disímbolas parecen incluso tener un doble sentido, pues por un lado reflejan la fascinación que nuestro tiempo tiene por los funcionamientos múltiples de comunicación, pero por otro lado parecen poner en escena el escepticismo básico que esos excesos han producido en nosotros sobre la posibilidad real de llegar a comunicar algo que no sean simples sistemas de signos.

    El arte de nuestro tiempo (el verdadero arte) es por ello complejo, pues se manifiesta a menudo como la expresión concreta de esa dicotomía. Mucha literatura contemporánea manifiesta una actitud ambigua ante su propio instrumento de expresión (el lenguaje) y lo emplea a menudo a contracorriente tanto de sus posibilidades comunicativas como de lo que tradicionalmente se asume son sus reglas de funcionamiento. El lenguaje se convierte así en un objeto indigno de confianza, incluso dentro de un arte que lo utiliza como su medio básico. O, de acuerdo a las palabras de Gerardo Cham, en su novela Viaje a los olivos:

A Hunaib le pareció atávico emprender una busca a base de simples preguntas. La palabra todavía era para él una especie de hielo sonorizado entre gestos, flexiones, en fin, sonidos que muchas veces no hacían sino revolver las cosas. (p. 165)     En el caso de este libro se podría incluso llegar a afirmar que, si tiene un protagonista concreto, ése es el lenguaje. El lenguaje domina y conforma todo el relato. El pretexto es histórico: indagar imaginativamente el destino de los naturales de América que Cristóbal Colón llevó con él a Europa. Pero el lenguaje conspira en contra de convertir el libro en un simple imaginar esos destinos y transforma a la escritura en un estallido verbal que se lanza a explorar todas las posibilidades de la fonética y de la libre asociación de conceptos. Dudando incluso, por momentos, de que exista en realidad la posibilidad de comunicar o crear algo ("Toda creación es un acto sucio, al mismo tiempo gran descubrimiento e imperdonable atrevimiento", p. 174).

    Es por la mediación del lenguaje que el relato incluso se libra de las restricciones de la temporalidad histórica o de las concepciones comúnmente aceptadas sobre el funcionamiento del tiempo y el espacio. Se dice que la ciencia actual ha venido a demostrar que el tiempo es una simple percepción nuestra y que el espacio mismo no es una realidad más segura. Pero es en el arte contemporáneo donde ambas concepciones han sufrido las mayores agresiones a su esencia y donde se les ha relativizado en mayor forma. Gerardo Cham parte, en su escritura, de un discurso arcaico para disolverlo en un mar de referencias múltiples, infectándolo con muchos otros discursos que se superponen a él. Por ello, sus personajes pueden utilizar léxicos y acentuaciones diversas, permitiéndole a un gobernador español del siglo XVI hablar con tonalidades de argentino del siglo XX. Pero es, sobre todo, la voz narrativa la que explora con mayor fruición los avatares del interdiscurso, integrando (en ocasiones dentro de una misma frase) vocablos procedentes de una multiplicidad de momentos culturales ("Muchas doncellas creíanse ingrávidas después de contemplar una fotografía de infanta en pelotas", p. 192). El lenguaje se vuelve así polimorfo, pero también explora voluntariamente los distintos niveles del anacronismo. El efecto final es, en muchos aspectos, la negación misma de la existencia del tiempo.

    Un efecto similar es logrado con el uso lúdico e incontrolado de las citas y los intertextos. Cervantes está presente con la misma insistencia que Borges, y el mismo Gerardo Cham nos señala que ambas autores escribieron su obra en fechas posteriores a aquella en la cual supuestamente transcurre el relato. Pero hacer el recuento de todas las referencias literarias empleadas en esta novela sería largo e inútil. Como todo texto contemporáneo que se respete, en Viaje a los olivos se asume la evidencia de que toda creación literaria contiene, de manera consciente o inconsciente, toda la historia de la literatura dentro de sí.

    Todo esto viene a explicar por qué, dentro de esta novela, los personajes (sobre todo si deseamos concebirlos de acuerdo a una visión tradicionalista), parecen venir a disolverse en el poder de la palabra y se convierten en fantasmas de acciones contradictorias, inconclusas, a menudo sin razón aparente y sin un propósito claro. Son marionetas dirigidas por la fuerza del lenguaje; no por motivaciones psicológicas o sociológicas. Seres a menudo ajenos a las motivaciones de los seres humanos, que no somos simples signos dentro de un texto escrito.

    Lo onírico se vuelve así la fórmula tanto de la escritura como de la lectura. Viaje a los olivos es una novela profundamente onírica donde se nos describe el sueño de lo que fue el encuentro de dos culturas a través del sueño de nuestro propio tiempo, cuando las culturas ya no se encuentran, sino que a través de los enfrentamientos (incluso de las guerras) están terminando por fundirse.

    Viaje a los olivos es, por supuesto, un experimento. Pero un experimento que no reniega de la tradición, sino que la asume al deconstruirla. Un experimento sobre los poderes evocadores de la lengua, sobre la forma como ésta es capaz de crear mundos propios habitados por seres hechos de palabras. Con este libro uno puede dedicarse a reconocer referencias a través del texto, puede asumir el placer de los funcionamientos sonoros del lenguaje, puede perderse en el entorno de sus figuras que se transforman de página a página. Viaje a los olivos es una novela que se asume como literatura de nuestro tiempo al recontar una historia que es, al mismo tiempo, del pasado y de todos los tiempos.
 
 
Gerardo Cham (gcham@hotmail.com),
Viaje a los olivos,  Editorial Nuevo Espacio
 


Arnulfo Eduardo Velasco.  Nació en la ciudad de Guadalajara en el año de 1956. Es Profesor-Investigador Titular C con nombramiento definitivo en la Universidad de Guadalajara; Doctor en Estudios Románicos por la Universidad Paul Valéry de Montpellier (Francia); coordinador del Laboratorio de Métodos de Análisis dependiente del Instituto de Investigaciones Estéticas del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD) de la Universidad de Guadalajara.
    Ha publicado más de 300 artículos de divulgación editados por diferentes publicaciones nacionales, entre ellas El Diario de Guadalajara, El Occidental, El Financiero, El Sol de México y El Informador; y también de diversos artículos especializados, con publicación incluso en el extranjero.
    Autor de los libros publicados: La historieta: enfoque práctico en relación con la enseñanza (Universidad de Guadalajara-Centro Regional de Tecnología Educativa, 1985) y El placer de las imágenes: estudios sobre algunas formas de comunicación visual (Universidad de Guadalajara - Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño - Instituto de Investigaciones Estéticas).
    También ha publicado también las siguientes plaquettes de poesía: Gramática para morir después (1995), Antibestiario (1997) y Las DeSignaciones del Tiempo (1999).

Argos 20/ Narrativa