Laura Ríos
tutti78@hotmail.com

De exilios y encuentros
Reseña del libro Cuentos de amor y distancia de Javier Amaya


Javier Amaya nació el 9 de octubre de 1956 en Colombia. Fue corresponsal para la revista Colombia hoy de Bogotá y actualmente colabora con el periódico Crónica latina de Londres. Obtuvo BA en Ciencias Sociales y un grado menor en Historia en la Universidad de Washington. Algunos de sus escritos han sido publicados en la revista literaria The Raven Chronicles, en Seattle y en la Antología Poética Contemporánea en Massachussets.
javier@u.washington.edu

Amor y distancia es un binomio que bien puede sintetizarse en nostalgia. Añoranza de lo ido acompañada de la esperanza de retomarlo algún día.

    Estar lejos del lugar de origen, de los seres queridos, es una sensación convertida en lastre difícil de llevar. Sentimiento cotidiano y denso que opera, paradójicamente, de manera ágil como flecha de brújula marcando la orientación al retorno.

    En Cuentos de amor y distancia, el escritor Javier Amaya muestra la vivencia del ser humano que se debate entre las diferencias sociales y económicas llevadas hasta su última consecuencia: la guerra. Guerra encarnizada, incomprensible e inútil, producto de las diferencias sociales, económicas, religiosas y políticas. Este punto es tratado repetidamente por el autor a lo largo del texto, revelando así la urgencia de buscar conciliación en todo el orbe. Circunstancia ésta de una vigencia constatable, sobre todo en estos momentos.

    Desarraigo y soledad vienen a provocar reflexiones encaminadas para lograr estabilidad y tranquilidad; trayecto recorrido en un vehículo llamado amor. Amor matizado de sensualidad y espiritualidad y engarzado en sueños premonitorios.

    Estos sueños cuajados de augurios no siempre llevan tranquilidad al espíritu, antes bien, anuncian calamidades y también revelan escenas nauseabundas: "Anoche me soñé nadando en un río repleto de intestinos humeantes, resbalosos, malolientes".

    Como contraparte, surge el sentimiento amoroso que, más allá de limitarse a la pareja, se extiende hacia todo y hacia todos. Pareciera que entre líneas surgiera la esencia salvadora del amor con la cualidad unificante que le es intrínseca; y, junto a ésta, otra característica: la tolerancia.

    A través de esta lectura nos vamos percatando de un llamado a escuchar el interior de cada uno de nosotros, para después reaccionar con actitudes positivas hacia lo circundante.

    Puntos geográficos tan distantes entre sí como son el Cairo, el Caribe y Moscú, se conjuntan para hacernos sentir la proximidad de unos con otros; y la mención de diferentes credos religiosos nos hace recordar que por encima de estas diferencias existe un ingrediente común a todos los seres: la condición humana.

    El hombre no debería ser una cifra, un elemento perdido en la vorágine de la vida, ni ser el carnicero de sus semejantes: "El otro día aniquilamos una supuesta columna enemiga donde yo sólo vi campesinos, mujeres, viejos, gallinas y niños muertos"; una suposición impuesta desde afuera y asumida maquinalmente, obedecida a ciegas en nombre de la defensa territorial, política o religiosa. Matar al otro para poder seguir viviendo; moscas verdes en busca de la carroña; honores después de la muerte como recompensa a la fidelidad absoluta, alienada, no reflexionada.

    Las barreras artificiales construidas por el hombre mismo, le impiden lograr la plenitud a la que aspira y tiene derecho; a veces, el destino y las coincidencias propician encuentros aunque estos sean fugaces y se precipiten hacia la despedida; sin embargo, la promesa del retorno alienta la magia indestructible de la fe en el reencuentro.

    Javier Amaya utiliza un lenguaje sencillo y directo para mostrar infinidad de situaciones experimentadas por sus personajes; estos, ya sea por conflictos bélicos o por cuestiones de trabajo o de estudios, se encuentran fuera de su tierra, provocándose una gama policromática de sensaciones que va desde percibir "la forma más miserable de arriesgar la vida", hasta lograr la tranquilidad al poder establecerse en el lugar deseado, al lado de la persona tanto tiempo esperada.

    La relación por medio de las cartas conlleva a un tono epistolar de intimidad y calidez, dos sentimientos que tal vez sean los más deseados por los protagonistas de estos cuentos. Después del distanciamiento y una vez alcanzada y saboreada la oportunidad de verse y tocarse, flota en el ambiente cierto aire de irrealidad, de incredulidad ante lo sucedido; pareciera que se ha perdido la capacidad de disfrutar con naturalidad, auténticamente. Una felicidad forzada pero aun así, anhelada.

    El individuo, un poco juguete del azar, oscila entre puntos cardinales opuestos tocando a veces lo intolerable, entonces, la desesperación se diluye; a la frase "...quisiera gritar pero es inútil, no pasa nada", se opone "...oraré por ti, por mí y por nosotros", denotando así, la fuerza interior de todo hombre.

    Seis relatos en donde el anhelo no es la unicidad absoluta sino la diversidad consonante.
 
 
Javier Amaya, Cuentos de amor y destancia,  La Cigarra Editions, Washington, Estados Unidos, 2000.



 
 
Argos 20/ Narrativa