Isabel Parra
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Oscuro pero nunca aburrido, el pasado de Rubem Fonseca
(una rápida revisión a su obra)




Cualquiera diría que uno se encuentra con sus iguales y entonces le da por explicarlos al resto del mundo. Esta es la sensación que me queda desde nuestro primer encuentro, que fue en una librería céntrica de esta ciudad, en una de esas felices temporadas en que se exhiben libros muy baratos. De repente sobre un montón de libros, todos iguales, me miró una rana cuyo cuerpo jaspeado de tonos ocres y amarillos sobresalía en una foto en blanco y negro. La pequeña rana, bajo tres ramas verdes, parecía querer atacar por sorpresa al diminuto personaje del logotipo de la Editorial Seix Barral; y también, en letras azules, vi escrito: Rubem (sí, con m) Fonseca, encima del título blanco sobre fondo negro: Pasado Negro, y abajo, Novela. Páginas adentro (en la 50) supe que la rana se llamaba Bufo, de apellido Marinus (y el título original de la novela era: Bufo & Spallanzani), y que además es venenosa –la rana–.

    Lo que sigue, una vez adentrándose en los breves pasillos que se forman entre los blancos del libro y la letra menuda, es una extraordinaria novela de aventuras, policíaca, de amor; en fin, un verdadero mural en el que vemos a figuras humanas moverse con tal realismo que hacen venir a nosotros, lectores, preguntas que nos tocan tan profundo que no podemos permanecer indiferentes a la vida que bulle en esas páginas.

    El protagonista de esta novela, Ivan Canabrava, transformado por Minolta (hermosa joven escritora de versos) en Gustavo Flavio, escritor, es uno de los personajes con quienes más me he peleado al principio, para terminar queriéndolo, como a un amigo cercano. En las primeras páginas de la novela no sabía si reírme de él, aceptar que no me era muy simpático o sencillamente dejarlo vivir hasta encontrar algo en él que no me disgustara tanto. Pero resulta que al paso de la lectura me sedujeron su erudición literaria y su cinismo, que no era otra cosa que un rasgo de su profundo hedonismo (que también aprendió de Minolta), y se expresa así: "ve uno a Gustavo Flavio andar por aquí y por allá en la novela metiéndose en problemas y no hay más remedio que entender que es llevado a todo eso por el puro y simple amor a vivir, rodeado como está por la muerte".

    Historia policíaca (insisto), de amor (lo aseguro), de aventuras (fascinantes), esta novela escrita con maestría y talento se deja leer con gusto; pero no hay necesidad de creerme, tome usted el libro y entre en él, verá que no exagero, se dará cuenta cómo el cinismo saludable, no sólo de Gustavo Flavio sino de muchos de los personajes que por ahí rondan, le invitará sin duda a apostar por la alegría, por encima de todo. Y si disfruta de contemplar la inteligencia en su ejercicio, las citas de este personaje, nombrado en homenaje a Flaubert, le harán visitar estas páginas más de una vez.

   Ahora que se acerca la Feria Internacional del Libro, en esta ciudad de Guadalajara (Jalisco, México), me he dado a la tarea (que me complace) de releer a Rubem Fonseca, con el pretexto de que es brasileño "y hay que leer brasileños" antes de que lleguen a avasallarnos con su presencia y no les podamos decir: "no me gusta lo que escribe", sencillamente porque no lo hemos leído.

    Es interesante saber entonces algunas pequeñas cosas de Rubem Fonseca: Nació en Juiz de Fora, Minas Gerais, el 11 de mayo de 1925. Tuvo varias actividades antes de dedicarse de lleno a la literatura. El 31 de diciembre de 1952 inició su carrera en la policía, como comisario en el Distrito Policial número 16 de San Cristóbal, Río de Janeiro. La mayor parte del tiempo que trabajó en la policía, hasta ser exonerado el 6 de febrero de 1958, sirvió en el departamento de relaciones públicas. Estudió Derecho, y luego dio clases sobre eso en la Fundación Getulio Vargas. También estudió Psicología y Administración de Empresas en la New York University. Al dejar la policía trabajó como periodista hasta dedicarse, finalmente, a la literatura. Recibió incontables premios (Fondo Cultural de Brasilia, Premio Pedro Nava del museo de la literatura, Giuseppe Acervi –Mantova, Italia– Machado de Assis de la Biblioteca Nacional, y otros más). Además escribió numerosos guiones cinematográficos. Es viudo y tiene tres hijos. (1)

    Al darnos cuenta de que trabajó en instituciones que se asemejan a nuestra Procuraduría de Justicia, da por pensar, inevitablemente, que algo sacó de allí; por ejemplo, los violentos cuentos del volumen El cobrador, o los casi intolerables de Feliz año nuevo.

    Su producción es vasta, inicia en 1963 con Os prisioneiros; lo último que sé que ha escrito es O doente Molière (2000) y, de entre todos sus trabajos, uno que me fascina desde su título es: Grandes emociones, pensamientos imperfectos, editado en español por la Editorial Cal y Arena.

    Comentario aparte merece su libro de cuentos Do meio do mundo prostituto só amores guardei ao meu charuto (1997), del que también la casa editora Cal y Arena (¿será exclusividad?) publicó su traducción al español. En ese cuento que da título al volumen, aparece nuevamente su personaje Gustavo Flavio, con algunos años más, treinta kilos de peso menos, pero igualmente brillante y apasionado, dando cátedra de literato, y a la menor provocación metiéndose otra vez en problemas, amando más de la cuenta y exhibiendo su cinismo como siempre: "El amor es así: me atraviesa como un rayo, no me mata y sale con la orina". De nuevo a su alrededor hay muerte, se investigan crímenes, no le va tan mal como en Pasado Negro, pero también es víctima de la violencia, de la que sale vivo milagrosamente. En fin, no se trata de contar el cuento, lo importante es que Gustavo Flavio, Rubem Fonseca e Ivan Canabrava andan por allí en las librerías y esperan ser descubiertos por los lectores para que se disfrute cuanto tienen que decir y sobre todo, invitan a que los veamos vivir, mientras leemos.

    No quisiera dar punto final a este trabajo sin dejar aquí algunos fragmentos de la célebre narración Lúcia McCartney escrita en 1967 y que fue un fracaso como puesta en escena, pero una pieza digna de su autor, como cuento:

"...quedarse solo pensando y pensando.
Eso es lo que estoy haciendo ahora: pensar en vos. Vos sos mi Minotauro, siento que entré en mi laberinto. Alguien será devorado. ¿Adiós?"
 

                                                                                        José Roberto
 

Recibo carta de José Roberto.

La soledad es muy importante. El teléfono no paraba de sonar. Les había dado franco a las empleadas. Sonaba el timbre. Me puse a escuchar música con los auriculares, bloqueando el mundo exterior pero a cada rato me los sacaba de los oídos y SIEMPRE algún timbre sonaba, alguien me buscaba. ¿Quién sería? ¿Sufriría?

    Decidí salir de casa e ir a un lugar donde no pudiera encontrar a nadie que me anduviese buscando. Tan sólo una de las pistas del bowling estaba ocupada (por tres jóvenes). Fui a la pista más alejada. A cada strike, el pibe que recogía los bolos aplaudía, lentamente, con dejadez, yo únicamente veía sus piernas, magras, protegidas por unos pantalones desteñidos cortados a la altura de las rodillas.

    Una muchacha llegó y se sentó en una mesa cercana. Yo intenté varias veces, sin éxito, una jugada de efecto.

    —¿Querés que te anote?, preguntó la chica sentándose frente a mi ficha.

    —Si querés, dije yo.

    Yo seguí jugando, ella anotando. Terminada la décima jugada le pregunté si quería jugar. Ella respondió: —No, ya jugué mucho a eso. Mirá el cuadro: hace seis meses que estoy primera y nadie bate mi puntuación, ninguna mujer, se entiende. En el cuadro estaba escrito ELIETTE 275- 11 DE MAYO. —Entonces, siguió ella, me dejé crecer las uñas.

    Yo jugué una partida más mientras hablábamos trivialidades. Terminada la partida llamé al mozo, pedí una coca, me saqué la corbata y el saco y la muchacha desapareció. Yo me sentí frustrado. Un completo desconocido no te puede hacer mal. Al margen de eso ella tenía una bonita sonrisa, sabía charlar y cruzar las piernas. Puse una nota en mi bola y se la mandé al pibe que recogía los bolos. Mostró su cara y rió; tenía pocos dientes. Yo lo aplaudí, con el gesto desganado y sobrador que había usado conmigo.
Ella me estaba esperando en la puerta.

    —265 no está mal, dije.

    —Yo jugaba todo el día, dijo ella.

    Caminamos.

    —Eliette, dije.

    —¿Y vos cómo te llamás?

    —José Roberto

    —Decís Eliette como quien dice el león es el rey de los animales.

    —¿Querés tomar algo?

    —Sí, claro

    Ella usa el cabello corto como vos y sus ojos tienen el mismo brillo negro de los tuyos. Es una buena sensación, estar frente a frente, sin prisa y sin mentira, disponibles, recíprocos, mientras bebemos y el mundo fluye suavemente.

    Te extraño mucho. Lúcia, Lúcia. ¿El león es el rey de los animales?
 

                                                                                    José Roberto.
 

Es bueno recibir una carta así, inteligente. Una vez yo me peleé con un novio que tuvo la audacia de escribirme una carta que empezaba diciendo: "espero que estas mal trazadas líneas, etc". No pude ni volver a mirarle la cara. José Roberto me hace pensar. Él cree que yo puedo pensar, que yo sé pensar. ¿Se habrá ido a la cama con la chica del bowling? Debe ser. Ay, mi Dios, yo podría estar allá con él, anotando la puntuación de su juego, en lugar de esa piraña. ¡Parecida a mí! Me voy a cortar el pelo al ras, cortito, así voy a tener esa cara, ya va a ver...

    "...Palabras, palabras, palabras" dice Hamlet a Polonio en el acto segundo.

    Palabras, palabras, palabras, dirás -vos también- víctima de la misma duda existencial del personaje shakespereano al leer esta carta.

    Uno de los poemas de Lennon cuenta la historia de una chica que abandona a su familia en busca de fun. "Ella lo tenía todo", dicen los padres perplejos al leer la carta de despedida. Un viernes la chica salió subrepticiamente apretando un pañuelo contra su pecho, lamentando no haber podido decir en la carta todo lo que quería. Tenía un encuentro arreglado con un hombre que para ella significa fun, alegría, diversión. "Fun is the one thing that money can’t buy". La letra está en el sobre del disco. Ya debés conocerla. La música de tu hermano (¿o ex novio?) McCartney es muy bonita, también.

    Enfrenta la realidad con sus dificultades y asperezas.

                                                                                    José Roberto
 

    —Sujeto pérfido y bestia, dice Isa después de leer la carta. —Es más bestia y falso que loco. Charlatán. Viejo aprovechador. Atrevido. El no es viejo. Isa la tiene con José Roberto.



 
Notas:

1. Datos que agradezco a Enrique Ferrari 



    Como dato adicional, y para satisfacer la posible curiosidad del lector, dejo aquí la lista de sus libros y el año de su publicación:
 

Bibliografía:

Os prisioneiros (1963)
A coleira do cão (1965)
Lúcia McCartney (1967)
O caso Morel (1973)
Feliz Ano Novo (1975)
O homem de fevereiro ou março (1973)
O cobrador (1979)
A grande arte (1983)
Bufo&Spallanzani (1986)
Vastas emoções e pensamentos imperfeitos (1988)
Agosto (1990)
Romance negro e outras histórias (1992)
O selvagem da ópera (1994)
Contos reunidos (1994)
O Buraco na parede (1995)
Romance negro, Feliz ano novo e outras histórias (1996)
Histórias de Amor (1997)
Do meio do mundo prostituto só amores guardei ao meu charuto (1997)
A confraria dos Espadas (1998)
O doente Molière (2000)


Isabel Parra. Nació en el Estado de México en 1962. Estudió Teatro en el D.F. y representó a Beckett ("Esperando a Godot") en el año de 1975 bajo la dirección de Juan José Gurrola en la Casa del Lago de Chapultepec.
    Actualmente reside en Cuernavaca desde donde envía colaboraciones a distintos diarios del país y regularmente se reúne con jóvenes escritores para hacer lo que se ha dado en llamar "Taller", con lo que logra sobrevivir modestamente; además, ambas actividades le permiten dedicar gran parte de su tiempo a lo único que sabe hacer en la vida: leer y escribir.


 
Argos 20/Ensayo