Gabriela Hernández
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Guía rápida de narradores brasileños




En el mismo continente pero alejados por la lengua y por las barreras físicas o espirituales que ello conlleva, la literatura brasileña sufre el imperialismo cultural que prima unas literaturas en detrimento de otras. Su narrativa, principalmente a partir del modernismo, descubre un paisaje que es geográfico y espiritual al mismo tiempo.

    De manera general, sigue una trayectoria similar a las literaturas del resto de América Latina: desde el siglo XVII, las escuelas literarias surgen como espejo de las europeas. El barroco y el neoclásico se rigen con los mismos cánones en Brasil, sin que este hecho les reste valor literario a sus narradores. Es en el período romántico cuando la literatura comienza a afianzar su lugar con autores como José de Alencar (O Guaraní) o Gonçalvez Dias en poesía. El realismo brasileño alcanza un virtuosismo que nada tiene que envidiar al europeo gracias a un autor: Machado de Assís (1839-1906), tal vez el mayor novelista del siglo XIX en Latinoamérica.

    Machado es maestro de la ironía y de la sugerencia, algunas de sus novelas se convierten en verdaderos estudios psicológicos del comportamiento del ser humano, ejemplo de ello es Dom Casmurro, en donde el narrador, a partir de la propia revisión existencial, hace un detallado análisis de los celos. Machado, además de novelas, es autor de numerosos cuentos que son constantemente revisitados no sólo por críticos, sino por los mismos escritores, tal es el caso de "Misa de Gallo", cuento que es recreado por diversos escritores de la talla de Nélida Piñon y Autran Dourado, en el libro Misa de Gallo, variaciones sobre un mismo tema.

    Treinta años separan a Machado de Euclides da Cunha (1866-1909), la independencia cultural se afianza con temas que además de ejercer la denuncia, llevan a la sociedad a un autoconocimiento. Euclides fue periodista, autor de una novela cuyo tema es la guerra de Canudos, pasaje que marca la historia político-social del país y que, por cierto, el mismo escritor cubrió como reportero del diario O Estado. De tema milenarista, Los Sertones cuenta la historia de Antônio Conselheiro, profeta, constructor de iglesias y agitador. La novela es imprescindible para entender el Brasil actual, antecedente de La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa.

    Brasil llega al siglo XX con movimientos culturales que valorizan lo nacional. En primer lugar, el modernismo de la semana de arte moderna en São Paulo: la búsqueda de lo nacional, se da a través del lenguaje; destacan autores como Mário de Andrade (Macunaíma). Esta búsqueda se va heredando más tarde a autores como: Guimarães Rosa (1908-1967), quien da una nueva visión del campo brasileño en su novela Gran Sertón Veredas. Allí el paisaje deja de ser escenografía para convertirse en un lugar espiritual; el escritor toca los temas fundamentales de toda gran novela: el amor, la muerte, la condición humana; y el lenguaje mismo se convierte en protagonista. El sertón pasa a formar parte de nuestra geografía sentimental universal.

    Jorge Amado (1912-2001) también es heredero del modernismo. Fallecido recientemente, Amado refleja en su literatura preocupación por la expresión de una cultura netamente nacional, y centra la búsqueda de la identidad brasileña en la región nordeste del país, Bahía, marco de todas sus narraciones.

    A partir de 1964 se instala en Brasil un régimen dictatorial militar que, durante 21 años, impidió el pasaje hacia el mundo exterior de la buena literatura que se hizo y continúa haciéndose en el país. Un buen ejemplo de esta época es: Antônio Callado (1917-1994), considerado como uno de los grandes escritores brasileños contemporáneos. Callado vivió y trabajó en Londres para la BBC; una profunda "saudade" lo hizo volver y oponerse activamente contra la dictadura militar; su obra ha sido leída como expresión de un proyecto nacional y popular de la cultura brasileña. Es autor de Quarup, y Sempre Viva, entre otras novelas.

    En esta misma época, Brasil no pudo contar, como el resto de Latinoamérica, con el apoyo de la renaciente España. Portugal estaba empobrecido, también era rehén de una dictadura tanto o más cruenta que la brasileña: la salazarista. Tal vez se deba a ello, el hecho de que Brasil no participara, injustamente, del "boom" latinoamericano; sin embargo también en él se sintieron ecos del realismo mágico: J. José Veiga (1915) y porqué no, algunas novelas de Jorge Amado (Tienda de los Milagros). Para quien desee ampliar la información al respecto puede consultar a: MENTON. Historia verdadera del realismo mágico, México, FCE, 1998.

    Del mismo modo, circunstancias históricas nos privaron durante mucho tiempo de una excelente narradora: Clarice Linspector (1925-1977), europea en sus influencias, pero tan brasileña como el Mário de Andrade de Macunaíma, por su búsqueda en el lenguaje. Su obra contiene una profunda angustia existencial, aunque también refleja la realidad social del país. Es el caso de La hora de estrella, en la que Macabea, la protagonista, es una inmigrante nordestina que tiene que enfrentar el agreste mundo de São Paulo. Prácticamente toda su obra ha sido traducida al español: La pasión según G H, Cerca del corazón salvaje, Lazos de familia, Silencio, Felicidad clandestina, hay también estudios críticos y una biografía excelente de Laura de Freixas en la que se incluyen algunos de sus relatos.

    Lígia Fagundes Telles (1923), ganadora del premio Jabuti de este año por su libro Invenção e Memória, pertenece a la Academia Brasileña de Letras; sus relatos presentan una elaboración en el lenguaje y es heredera de la mejor tradición de prosa en portugués.

    Dalton Trevisan (1925), cuya obra es también de fuertes rasgos localistas, es maestro del cuento corto. En ellos crea atmósferas y personajes recurrentes de su natal Curitiba.

    Autran Dourado (1926), periodista y novelista, es dueño de una vasta obra heredera de la tradición psicologista de Machado de Assís. Hay novelas y cuentos de Dourado traducidos al español, entre los que se cuentan: Una vida en secreto (Bruguera,1978), La trama del bordado (Alfaguara, 1978) y La barca de los hombres (Caralt, 1987).

    Rubem Fonseca (1925) es novelista y maestro del cuento corto, en donde desfila toda la clase de fauna que puebla Río de Janeiro o cualquier magalópolis que ha crecido indiscriminadamente. Su profesión de abogado ha caracterizado su obra, la cual coincide con las circunstancias de violencia social del país. Ha sido vastamente traducido al español.

    Nélida Piñón (1937) es novelista y cuentista. Parafraseando a la autora, me atrevo a decir que la memoria de Brasil está en La República de los sueños, novela que cuenta la saga de Madruga y Eulalia, inmigrantes gallegos en el Brasil de principios del siglo XX. La novela se caracteriza por los ricos personajes que simbolizan arquetipos universales: amor, ambición, odio, amistad, sueños. La novela es también pretexto para darnos una exhaustiva lección de historia brasileña, imprescindible para acercarse a este país. También hay diversas traducciones de dicha autora en español.

    Moacyr Scliar (1937), médico de profesión, ha ganado los premios de literatura más importantes que se otorgan en Brasil. De origen judío, sus temas son, principalmente, los inmigrantes judíos que colonizaron el sur de Brasil.

    Antônio Torres(1940), novelista y cuentista, también ha sido traducido a diversos idiomas. En español, la editorial Sudamericana publicó la novela Can que aúlla a la luna. El regionalismo es una constante en su literatura.

    La obra João Ubaldo Ribeiro (1941) se sitúa en esta ola de novelas que parten de lo regional para darnos héroes universales. El protagonista de Sargento Getulio, situado en medio de una lucha de poder y de intrigas electorales en el Brasil de 1950, es un reflejo de la desintegración política que lo rodea; su discurso, que incluye defectos de dicción, deslices de concordancia y una confusión de contextos políticos, se convierte en un símbolo de la realidad del país.

    Actualmente la literatura brasileña toma diversas formas, a veces éstas son parte de corrientes o estilos mundiales, como el realismo histórico de Boca de Infierno, la novela de Ana Miranda (1954) sobre el poeta barroco Gregório de Matos, que recrea espléndidamente el ambiente y la vida de Salvador de Bahía, a finales del siglo XVII.

    Brasil, poseedor de una geografía real y mítica a la vez, ofrece condiciones que favorecen el gusto por la aventura narrativa y la travesía poética. Las virtudes o contradicciones de su literatura van más allá del ámbito de las referencias exóticas tan comúnmente estereotipadas. La obra de los autores visitados en este artículo es prueba de ello.


Gabriela Hernández. Gabriela Hernández nació en Tampico, Tamaulipas, en l963. Es Licenciada en Letras Modernas por la Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC-RJ). Radica en Guadalajara en donde es miembro del Consejo de redacción de la Revista Periplo, así como traductora del portugués. Sus cuentos han aparecido en diversas publicaciones locales. Actualmente tiene en preparación un libro de cuentos que saldrá a la luz en noviembre de este año.


 
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