Javier Ponce
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ESA ANGUSTIA DE VIVIR ME ESTA MATANDO... (fragmentos)


 
 
Para Elías Nandino

I
ESA ANGUSTIA DE VIVIR ME ESTÁ MATANDO

 


Por qué buscas apagar la vela oculta

del sueño por todos tendido a secar al sol.

Qué señora frustración asoma a tu ventana,

buscando instantes muertos de desesperanza

para sofocar una, ahora, tímida voz.

Qué padre busca afanosamente en tu razón,

encendida aún entre la oscuridad,

para en veinte segundos convertirla

en los jirones maltrechos de príncipe

y princesa.

Por qué deliciosamente amar el desamor

y gozarlo sólo, pensando

en el momento más tuyo,

donde vida y muerte se confunden

para formar la unidad más perfecta.

Qué fragmento de eternidad te hace

único e irrepetible, sentado frente

a la vida para ver las secuencias

más logradas.

Qué aliento de perfección fugaz

te muestra entre las venas

el camino que haz de recorrer,

siempre solo,

siempre triste,

siempre viejo,

hasta alcanzar a la única mujer

que no buscó carne en tus entrañas.

Acaso buscabas encontrar lo que todos,

a fuerza de no desearlo, encontraron.

Acaso tierra-polvo agua-mar

no se vuelve en sus manos paradoja

que perpetua las especies.

Quizás la alquimia o la palabra en juego

que cobra vida en la seriedad

de una palabra como rosa:

de una palabra como muerte.

¿Qué es la rosa?

III

NOCTURNO QUE NO LO ES

Qué duda pretendes arrancar noche

tras noche a la misma noche.

¿Buscas, en tu insomnio temprano,

esa alquimia que te haga inmortal

para, finalmente,

dar palos de ciego a la muerte?

El poeta de la muerte por excelencia

El poeta que teme a la muerte

Poeta cansado de esperarla

Poeta que confundes al mejor amigo con la muerte

Animal poético

Anima que de nuevo vuelves a nuestra tan provinciana tierra

Animal queriendo conocer el sabor de la tierra

Polvo eterno, eternidad del polvo

Polvo al rededor de mi madre:

El Hombre

Ya basta.

Todavía no muero.

IV

POLVO ETERNO, ETERNIDAD DEL POLVO

Echar un polvo para sentir

ese instante entre dos muros;

buscar el regocijo del incesto

con la madre amada y encontrar,

obsesivamente, tras la noche, la muerte.

Y tus hijos como agua

derramada

de tu cuerpo

van y regresan,

se pierden en lo alto de la razón

-qué polvo como polvo

que asfixia tu oído-

Qué niños tan niños

que van como polvo a las estrellas.

El tiempo abre ciegamente,

sin que nadie lo sepa,

la fosa en que descansarán

cientos de instantes:

polvo eterno, eternidad del

polvo.
 
 

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