Duele este estar en las palabras y
le duele a la palabra este
no estar en mí.
Le duele al verbo ser capital
de la distancia y
le duele a la frase su espalda
sin vértebra.
A mí me duele este dolor antiguo
y repetido,
esta queja de nombres advertidos
y palabras que son como escorpiones.
A mí me duele el no fiarme
y el no fiar en la desconfianza,
me duele este manoseado abecedario,
el adjetivo genuflexo y el penitente nombre.
Me duele la preposición y la elegancia
y lo que no puedo nombrar
un poco más de lo que nombro.