Fabiola Figueroa
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FANTASMA, CASI...



Sorprendido al extremo, en la penumbra de la habitación, se sentó con lentitud en uno de los sillones. La tenía enfrente. El sabía que debía ser muy sutil, que cualquier movimiento, palabra o silencio mal intencionado, mal entendido, cualquier segundo que lastimase su susceptibilidad la haría desaparecer irreversiblemente por toda la eternidad. La mujer suspiraba quedamente y a cada exhalación se hacía más etérea. El sabía que si intentaba mirar sus ojos corría el riesgo de distinguir con pavorosa nitidez la ventana de enfrente, de atrás de la mujer.

..........Era obvio que la transparencia de ella se hacía cada vez más evidente. El sonrió con dulzura y sólo así pudo ver otra vez, por unos instantes, su cabello cobrizo. "Angela" murmuró y entonces tuvo la sensación de que le había hecho recobrar un poco más de consistencia en su piel acostumbradamente blanquísima. "Angela" volvió a susurrar casi inaudiblemente para percatarse de cómo ella recuperaba su fina mano y la dirigía hacia la suya. La miró con ternura y disfrutó unos instantes de la calidez de sus ojos castaños. "Vete a la chingada, Angela" dijo de pronto antes de carcajearse de la forma tan cursi en que ella se esfumó para siempre.
 

VAMPIROS

Dijiste que me amarías siempre, que estarías conmigo en todos los momentos, que nuestras manos no iban a soltarse.

..........Y fue cierto, pero sólo la mitad.

..........Cada mañana recibía tu aliento con el mismo gusto que saludaba el día y entonces comenzaba el sueño, no, sueño no, es irónico, comenzaba el deleite de tu dulce compañía.

..........Y sí, cumpliste tu promesa, el sol jamás vio que dejaras de amarme; y los atardeceres naranja morían el día al tiempo que nos encargábamos de nuestras pasiones, todos y cada uno de los días, hasta hoy.

..........Olvidaste que existían las noches.

..........Te abandonaste a tus sueños y yo... los míos no son sueños, son terrones que impiden a los párpados cerrarse, son minutos resbalando en la oscuridad, goteando en mi frente, son sonidos por miles que se conectan a mis sobresaltos. Y en tantas noches tus abrazos eran un bulto inerte que jamás respondió a mi angustia. Hasta hoy.

..........Yo prometí quererte, y te quiero aún, pero ya no soy capaz de esperar otro amanecer en soledad, por eso fue la herida, por eso bebí tu sangre y por eso no cerraré tus ojos, para que ambos permanezcamos despiertos, fieles.
 
 
 

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