Alejandro Cruz
 

ARABIA

..........Como usualmente no hacía, entró al excusado con un cigarro que recién ardía. Cerró la puerta, la puerta medianamente carcomida por óxido en su parte inferior.

..........Sentada sobre la taza, y con el cigarro frente a sí detenido por los dedos de su mano, pensó si no acaso podía ser verdad que el cigarro también deyectaba, sólo que su humo, y además haciéndolo del mismo modo en que lo hacía ella: con incalculada ventura.

..........Por segunda ocasión se sirvió de su efímera pieza.

..........Sintió en su nariz el vapor de sus heces, pero ya antes lo había sentido bajo sus piernas flexionadas que no abrían ni un solo resquicio para que algún tufo surgiera en la modesta atmósfera del cuarto de baño. Esta vez pensó si no acaso podía ser verdad que la suciedad misma defecaba, sólo que su vapor.

..........Empezó a extrañarse por las cosas de la vida.

..........Ya antes había tratado el caso con alguna amiga suya. "En sí los excrementos son algo de suma importancia en la vida, porque la engendran, son su germen y trabajan a la par con el caos, con la fatalidad", habían concluido, quedando de acuerdo en que hasta los asuntos más abominables de la vida eran dignos de ser admirados, pero que únicamente quienes no vivían, en opinión de insensatos, eran quienes destacaban tales aspectos tan cardinales de la existencia. "A todo le hallamos, si queremos, su lado bueno o el malo, es la dualidad del mundo", remataban, al tiempo en que la velada en que conversaban ya se hallaba más develada que ninguna y se iba a dormir sin decir nada a nadie.

..........Tocada por sus abstracciones Marta Arabia dio, sin percatarse de esto, la tercer fumada a su cigarro. Luego sintió, sobre la totalidad desnuda de su espalda, el peso completo de la luz que poblaba el cuarto de baño. Giró para mirar el foco y quedó deslumbrada atrozmente. Quiso, incluso, deshacerse de su antojo que estaba a punto de rasgarle los dedos con el elevado calor de su braza.

..........Con la igual calma poética de todos los cigarros del mundo, el de Arabia liberaba su ceniza a sus pies, sobre un cuadro de papel higiénico al que dio acomodo par el mismo uso.

..........Después, con mejora sobre su enceguecimiento, continuó obteniendo conjeturas, pues después de todo, dijo para sí, aquello en que pensaba era realmente sorprendente como para hacerlo de lado por un simple encandilamiento. Y volvió al caso que ocupa este relato.

..........Pensó, en el mismo tono en que venía haciendo, en el divino juego de rebote cíclico que era el foco excretando su luz sobre sus ojos, y sus ojos, gracias precisamente a aquella luz, excretando todo lo que miraban. "Pero hay más: también cuando yo he terminado de ver los objetos, es decir, cuando estos han quedado perfectamente constituidos en el mecanismo de imágenes de mi cerebro, ellos defecan sobre mí, y yo no dejo de defecar sobre ellos mientras no deje de mirarlos, aunque de la zurrazón esta nadie me salva porque en todo instante estoy mirando cosas, y ni cuando voy a dormir dejan mis ojos de evacuar, pues todo el mundo sabe que aún con los párpados caídos se ven cosas", intentó concluir, ofuscada.

..........Producto de la cuarta fumada el cigarro dejó caer, fuera del cuadro del papel higiénico, una porción de ceniza que no se fragmentó al impactarse contra el abigarrado piso, y Arabia dirigió su ruta con cualquiera de sus dedos hasta dejarla en su sitio.

..........La misma curiosa gracia de todos los fumadores conocidos, de llevarse por quinta ocasión el cigarro a los labios, volvió con ella, pero puso mayor empeño en rescatar una nueva y dulce arremetida de su vientre. Obró como obran quienes son vegetarianos.

..........Cuando pensó entonces que el inodoro sobre el que estaba sentada deyectaba el agua de su depósito, y que las aguas que corrían en fila hasta quién sabía donde eran defecadas por su cauce, y que la pequeña, casi minúscula ventana situada en alguno de los muros del cuarto de baño, expulsaba todo cuanto había a ambos lados de su cristal, obtuvo como única medida de precaución contra todo lo que pensaba, que en resumidas cuentas nada en el mundo era más que un zurradero de Judas que ponía a funcionar al mundo no como mundo sino como mero culo supremo de todas las cosas, y todo esto con tan alto grado de perfección que lograba él mismo cagarse a sí mismo.

..........Hizo lo propio antes de ajustarse el calzón. bajó el agua del depósito, no sin antes, como todo el mundo, mirar su obra.

..........Antes de empujar la puerta, y de que ésta dejara escuchar su habitual chirrido, Marta Arabia pensó que qué era la mierda, aparte de ser mierda, para que todo el mundo se escondiera a la hora de despedirla a través del embarazosamente pensable botón trasero, que ni que a uno fueran a copiarle su mísero cerro hundido venido desde los lúgubres paisajes de las entrañas de sus entrañas. Salió. Fuera, sobre un cielo de estrellas, el mundo estaba defecando.

Febrero, 1997

 

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