Juan Manuel Sánchez
sanchezojm59@hotmail.com
 
 

Juego de intenciones de Jorge Luis Llópiz


I, now thirty-seven years old in perfect health begin,
hoping to cease not till death.

                                                 Walt Withman


 

  Para quienes todavía creemos que algunos libros no son únicamente objetos inertes de papel sino seres humanos que llegamos a tener cerca mediante ese proceso de alquimia que se llama lectura, es una suerte encontrarse con Juego de intenciones, volumen de cuentos que nos entrega Jorge Luis Llópiz.

    Los relatos que forman este libro, muestran un caleidoscopio temático que sorprende al principio, sin embargo, esta diversidad no habla de un trabajo disperso, ya que en él encontramos esa unidad de gestación que subyace en toda obra que se nutre de la vida para recrearla.

    Otra constante se advierte en la manera como nos presenta la realidad. En algunos relatos lo cotidiano único se vuelve lo fantástico común, dicho de otra manera, Jorge Luis Llópiz supo, en varios de sus cuentos de esta su ópera prima personal, construir tomando de lo cotidiano único lo que tiene de fantástico común.

    A lo largo de todo el volumen percibimos el aliento de un hombre que trabaja en la búsqueda de sus particulares vasos comunicantes, esos canales que van desde el interior hasta la hoja de papel y de ahí a nosotros, sus lectores.

    Gracias a la presencia de un niño de su barrio, aspirante a escritor que luego de leer a Robinson Crusoe, se quedó a vivir con él y ya nunca lo abandonó, Llópiz ha recordado no olvidar la infancia y demuestra esta capacidad de asimilación de memoria viva infantil en Esperando a mamá y en La llegada del tren, dicha capacidad nos recuerda a la gran novela de Bryce Echenique Un mundo para Julius.

    El mundo al revés. Con una fina ironía, nos presenta un mundo al revés en el relato La gloria eres tú, en donde recrea invertidas, las presiones que sufre el ser para aflorar su naturaleza. Presentar el mundo a la inversa es uno de los más complejos procedimientos de expresión que muy pocas veces se logra de manera adecuada . En este relato Llópiz manifiesta, además del dominio de la técnica narrativa, un humor con el cual se ríe de las arbitrariedades de las instituciones que coartan a los jóvenes, y de nos, los seres lectores no tan institucionales que aceptamos sus procedimientos. Como ya sabemos ahora luego de los trabajos de teóricos y literatos reputados, cuando la obra de arte va acompañada de dosis de humor e ironía tan finos, éstos impiden que alguien, por más que se identifique y encuentre en la lectura, se enoje.

    La recreación mítica e histórica. Tres personajes del imaginario actual tienen su lugar en el tomo: Edipo, Judas y el balserito Elián. Sendos cuentos se ocupan de ellos. Llópiz logra mediante una apropiación que de seguro no fue rápida, un efecto de presencialización que permite a sus lectores asistir al lugar de los hechos históricos o míticos con la ventaja de viajar sin riesgos, aunque hoy se dice que al igual que los actos eróticos intensos, no hay lectura profunda, profundo que no los contenga.

    En otros relatos de Juego de intenciones, aparece el realismo mágico o lo real maravilloso, la vida del sueño y el sueño de la vida, lo triste y los sublime del quehacer humano, todo esto se hace presente en este ligero volumen de cuentos.

    El autor. En la portada, diseñada por su hijo a los once años, en el prólogo y luego en los cuentos, se nos dice que para este autor las pulsiones de su vida son la familia y la literatura. En lugar de ser un lastre, la familia fue un impulso el cual se celebra en el libro.

    El niño que desde su primera lectura, como nos confiesa Jorge Luis Llópiz en el prólogo, se quedó a vivir en el hombre, se acunó y fortaleció ahí ante cada embate de la vida por evitarle escribir, ni los guapos del barrio que lo amenazaron en la infancia y adolescencia, ni la censura que como una capa plástica de silencio se extiende por la Isla de Nuestras Ilusiones Lacias, ni el posterior cambio de país, han evitado que ese niño se abra paso por entre las siniestras obligaciones de la vida y nos entregue este libro de cuentos a través del hombre Llópiz.

    Es bastante probable que ni el mismo Jorge coincida con mi forma de leer sus cuentos. Me defiendo blandiendo el escudo de Harold Bloom que en su cuarto principio para renovar nuestra manera de apreciar el texto escrito enuncia: "para leer bien hay que ser inventor".

    El énfasis de todo lo que escribí antes no tiene otra intención que invitarlos a participar en el juego de intenciones del autor, parte de las cuales pueden conocer aquí en Argos, tal vez coincidan conmigo al decir que la literatura de Llópiz es una literatura que, nacida en el claroscuro, se inclina hacia el lado de la luz.
 
 
Jorge Luis Llópiz, Juego de intenciones, Editorial Betania
Jllopiz@aol.com



 
 
Argos 19/ Narrativa