María Guadalupe García Barragán
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Emilia Pardo Bazán. Algo más en torno a su naturalismo y feminismo



Desde 1952, con ocasión del centenario del nacimiento de Emilia Pardo Bazán, y desde los años setenta, con motivo del gran auge del movimiento feminista, han aparecido nuevos estudios de diversa envergadura sobre la vida, obra, personalidad y el feminismo de la insigne escritora gallega (1).  Interesante y valioso es lo que se ha dicho sobre ella, y poco puede añadirse a lo señalado atinadamente por algunos críticos sobre dichos aspectos, pero creemos que cabe subrayar o rectificar ligeramente algunos puntos, precisamente en lo que se refiere al naturalismo y al feminismo de la Pardo Bazán.

    Hija única de familia aristócrata y acaudalada, Emilia Pardo Bazán nació en La Coruña, el 16 de septiembre de 1851. Recibió la educación apropiada a una niña de su rango, pero disfrutando de un ambiente familiar de libertad, comprensión y liberalismo excepcionales en su medio y época; ella misma la completó con intensa lectura que desde pequeña la familiarizó con la Biblia, los clásicos castellanos y extranjeros, y después con casi todos los autores de las letras españolas y universales. Además del francés, que dominó desde pequeña por haberlo aprendido en un internado madrileño, aprendió inglés, italiano y alemán. Apasionada del estudio toda su vida, adquirió en forma autodidáctica diversos conocimientos científicos y filosóficos, llegando a ser, con don Juan Valera, uno de los dos escritores más eruditos de la España de su tiempo. Viajera incansable, desde muy joven visitó Europa occidental con su familia, donde debido a las condiciones políticas de su patria vivió algún tiempo exiliada en París con sus padres y su esposo, pues a los dieciséis años se había casado con el joven José Quiroga y Pérez Deza, pariente suyo. A los seis años de su matrimonio, el nacimiento de su primogénito le inspiró su solo volumen de poesías publicadas, Jaime (1876). Su hija Blanca nació en 1879, y Carmen en 1881. Separada de su esposo en 1885, se consagró desde entonces con más intenso ardor al estudio y al cultivo de las letras, que no había descuidado durante sus años de joven esposa y madre. Después de editar varios ensayos y estudios de crítica, en 1879 publicó su primera novela, Pascual López, autobiografía de un estudiante de medicina. Obra amena, preterida por adolecer, según algunos críticos, de ciertas flaquezas, pinta la existencia y el ambiente estudiantiles de Santiago de Compostela, y creemos que pudo haber inspirado a Pérez Lugín La casa de la Troya (2).

    Entretanto, el naturalismo literario que ya se hallaba en su apogeo en Francia, desagradaba o encolerizaba a gran número de críticos y escritores españoles. En 1882, el mismo año en que Emile Zola publica el décimo libro de la serie Les Rougon-Macquart, doña Emilia inicia su célebre serie de artículos que aparecen en el periódico madrileño La Época, y que publicara en libro en 1883 con el título La cuestión palpitante, el cual provoca en —verdad injustificadamente— un verdadero escándalo en los círculos literarios, religiosos y sociales de España, desatando innumerables polémicas, más numerosas las adversas que las favorables a la autora, quien contesta y se defiende con acierto, donosura y firmeza. Parecía inaudito el que una dama noble, rica, respetable y católica, se convirtiera en una especie de paladín del nuevo movimiento literario y de su jefe Emile Zola. En realidad, la condesa no defiende incondicionalmente el naturalismo y a su pontífice, ni pasa por alto sus defectos, sino que se adelanta a la crítica serena, propia de tiempos futuros, al señalar muchas de las grandes cualidades del Maestro de Medán. Por otra parte, muestra que un fuerte realismo es característico de las letras españolas desde muchos años antes del Siglo de Oro, realismo que tampoco es ajeno a los autores extranjeros, señalando la existencia de pasajes escabrosos en obras de Shakespeare. Atinadamente, la de Pardo Bazán hace hincapié en el hecho de que el Decálogo no se limita al Sexto Mandamiento: "Pero aquí conviene advertir que la mayoría de los críticos parecen imaginar que sólo existe un género de inmoralidad, la erótica; como si la ley de Dios se redujese a un mandamiento" (3).

    Doña Emilia no se limitará a defender teóricamente el naturalismo —al que en su propia creación literaria ella llama realismo—. Su segunda novela, Un viaje de novios (1881), ya presenta atisbos de él; la tercera, La Tribuna (1883), que por su procedimiento de elaboración y por algunos rasgos pertenece al mencionado movimiento literario, clasificada en España como terrible muestra de la nueva escuela, en Francia no es considerada naturalista. Después de El cisne de Vilamorta (1885), realista-naturalista, a la que una buena parte de la crítica se empeña en poner el marbete de romántica, viene una sucesión de novelas naturalistas que constituyen lo más valioso de su producción, en particular Los pazos de Ulloa (1886), La madre naturaleza (1887), Insolación (1889) y Morriña (1889) además de otros géneros literarios que la condesa cultivó con éxito y de sus numerosísimos cuentos que muchos consideran como lo mejor de su obra.

    Dos causas principales abrazó doña Emilia con decidido convencimiento e infatigable tenacidad: el realismo naturalista en la narrativa, lo que no fue óbice para que ya en el siglo XX sus creaciones novelescas siguieran los cauces de nuevas corrientes literarias, evitando el estancamiento. El feminismo en el aspecto cultural fue el otro principio por el que se batió sin descanso: la lucha por lograr que la mujer fuese instruida tanto como el varón, y en ese mismo terreno de la cultura, que pudiese tener acceso a todos los puestos y honores. Más en ambas luchas, por el naturalismo y por el feminismo, es simultáneamente campeona y víctima, a menudo incomprendida tanto por los naturalistas como por los feministas.

    Los puristas del naturalismo, entre ellos el mismo Émile Zola, negaron a la condesa de Pardo Bazán la capacidad de crear auténtica obra naturalista, por estar persuadidos de que el ser católica sincera la imposibilitaba para aceptar el determinismo materialista, factor básico en la trama de la novela experimental, así como para incluir "atrevimientos que ella no tiene, y algunos que no puede ni debe tener", según opinaba Leopoldo Alas ("Clarín") (4).  Pues bien, comparemos La madre naturaleza de Pardo Bazán con La faute de l'abbé Mouret del Maestro de Medán. El teatro favorable a los amores de la pareja de ambas novelas —el exuberante Paradou de La faute de l'abbé Mouret y los rincones de la feraz campiña gallega en La madre naturaleza—, así como los protagonistas de tales amores, que en una y otra obra ceden a la pasión en un acogedor y enervante abrigo de vegetación, ofrecen ciertas analogías, y no es improbable que el libro de Zola haya influido sobre el de la condesa. Pero en este último la influencia determinante del medio aparece en forma más convincente y menos romántica, más espontánea y natural, y por ende, más naturalista. Doña Emilia no tiene que recurrir a ninguna enfermedad ni pérdida temporal de la memoria de sus personajes, como la que permite a Mouret olvidar su carácter sacerdotal y amar libremente a Albine. No es pues exagerado ni disparatado el decir que, mientras el pontífice del naturalismo cae en ocasiones en excesos sentimentales —no sólo en sus cinco postreras novelas, sino también en algunas de Les Rougon-Macquart, cuando permanece más fiel a los postulados que él mismo había formulado en gran parte— doña Emilia, sin excluir totalmente la intervención del libre albedrío ni llegar a los extremos de crudeza y radicalismo de la Escuela de Medán, pinta escenas tan rebosantes de color y movimiento como las de la romería de San Isidro que ofrece Insolación, y crea personajes de tan auténtica y primitiva vitalidad como la Sabel de Los pazos de Ulloa. En suma, que a pesar del decoro y la mesura que le dictaban sus convicciones, el naturalismo de Pardo Bazán es, por lo general, tanto o más auténtico que el de sus colegas franceses.

    El realismo naturalista de Emilia Pardo Bazán —como el de la mayoría de los novelistas españoles que a partir de 1881 lo adoptan para alguna o para varias de sus obras—, es un naturalismo atenuado, menos crudo y brutal, menos determinista y científico que el francés. No obstante, en Vida y obra de Emilia Pardo Bazán, de Carmen Bravo Villasante, uno de los estudios más integrales y de intención más ecuánime sobre la condesa, leemos el siguiente juicio referente a Los pazos de Ulloa:

No se escatimará pormenor en el parto de la señora, haciendo alarde de fisiología, ni en el amamantamiento del pedazo de carne, vulgo criatura.
    Para destacar la pura animalidad, la autora escogerá escenas excesivamente realistas por su crudeza, tanto que no tendrá empacho en rozar el vicio, lo vicioso de la naturaleza humana, morbosamente inclinada hacia lo bajo. (5)
    La propia Bravo Villasante usa el verbo "rozar", que describe con exactitud la manera cómo doña Emilia trata de desarrollar los temas escabrosos, íntimos o delicados: solamente los "roza", los bosqueja o insinúa, y su reserva en este aspecto es siempre extremada, sin que Los pazos de Ulloa constituya una excepción. En realidad, nada más velado y discreto que el parto de Nucha en la mencionada novela. Si en La Tribuna había escandalizado el hecho de que el lector pudiera situarse con dos personajes pared de por medio de Amparo cuando ésta daba a luz, y escuchar sus jadeos y gemidos, el lector no puede ver ni oír nada de lo que acontece en la alcoba de Nucha, y sólo se entera por los comentarios del doctor Juncal con don Pedro de Ulloa y con el pudibundo padre Julián. El término "primeriza" con el que el médico designa a la parturienta, es quizá la más notable de las precisiones fisiológicas y médicas del libro. Obsérvase igual discreción y forma indirecta al relatar episodios de la vida íntima de Sabel en la misma novela, en la que se describen con un realismo velado escenas que hubiesen podido ser escabrosas.

    Emilia Pardo Bazán fue sumamente progresista y avanzada, casi revolucionaria, en la mayoría de sus ideas y actitudes. En su novela La piedra angular (1891), se pronuncia decididamente contra la pena de muerte, considerada ésta por un abogado que en el libro la defiende, como la piedra angular del edificio del orden social. La obra entera presenta como trama y eje la injusticia de dicha pena máxima. Los argumentos en contra de la misma son expresados por Cáñamo, joven abogado, y por el doctor Moragas, protagonista de la novela. Pero, al mismo tiempo, la condesa trata y desarrolla hábilmente la causa feminista, asunto que sin parecerlo, sigue en importancia al de la pena de muerte o es casi tan primordial como éste. El crimen que atrae la pena máxima es un suceso aparentemente secundario respecto a la trama, como secundarios parecen los personajes que lo perpetran, un hombre y una mujer, ambos condenados a muerte; pero es la mujer, siempre sujeta al abuso masculino y empujada a matar más por temor que por impulso criminal, quien aparece aquí como la verdadera víctima. De especial interés son los conceptos que la autora pone en boca de Cáñamo, el cual conversa con Moragas:

Veo que ella va a morir... no por criminal, sino por miedosa. Su crimen es horrible, nauseabundo; tiene circunstancias que espeluznan; conformes; pero si se atendiese a lo interno..., ella no debía morir.
    —¿Cree usted que deba morir en garrote mujer ninguna? —preguntó Moragas fogosamente.
    —Ya sabe usted como pienso en ese asunto... No soy abolicionista... Pero las mujeres, puesto que la ley las considera menores para infinidad de casos, y el Derecho político las excluye, debieran encontrar ante el Derecho penal la protección e indulgencia que se deben al menor. ¡Y váyales usted con esto a los señores del margen! Esta criminal de la Erbeda, por ejemplo, no hubiese cometido el crimen si no fuese educada bajo el régimen del terror viril. (6)
    Insolación es sin duda la novela menos ortodoxa de Pardo Bazán, aunque no puede calificarse de osada por carecer de escenas y pormenores demasiado realistas. Durante la feria de San Isidro, la bella viuda Asís Taboada, casi inocentemente cae en brazos de un conocido, el apuestísimo y donjuanesco Diego Pacheco, debilitada y mareada por el "terrible sol madrileño" y "aquel calor del Senegal", añadidos a las bebidas que mañosamente la hace apurar el galán. Terriblemente confusa al darse plena cuenta de lo sucedido, sin embargo, más tarde cede al asedio de Pacheco y gustosamente vuelve a tener relaciones con él, como una especie de preludio de bodas.

    Un interés peculiar de la obra estriba en el diálogo que en los capítulos XIII y XIV sostiene Asís —atormentada entonces por los remordimientos que le causa su primera caída con su paisano y admirador, el gallego Gabriel Pardo de la Lage—. Éste, uno de los personajes principales de La madre naturaleza y secundario en Morriña, es una de las figuras masculinas que la autora trata con mayor simpatía, y que parece encarnar las cualidades para ella más estimables: inteligente, erudito, comprensivo y tolerante; ha viajado y leído mucho y tiene ideas más o menos liberales; no es creyente ni religioso, pero profesa respeto por el catolicismo y por los sacerdotes. Los conceptos de Pardo de la Lage parecen, casualmente, exonerar la conciencia de la atribulada Paquita, exponiendo con lógica y justicia irrebatibles el hecho de que la moral es una sola, y la transgresión de sus principios es, a los ojos de Dios, igualmente grave en la mujer que en el hombre, siendo la sociedad la que condena en aquélla las faltas que absuelve en éste. Pero al abandonar la casa de Asís, cuyos amoríos había adivinado por un detalle, se felicita interiormente de no haberle propuesto matrimonio como antes había considerado hacerlo, ya que la hermosa viuda no podría ser su digna esposa por no tener la conducta intachable que él le había atribuido. Y el monólogo interior del personaje-filósofo que de manera tan rotunda y aparentemente sincera acaba de exponer lo absurdo e inicuo de juzgar a la mujer con un código de moral más estrecho que al varón, contradice en la práctica las ideas que parecen profesar en teoría. (7)

    ¿Por qué la protagonista de esta novela se aparta de la rectitud de conducta de la mayoría de las heroínas pardo-bacianas? ¿Acaso el desliz de Paquita Taboada refleja alguno de la propia autora? Es lo más probable. Hubo críticos que se preguntaron si doña Emilia había tenido amoríos, pero en años recientes la publicación de cartas inéditas de Benito Pérez Galdós no permite dudar del género de relaciones que sostuvieron ambos escritores. (8)  En todo caso el año en que aparece Insolación coincide con la época de tales relaciones.

 Elvira Martín, en su bello estudio Tres mujeres gallegas del siglo XIX, afirma:

...deja caer a sus heroínas víctimas de su propia debilidad. Mediante el feminismo salva a alguna especialmente bien dotada, como ella misma, que sabe y puede tomar con valor la vida. A veces, hasta le concede un amor razonado de orden superior como a la muchacha intelectual de El solterón. A otras, si no intelectuales, por lo menos valientes y libres de prejuicios, como la marquesa de Insolación, les concede que se salgan con la suya y triunfen a su modo. (9)
    No parece acertado asegurar que Pardo Bazán haya concedido a su heroína el "salirse con la suya" por ser "fuerte y libre de prejuicios". Asís Taboada encarna precisamente la completa superficialidad moral y religiosa que doña Emilia detestaba y criticaba en la fémina de su país. A la encantadora marquesita le aflige sobre todo lo que su confesor dirá al enterarse de su aventura, y el escándalo que se armaría si sus amistades estuvieran al tanto. En lo que se refiere al airoso don Diego Pacheco, bien descrito como seductor de oficio, desocupado, inculto, amoral, carente de objetivos e ideales y sin otra meta que la del placer, representa igualmente el tipo opuesto al que la condesa se complace en describir en sus obras, como Artegui en Un viaje de novios, o el ya citado Pardo de la Lage, opuesto igualmente al de los hombres que en la vida real gozaron de la amistad y el afecto de la condesa de Pardo Bazán, como Ginés de los Ríos y Pérez Galdós.

    Si Emilia Pardo Bazán tuvo amoríos, fue sin duda una flaqueza de su humana condición, y es de presumirse que así los consideró ella, pues emplea el adjetivo "culpable" en la frase que recogemos de una de sus cartas a Benito Pérez Galdós: "Esta felicidad culpable fue muy grande" (10)

    Decisión, franqueza y valentía inusitadas demostró la ilustre gallega durante su vida entera para sostener y defender sus ideas contra todo y contra todos. No es de creerse que las convenciones sociales y familiares la hubieran obligado a ocultar en la sombra y el silencio lo que ella considerase justo y legítimo, ni que se hubiese doblegado a lo que le pareciera un simple prejuicio; por el contrario, cabe suponer dada su naturaleza tan contraria al apocamiento y la hipocresía, que habría defendido para sí y para todas las mujeres lo que ella hubiese estimado como un derecho. Doña Emilia fue profundamente católica, de un catolicismo ilustrado, firme, sincero y sin reservas, por lo que el amor libre y las relaciones extramaritales tuvo que verlos, tanto en la vida real como en el mundo de la creación literaria, como una infracción a los principios de su religión, que siempre acató.

    En cuanto al aserto de Elvira Martín, que "deja caer a sus heroínas víctimas de su propia debilidad", la atenta lectura de sus novelas, desde las primeras hasta las últimas —con la excepción inexplicable de Insolación—, prueba, por el contrario, que la mujer fuerte pardo-baciana es la que vence en el terreno moral, sacrificando sus sentimientos y su existencia en aras del deber, como la protagonista de Un viaje de novios y la de Una cristiana y La prueba.

    El feminismo fue la causa que desde temprano defendió tenazmente doña Emilia, luchando porque la mujer fuese educada en forma integral y profunda, porque se le abriesen y ampliasen todos los horizontes y ocupaciones y fuese tratada con justicia. Para lograrlo no sólo enarboló el estandarte feminista en sus obras literarias, sino que también escribió sobre ese tema específico en revistas y periódicos nacionales y extranjeros, editó colecciones de libros destinados a ampliar la cultura de la mujer y participó activamente en congresos feministas. Como ya antes lo dijimos, en esta lucha doña Emilia fue a la vez campeona y víctima: gran desencanto le causaron la apatía e indiferencia de sus congéneres españolas, y aunque en vida fue objeto de admiración y honores inusitados para una mujer, precisamente por serlo, no logró los puestos y distinciones que ambicionaba y merecía: se le vedó el acceso a la Real Academia Española y la cátedra universitaria que para ella se creó, como no era obligatoria, tuvo que ser suprimida a causa de la deserción sistemática de sus estudiantes; otro tanto acaeció con el curso que ella iba a ofrecer en el Ateneo de Madrid. Por otra parte, las feministas a menudo confunden y malinterpretan las ideas y actitudes de Pardo Bazán, atribuyéndole las de ellas.

    De haber nacido y vivido en un país como Francia, donde el desarrollo intelectual, artístico y científico de la mujer y el desempeño de las profesiones corren parejas con el del hombre, sin diferencias tan hondas y fundamentales como en España, el apostolado feminista de Emilia Pardo Bazán se habría reducido al mínimo; porque el feminismo de doña Emilia fue totalmente ortodoxo, pues nunca proclamó la libertad sexual de la mujer, ni formuló teorías disolventes sobre el matrimonio. Madre amorosísima, cristiana de corazón y apasionada de la cultura, sólo quiso elevar el nivel cultural y espiritual de la mujer y probar que era un ser humano tan digno y valioso como el hombre.


Notas:

1. Este es uno de los primeros artículos sobre el feminismo de Pardo Bazán. Otros son: "Emilia Pardo Bazán et le mouvement féministe en Espagne", en Bulletin Hispanique, 54 (Bordeaux, 1957), pp. 153-164, de Ronald Hilton, y "Emilia Pardo Bazán y la educación como elemento primordial en la liberación de la mujer", en Hispania, vol. 60, n. 2 (Mayo, 1977), pp. 259-265, de Teresa A. Cook; éste último muy importante en los años setenta.

2. En nuestra opinión es muy probable que la lectura de los dos primeros capítulos de Pascual López inspirara a Alejandro Pérez Lugín parte de su festiva y conocida novela La casa de la Troya, que también, como la de Pardo Bazán, tiene como teatro los medios estudiantiles de Santiago de Compostela. El episodio de la amonestación de Pascual López, el héroe, por el solemne canónigo don Vicente Prado, parece haber influido en una escena y un personaje semejante del cuarto capítulo de La casa de la Troya, aunque el elemento cómico se halla notablemente acentuado en esta última.

3. Emilia Pardo Bazán, La cuestión palpitante, 1a. Ed., Ediciones Anaya, Salamanca, 1966, p. 151.

4. Sergio Besse, Leopoldo Alas: Teoría y crítica de la novela española, Editorial Laia, Barcelona, 1972, p. 270.

5. Carmen Bravo Villasante, "Vida y obra de Emilia Pardo Bazán", en Revista de Occidente, Madrid, 1962, c. X, p. 131.

6. Emilia Pardo Bazán, La piedra angular, en Obras completas (Novelas y cuentos), 3 ed., Aguilar, Madrid, 1964, t. II, c. XIII, pp. 331-332. Incluimos en nota la continuación del texto de la luenga cita porque vale la pena que el lector se entere de sus conceptos:

Me ha contado su historia. De niña le pegaba su padre para obligarla a pisar tojo. De muchacha, en las romerías, la sacaban los mozos a bailar a empellones o zorregándola un varazo... ¡galantería rusticana!
    De casada, su marido no la solfeaba mucho (por eso dijo Nozales, parodiando a Meléndez Valdés, que era hombre de bondadoso carácter); pero un día que vino más borracho que otros, la quiso meter en el horno y arrimar lumbre... Sobreviene el querido... y... la conquista un día, por violencia, con amenazas y golpes; establecen el concubinato...; el marido los pilla, casi in fraganti, y hace la vista gorda..., sin duda por temor al Cirineo...; pero así que éste vuelve la espalda, agarra a su mujer de las muñecas, la lleva ante el horno..., la suelta después..., y por frases, por miradas, por intuición, ella comprende que el propósito es firme, que su marido tiene determinado matarla y sólo espera ocasión propicia. Así la va asesinando poco a poco, de susto. Al acostarse le dice siempre: "Cuando menos pienses te despiertas en la eternidad. " Y la mujer suprime el sueño; quiere que no la sorprendan, poder resistir, gritar... ¿Comprende usted el estado psíquico que determina el no dormir en muchos meses? Naturalmente, confía sus terrores al querido, que se alarma también por cuenta propia..., y claro, surge la idea del crimen... Ahí tiene usted la génesis... Miedo!
7. Ibid p. 448:
—Tonterías —prosiguió don Gabriel, sin fijarse en la gran emoción de Asís?, pero que se pagan caras a veces... Sucede que se nos imponen, y que por obedecerlas, una mujer de instintos nobles se juzga manchada, vilipendiada, infamada por toda su vida a consecuencia de un minuto de extravío, y de no poder casarse con aquél a quien se cree ligada para siempre jamás, se anula, se entierra, se despide de la felicidad por los siglos de los siglos amén... Es monja sin vocación, o es esposa sin cariño... Ahí tiene usted dónde paran ciertas cosas.
    —Vaya Pardo... Es usted terrible. ?Me quiere igualar la moral de los hombres con la de las mujeres?
    —Paquita..., dejémonos de "clisés". Pardo usaba muy a menudo esta palabrilla para condenar las frases o ideas vulgares—. Tanto jabón llevan ustedes en las suelas del calzado como nosotros. Es una hipocresía detestable eso de acusarlas e infamarlas a ustedes con tal rigor por lo que en nosotros nada significa.
    —¿Y la conciencia, señor? ¿Y Dios?
    La dama argüía con cierta afectada solemnidad y severidad, bajo la cual velaba una satisfacción inmensa. Iban pareciéndole muy bonitos y sensatos los detestables sofismas del comandante, que así pervierte la pasión el entendimiento.
    —¿La conciencia Dios! ?exclamó él remedando el tono enfático de la señora?. Otro registro. Bueno, toquémoslo también. ¿Se trata de pecadores creyentes? ¿Católicos apostólicos romanos?
    —Por supuesto. ¿Ha de ser todo el mundo hereje como usted?
    —Pues si tratamos de creyentes, la cuestión de conciencia es independiente de la de sexo. Aunque me llama usted hereje, todavía no he olvidado la doctrina; puedo decirle a usted de corrido los diez mandamientos..., y se me figura que rezan igual con nosotros que con ustedes. Y también sé que el confesor las absuelve y perdona a ustedes igualito que a nosotros. Lo que pide a la penitente el ministro de Dios es arrepentimiento, propósito de enmienda. El mundo, más severo que Dios, pide la perfección absoluta, y si no... O todo o nada.
    Deseó respetuosamente las buenas noches a la señora y bajó las escaleras a paso redoblado. Con el mismo echó calle abajo aquel gran despreocupado nihilista de la moral, y nos consta que iba haciendo éste o parecido soliloquio, idéntico al que en iguales circunstancias, haría otra persona que pensase según todos los "clisés" admitidos:
Me ha engañado la viuda... Yo que la creía una señora impecable. Un apabullo como otro cualquiera. No he mirado las iniciales del tarjetero; serían..., ¡vaya usted a saber! Porque en realidad, ni nadie murmura de ella ni veo a su alrededor persona que... En fin, cosas que suceden en la vida, chascos que uno se lleva. Cuando pienso que a veces se me pasaba por la cabeza decirle algo formal. ¡No, esto no es un "caballo muerto", qué disparate!, es sólo un tropiezo del caballo.
8. Walter T. Pattison, "Benito Pérez Galdós", en Twayne's World Authors' s, Series 341 (New York, Twayne Publishers Inc.), 1975 y Guadalupe Appendini, "Tres cartas inéditas de Emilia Pardo Bazán a Benito Pérez Galdós" revelan el amor secreto que existió entre ellos, Excélsior, a. LV, n. 19,963 (México, 14 nov., 1971), pp. 1b y 5 b..

9. Elvira Martín, Tres mujeres gallegas del siglo XIX, Ed. Aedos, Barcelona, 1962, p. 99.

10. Ibidem.


Bibliografía:

APPENDINI, Guadalupe. "Tres cartas inéditas de Emilia Pardo Bazán a Benito Pérez Galdós", en Excélsior, No. 19,963, México, 14 nov., 1971.

BESSE, Sergio. Leopoldo Alas:Teoría y crítica de la novela española, Editorial Laia, Barcelona, 1972.

BRAVO VILLASANTE, Carmen. "Vida y obra de Emilia Pardo Bazán", en Revista de Occidente, Madrid, 1962.

MARTÍN, Elvira. Tres mujeres gallegas del siglo XIX, Ed. Aedos, Barcelona, 1962.

PARDO BAZÁN, Emilia. La piedra angular, en Obras completas (Novelas y cuentos), 3 ed., Aguilar, Madrid, 19648.

PARDO BAZÁN, Emilia. La cuestión palpitante, 1a. ed., Ediciones Anaya, Salamanca, 1966.

PATTISON, Walter T. "Benito Pérez Galdós", en Twayne's World Authors' s, Series 341 (New York, Twayne Publishers Inc.), 1975.


Ma. Guadalupe García Barragán. Es profesora Investigadora de la Universidad de Guadalajara. Nació en Guadalajara donde hizo estudios hasta concluir el nivel de maestría. Con una beca del gobierno francés estudió un año en la  Sorbona, por la que obtuvo el Doctorado en Literatura Hispanoamericana. Durante 23 años impartió cursos en Western Washington University. Se especializa en narrativa mexicana de 1850 a1950, en particular en el naturalismo y Federico Gamboa.  Ha publicado diversos libros y artículos sobre el tema.

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