Carmen Villoro
 

Itinerarios de la luz, de Javier Ramírez


Javier Ramírez (Guadalajara, 1953). Perteneció al Taller de Literatura del doctor Elías Nandino.  Editó y diseñó la revista Contornos del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la U. de G. Ha publicado poesía en "La Cultura en México", suplemento de la revista Siempre!; Revista de la Universidad de Guadalajara, Estaciones, La Semana de Bellas Artes, Textual y Luvina, así como en antologías de poesía mexicana. Tiene publicados: Es decir..., 1981; A última hora, 1983; Agua en plan de luz, 1992 y el libro colectivo De tres tres, 1986.

 

De una manera sencilla, en un estilo conversacional y un tono quedo, íntimo, Javier Ramírez nos comparte su manera de estar consigo mismo y con el mundo. La soledad es la principal compañera de este poeta nostálgico y sereno, y el silencio su ambiente natural. Los poemas de la primera mitad del libro, los que conforman los poemarios Es decir... y A última hora, son poemas más bien oscuros; el frío, la soledad, el silencio, presagian en penumbra el acontecimiento inexorable de la muerte. En los poemas "Verde vegetal" y "Círculo", se habla de ese destino de los seres vivos, de esa pauta natural que rige nuestro reloj interno. Poemas villaurrutianos en donde el poeta confiesa "este miedo helado/ que tengo de la muerte..." y se refiere a "el eterno acto de morirnos/ como muere cualquier cosa/ aquí en la tierra." Pero desde esta soledad y este silencio, la luz establece el puente con los seres y las cosas, les va dando sentido y movimiento, lo va sacando del "centro más oscuro de la noche". Hay una constante referencia al paso del tiempo en estos poemas, la vida y la muerte representadas por la luz y la sombra, el cíclico desvanecerse y resucitar ante los acontecimientos nimios y profundos de la existencia cotidiana.

    Así, como la luz que toca y resignifica y hace vibrar hasta a lo más pequeño, Ramírez posa su mirada e ilumina un vegetal y lo hace eterno, convierte a una hoja en mariposa, descubre la grandeza en la piel de la amada y en los ruiditos de los hijos que crecen. Poesía que surge desde el frío pero que, poco a poco, va calentando el corazón con un afecto suave y contenido, nunca desbordado, siempre parsimonioso y limpio.

    En la segunda mitad del libro, encontramos a un poeta, gracias a la luz, reconciliado con el también inexorable misterio de la vida. Los poemarios Así nomás, Agua en plan de luz y De sombras y luz dispersa, están lejos de ser festivos, pero a su manera celebran la alegría del cuerpo y del alma. Es el alba, y el poeta se encuentra "con el ojo dispuesto a la conquista/ de lo que no ha visto/ de la experiencia inédita del mundo". Existe una gran sensualidad en estos textos que comunican el ronroneo del gato, la caricia de las manos que encienden la llama del amor, la dicha del cuerpo junto al mar: los pies llenos de arena, el balanceo del viento salado, olores y sabores del deseo. "Agua/ Luz/ ¿Qué mas quiere la vida?", dice el poeta, quien, a estas alturas, ha dejado de ser villaurrutiano para volverse pelliceriano.

    Los poemas propiamente dirigidos a la luz como "Iluminación", "Sombras", "Gracia plena", "Fuego fatuo" y "Una luz", tienen un tono filosófico. El poeta que ha sufrido la noche y disfrutado el día, ahora se sitúa como un contemplador sabio de las pautas secretas de la naturaleza, se le revela el mundo y sus secretos a través de pequeños estallidos de fuego y súbitas apariciones sombrías. Es la luz como el agua, que transcurre y es la misma. En su poema "Eternidades", el primer verso enuncia: "Transcurre el agua sin fin ni principio". Así transcurre también la luz para Javier Ramírez. Luz que no es otra cosa que tiempo, luz que nos habla de la "eterna liquidez que se nos va de las manos", "mínima luz que sin embargo/ basta para alumbrar al mundo".

    Tenemos, entonces, en las manos, no solamente un libro de poesía, sino un ciclo de tiempo, hecho objeto. Anochece en las primeras páginas, leemos inmersos en el insomnio de las horas pardas, pero de pronto el alba nos sorprende, va amaneciendo, entre las páginas centrales surge el sol y "el viento estrena transparencia"; llega poco a poco el ocaso en los últimos poemas, así, sin tragedia, "Placer de sombras en la luz dispersa." Como el día y la noche, como la vida y la muerte, este libro comienza y se termina, y tenemos la sensación de haber seguido un itinerario marcado por designios superiores. Cerramos la lectura, el ciclo ha terminado, sólo para recomenzar porque, como dice el poeta en el último verso de su libro: "La luz aguarda".
 

Javier Ramírez, Itinerarios de la luz, CONACULTA, Col. Los Cincuenta,  México, 2000.




 
Argos 18/ Poesía