Laura Ríos
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Entrevista al poeta Raúl Bañuelos



 
 
 
Raúl Bañuelos nació en Guadalajara, Jalisco, México, en enero de 1954. Es investigador del Centro de Estudios Literarios y profesor del departamento de Filosofía y Letras de la Universidad de Guadalajara. Entre su producción literaria están los poemarios: Tan por la vida, Poema para un niño de edad innumerable, Por el chingo de cosas que vivimos juntos, Menesteres de la sangre, Puertas de la mañana, Cantar de forastero, Cuaderno de miniaturas. Está próximo a publicarse Bebo mi limpia sed.

Laura Ríos. Desde su perspectiva, ¿de qué manera se conjugan el por qué y el para qué del poeta con la percepción del lector?

    Raúl Bañuelos.- Con la posibilidad de un diálogo donde se comparte la creación del poema. El poema no existe sin el lector y no existe sin la dócil participación del escritor como un amanuense. El poema es el objetivo y se da a través del diálogo entre quien lo va a leer y quien lo construye como un albañil o como un simple transcriptor. La poesía es la que ofrece sus dones, la que ofrece una voz que trasciende tanto al lector como al poeta.

    LR.- ¿Cuál es el detonante que produce en usted la creación poética?

    RB.- Yo creo que es fundamental una total disposición a la poesía y esa se puede dar en periodos pequeños como en periodos largos. Si uno no está atento a la voz poética, si no está a sus órdenes, a sus servicios, pues no va a poder estar presente.

    LR.- Esta creación va encaminada hacia un receptor, ¿qué es lo que usted desea provocar a raíz de este encuentro?

    RB.- Yo creo que cada poeta aporta algo personal ,diferente de los otros. La poesía respeta las preferencias, los gustos, los recursos más queridos del escritor y la experiencia desde la infancia, la juventud, y también los aprendizajes. Lo que pide es una entrega de la vocación y también un rigor que va a facilitar la presencia poética. Un rigor en donde aparece el oficio pero también aparece la congruencia entre lo que se dice y lo que se vive. Una coincidencia entre ambas cosas.

    LR.- ¿En qué medida puede considerarse a la creación poética como lugar de libertad, lugar de mínimo condicionamiento para poder expresarse?

    RB.- Es el terreno de máxima libertad que se puede tocar o que se puede experimentar, es una libertad que nos da plena vida y además nos pide nuestra propia individualidad. Es una paradoja. Nos pide nuestra individualidad para conectarnos con la Persona universal y entonces la experiencia de libertad es maravillosa porque siendo uno pleno se experimenta una trascendencia también. Había un poeta que decía que el arte nos permite reconocernos como una dócil fibra del universo y esa experiencia es la que vive el poeta en el momento de la creación, una comunión que lo trasciende.

    LR.- Encontramos imágenes recurrentes en su obra, ¿qué carga metafórica contienen para producir la relación dialéctica entre el poeta y el lector?

    RB.- Cuando comencé a escribir estaba totalmente influido por la lecturas y por las canciones que escuchaba en el radio. Después me quise despojar de eso y me volví muy complicado. Escribí cosas muy barrocas, con muchos neologismos y combinaciones poco usuales pero eso tampoco me gustó, ni la primera ni la segunda etapa. Quise buscar una sencillez que por supuesto es difícil conseguir, no sé si lo he conseguido, pero sí lo busqué. Una sencillez que al mismo tiempo fuera familiar para el lector pero que también le propusiera cosas nuevas. Yo creo que las paradojas están presentes en mi búsqueda.

    LR.- Además de la potencia metafórica, ¿podría haber una potencia imaginante?

    RB.- Sí, hay una intención de parte de mi escritura de no quedarse en una nostalgia simple de la infancia o en una nostalgia de momentos maravillosos que haya vivido, sino que el instante poético no se quede anclado en el pasado y que haya una triple presencia de la perspectiva, el instante presente y la evocación. Pero esas cuestiones más bien las debería decir la crítica.

    LR.- ¿Hasta dónde puede permitirse el poeta perder de vista al lector?

    RB.- Decía Alí Chumacero que el poema exige un vacío alrededor, una concentración que reúna tanto el aspecto individual del que escribe como, en el otro extremo, a la persona que puede ser integrada con lo colectivo, con su momento histórico. Entonces es otra paradoja. Pienso que así es, hay una integración de lo individual con lo personal y en lo personal está el otro. El tú.

    LR.- El rol del sujeto lírico dentro de su poesía ¿remite a cierto estereotipo?

    RB.- A mí me encantaría que fuera el hombre común y que esa experiencia no se desligara de un movimiento pendular que va del hombre que se sumerge en su interioridad y el hombre que emerge y que vive en la vida de los otros, la vida colectiva, la vida de subir al camión, de soportar los frenones del chofer, el esmog.

    LR.- Avanzando a través de su producción poética se percibe, en ocasiones, un enlazamiento de ideas o conceptos con obras precedentes, ¿esto es algo involuntario?

    RB.- Realmente no sabría decir qué grado de conciencia tenía al reiterar una visión, lo que sí pienso es que me encanta la posibilidad de una espiral. Es decir, que los elementos se vayan encontrando consigo mismos, no en un círculo, sino en una progresión espiral.

    LR.- La tensión estructural en su obra poética, ¿podría estar sustentada en el hartazgo de ausencias en contraposición al amor?

    RB.- No aparecen poemas amorosos de pareja. He escrito muchos, pero no he publicado en libros ese tipo de poemas. Es una sed lo que me ha impulsado a escribir desde el comienzo. Y desde el comienzo podía pasarme tardes enteras en la azotea de mi casa y mi posibilidad de comunión se daba solamente a través de escuchar un radio o el de mirar los atardeceres o ver cómo iban cambiando los colores del cielo. Entonces era mi posibilidad de comunión, pero esa sed siempre la he tenido y quizás aparece reflejada en mis poemas.

    LR.- En Poema para un niño de edad innumerable, ¿tenemos el conflicto del libre albedrío con el medio ambiente?

    RB.- Sí. Es un poema de relato que plantea el desencuentro de un individuo con respecto a su infancia, y ese desencuentro está proyectado a través de lo que dices, de esa falta de integración, pero también hay una crítica de aspecto social en donde la interacción del individuo con su entorno produce un tipo enajenado, totalmente fuera de sí y que vive en una vida oscura y cuyo planteamiento crítico llega a una crisis radical en donde su único asidero es el encuentro con el niño que fue.

    LR.- El enfrentamiento del poeta con el mundo, ¿se convierte, a través de su obra, en encuentro?

    RB.- Sí, yo pienso que sí hay encuentro efímero pero real. El conflicto central existe siempre, el conflicto de relación con la realidad y los planteamientos digamos.... utópicos, por llamarles de algún modo. Hay conflicto entre ellos. Pero de repente sí hay encuentro.

    LR.- ¿Cuáles son las imágenes que usted siente como objeto de deseo?

    RB.- Muchas imágenes están representadas por la naturaleza, el mar, la montaña,, el cielo, la lluvia; son fuentes de trascendencia hacia un más allá deseado. Hay un libro que saldrá en un mes y medio que se va a titular Bebo mi limpia sed. La sed es al mismo tiempo la saliva personal, la integración de sí mismo con lo que le es más vital, -el agua -y una posibilidad de búsqueda de lo trascendente. La sed más limpia de uno es pues, la comunión... Dios, la plenitud total del universo. Eso siempre es una presencia, tanto como una nostalgia de haberla probado y no tenerla completamente.

    LR.- ¿De lo anterior podría deducirse que para que haya creación debe haber juego amoroso entre el poeta y su imaginación?

    RB.- ¿Un juego amoroso? Bueno, hay una búsqueda. Imaginar un mundo donde la naturaleza sea, como decía Lezama Lima, "restituida" y no "sustituida"; una nostalgia del paraíso. En este momento es una cosa imposible la restitución, la integración de uno en la propia naturaleza y la imaginación es lo que más puede restituirla.

    LR.- En estos momentos el germen que lo impulsa a escribir, ¿sigue siendo el mismo?

    RB.- Esencialmente sí. Es una sed de comunión. De comunión entre la posibilidad de ahondar en el gusto por la soledad aceptada y la búsqueda de su plenitud, y la integración con lo Otro. Un diálogo conmigo mismo, con las personas y con Dios.



 
Argos 18/ Poesía