Las Esfinges (fragmentos)
10
A veces uno sacude el coxis
demasiado.
Camina, baila, despasea, vaga
y recula
con pura cáscara,
con mecanismos a la mano
y fastidios ordenados
y niega el placer a la sombra,
quieta y muerta, al parecer,
del fondo de los mares.
Pero, para la sagrada misión
de lo exceptuado, para la escapatoria
(hacia la roja víscera
de la hada durmiente)
está la mano prostituta
del poema,
la sabrosa salvaje que hace
a los sesos
su delicia y conforta con tranquila
inducción
de oxitocina la corva navaja,
la afila de tal modo
que se monda sola y se babea
como morronga chipocluda
y escupe lo que el molino tiene
que decir
para la harina, el bollo blando
de pan de canelón
(que es duro, por más
levadura, que lo amase).
¡Qué terapia después
del urbano paisaje
tu callejón de manotas,
qué terapia
a los ojos llenos de polvo
e imágenes comunes
que estés ahí,
sedienta de polla,
sin otro apetito visual que
tu agarrada de bolas,
tus ónticas deudas traducidas
a pivote,
palanca para voltear el mundo!
11.
Suerte que eres ilícita.
¡Y qué rico es
estar a solas con tus uñas
tendidas, a yemas, sobre mi
ombligo
como táctiles estrofas
y tu lengua que gana mirtos
al alba,
cuando chupa, tus labios que
son dos estrellas,
bajo el estómago que
secan la vía láctea!
¡Vale la pena dar par
de limosnas
a tu eterna cochambre de musa
y dejar que metas musarañas
con el ápice
de tus colmillos afilados de
víbora
en lo profundo del sol que
vas babeando
para que la punta del capullo
pierda el nombre
y de la rabadilla final, callejón
sin salida,
salga el poema, texto seminal,
desconocido!
12.
¡Ahora sé por qué
bucean los sapos y los cocodrilos
y por qué duerme en
la rana, el útero divino!
Chotéame, de punta a
punta,
hasta donde el sol no quema:
la gramática diaria
del ajoro, el sudor y la fatiga.
Entra por detrás y por
debajo
hacia el túnel del cráneo
bajo el piojo y la grasa de
lo externo.
Y aplica manos santas, dedos
tenues.
13.
Suerte que ella es ilícita
y gusta de la fantasía
de la frontera:
hallarse en aras de beneficencia
en el downtown inframundo.
Darse un cartel falso de loca
y menesterosa
para sincerarse con rufianes
y mendigos,
con hambrientos de ella, con
ladrones,
con exilados sin comunicación.
Y aplicar sus manos ligeritas
de ratera,
sin hablar lengua de culpa
ni masticar más rumor
que gorgoritos
por su lanzada boca mamadora...
¡Qué señora
la palma de sus manos
cuando nos mira sin trusa de
homo habilis
y nos grita: ... Respira,
desténsate, goza,
mono bruto, jorobado, sin
pañales
y seamos crudos, verdes,
medio-chiles,
felices, naturales, ricos
en potasio
como pulpa de plátano!
14.
¡Ay, qué piruja
más coñosa,
qué perrada de soluto
se aprendió de memoria
para soltar mi trapo y el suyo
en un masaje de Eros tan sabroso!
Ahora me gusta el mar profundo
con el peso de las olas hecho
dedos, labios,
víboras que se agitan
sobre arrugas mal cicatrizadas
y superficies de derrumbamiento
en mi ser!
Ahora sé que hay olas
imprevistas,
con olor a yodo, pero saladas
de vida.
Carlos A. López Dzur es un poeta hispano caribeño, residente en California. Es candidato doctoral en Filosofía y Letras. Obtuvo el Premio del Certamen Literario Chicano de UCI, Irvine.
Argos 18/ Poesía