Dulce. Ma. Zúñiga
dmzuniga@cencar.udg.mx
 

Entre el misterio y la transparencia: la poética de Raúl Aceves


he optado por lo que Hölderlin llamaba el "viaje de retorno al país natal": el Ser, origen y destino de los que somos, de lo que soy. Raúl  Aceves
 
 

Curiosa y aleccionante es la práctica poética de Raúl Aceves. Situado en el umbral entre dos mundos, dos planos, su ambición atiende a la consulta inmediata de la intimidad, a la revelación instantánea que hace al poema como el fuego su llama; y a la vez, un imperioso deber expresivo lo fuerza a dar al texto su sistema de claves, su topografía transitable.

    Este poeta recoge todo lo que en él crece (su mundo interior es fértil y amplio) y lo transporta a la página. Yo -lectora- me interné en esa geografía de montañas y abismos singulares con la voluntad de asumir el contenido de su sensibilidad y tratar de aprehender parte de esa totalidad confusa y varia. Sentí la necesidad de volver una vez más a la interrogación que apunta al misterio poético. Procedo, cartesianamente, por apartados, siguiendo sin orden de jerarquía ni de importancia, las rutas que me abrieron los diversos libros de Raúl Aceves.

Las imágenes. Metáforas y analogías

Toda poesía es fundamentalmente imagen, ésta surge del poema como un instrumento incantatorio. Indudablemente, el poeta tiene con el mundo una relación de privilegio, de la que la experiencia poética es la revelación. Esa relación permite sentir como próximos y conexos, elementos que son considerados (en el mundo de la razón) aislados y heterogéneos. La tendencia metafórica es algo inherente al ser humano, no una actitud privativa del poeta: en cierto modo, el lenguaje íntegro es metafórico y refrenda la tendencia humana a la concepción analógica del mundo y el ingreso (poético o no) de las analogías en las formas del lenguaje. La poesía hace de la imagen su eje estructural, su instrumento poético por excelencia. Por medio de imágenes y metáforas, Raúl Aceves expresa su ser, sus angustias personales, su percepción del mundo y su ansia de comunión con lo exterior para participar de ello, para ser eso. El poeta, "pasajero de la irrealidad", como el loco, ordena su universo de acuerdo con su propio ritmo interior. Aceves dice, describiendo el hogar del loco–poeta:

Es un hogar vivo, en crecimiento,
                     donde el habitante ha moldeado
la imagen exacta de su universo
                     como el caracol moldea su casa
lleno de mensajes y signos
                               con destinatario preciso
objetos ordenados como las rocas de un jardín zen
                     flechas del azar que dan
                     en el corazón de los paseantes.


    Un poco más adelante en ese mismo poema, Aceves define su sentido de la misión de la poesía, del quehacer del loco:

La misión del loco es
                           rescatarse a sí mismo del caos
del absurdo de la no existencia
                            en la soledad incomunicable,
organizando un territorio de signos y cosas
                            que dialogan entre sí,
lugar donde la vida tiene sentido
y puede salvarse en esta esquina
                                                    del mundo.1  
    Así, el poeta es quien organiza las palabras, las cosas, es quien teje la red de analogías y símbolos que no sólo evocan al mundo, sino que lo convocan y reconstruyen. El poeta, como el loco -como el mago- pretende poseer el universo por medio de la palabra: una posesión que se logra con la nominación, con la capacidad de penetrar en la esencia de las cosas y los seres.

    La primera ruta del viaje interior en Raúl Aceves, retomo, es el traslado de su ser en imágenes que pueblan las páginas de sus libros y que se sostienen y corresponden unas a otras en un tejido de contradicciones.

    Las imágenes de sus primeros libros parecen estar fundadas en el dolor, en cierto desencanto, producto desconsolador de ambiciones profundas más o menos definidas, de un balbuceo existencial que se agita y urge por salir. Es una poesía llena de interrogaciones, de incertidumbres, de gritos (aunque pausados), una poesía de búsquedas, con una intensidad que con el paso de los años y la madurez se mitiga, sin llegar a desaparecer del todo. Un ejemplo de Cielo de las cosas devueltas:
 

"Rompecabezas del
Diluvio Individual"

El pan ya no le cupo
De tanta palabra que aguardó...


    En los poemas que siguieron a este primer libro parece haber encontrado otros temas para cantar: se inicia un ciclo de poemas no pretenciosos, que se ocupan de las cosas, los seres y los sucesos más inmediatos: se inclina humildemente sobre los objetos más humildes, sobre el vivir cotidiano para sorprender la posibilidad poética en su estado elemental, con sencillez, sin apuros. Invita a su obra a personajes cercanos, a sus zapatos, a los objetos que le rodean, los elementos de la naturaleza, montañas, árboles, pájaros, la lluvia, el bosque; son innumerables.

    Algo común en toda la práctica poética de Aceves es su admiración por lo que le rodea. Su poesía tiene como origen su capacidad de admirar (ad-mirar), es decir, mirar profundamente y con atención la vida, las circunstancias que atraviesa, las visiones con que se topa o quesurgen dentro de él, como proyecciones de sus deseos o irrupciones de su memoria.

*

Otra ruta personal del viaje interior en la poética aceviana, es algo que yo podría llamar la metafísica del amor. En Aceves ese sentimiento "motor universal" que muove il sol e le altre stelle, como lo llama Alighieri, se manifiesta en diversos niveles: el amor en un sentido muy amplio: por la existencia, por la belleza, por la poesía. Hay también el amor definido por evocaciones físicas, corporales: amor y erotismo. Amor entendido como la sed del otro, el complementario, el que es llamado a llenar un vacío. Sin embargo, en la mayoría de los poemas amorosos de Aceves encuentro una constante: ese deseo del otro está cifrado en la imposibilidad, en la no concreción, es irrealizable para poder seguir siendo. La unión con la amada (amada que puede ser interpretada como la musa, la poesía misma o lo femenino) es algo que, al verificarse, se rompe, estalla, cae. Un poema puede ejemplificar esto:
 

"El puente de tus ojos"

Entro a la casa de tus ojos negros
cruzando el puente de tu cuerpo,
el puente que cuelga del cuerpo del aire
sostenido por tus cabellos negros.2


    La imposible unión con el objeto del deseo es precisamente lo que impulsa al poeta a seguir buscándolo, a seguir explorando los caminos interiores y a continuar el viaje, la expedición al Ser.

*

El tema del viaje es otra de las rutas por las que transita con frecuencia Raúl Aceves en su búsqueda. Las referencias a viajes y viajeros en sus textos son numerosas, cubren un espectro vasto que va desde el viaje imaginario por el cosmos, hasta la crónica de ciudades y pueblos visitados en el tiempo real.

    Otro gran territorio de la geografía poética de Aceves es su relación con los pueblos indígenas. Ha escrito numerosos poemas en los que describe formas de vida y de entendimiento de diversas comunidades. No hay un afán etnográfico en esos textos porque Aceves no pretende rendir con exactitud las peculiaridades culturales de esos pueblos (tan cercanos y ajenos a las grandes ciudades como ésta), sino que de ahí, de su contacto con su paisaje físico y geográfico, se nutre de imágenes y palabras que nos acercan, a nosotros lectores, a esas realidades. Aceves no busca conocer ni dar a conocer con su poesía nada que no sea el canto mismo, la celebración o denostación de la vida, nunca presenta a la poesía como un instrumento de conocimiento.

    El contacto con ese tipo de personajes, ricos de sabiduría ancestral, natural (primitiva, dirían algunos), ha enseñado a Raúl Aceves algo difícil de aprender si no se tiene la disposición y una simpatía espiritual que él tiene: ha aprendido a dar espacio a esa visión interna del significado esencial del mundo. Sin embargo, no hay que pensar que Aceves hace todo esto de forma premeditada y lógica. De hecho, en su obra vemos alternar poemas de profundidad filosófica con otros de una limpidez casi ingenua, como surgidos de su zona niña y juguetona. Abundan los ejemplos en sus libros.

    Esto me conduce a otro de los senderos importantes en su poesía: los juegos. El juego con las palabras, los aforismos y la dislocación de la semántica que da su brazo a torcer para que se consiga el toque humorístico o ingenioso. Tampoco creo necesario abundar aquí sobre este tema, ya que, como se sabe, Raúl pertenece al "Club de periqueteros solitarios" cuyos integrantes, desde hace años, se dedican a encontrar el lado gracioso o insidioso de casi cualquier construcción lingüística, añadiendo algo o alterando el orden de la frase. Aceves ha hecho del periquetismo una práctica constante y, diría yo, inevitable, pues tiene una tendencia natural hacia lo festivo.

*

Como se ha visto, no he pretendido en esta breve introducción teorizar, analizar, ni poner a dialogar a la poesía de Raúl Aceves con la tradición poética mundial; eso daría lugar a un estudio serio y profundo, que en este momento y circunstancia precisos no es posible. Lo que he intentado es compartir mi propia experiencia de lectura y lo que logré entresacar de acuerdo con el tema que el poeta mismo había propuesto: "Las rutas del viaje interior". No quiero desplegar más palabras, aunque podría. Propongo que leamos a Raúl Aceves con atención: nos espera una traviesa y suculenta travesía.


NOTAS:

1. "Hogar, loco hogar", Dislocaciones y travesías, Iteso, 1998.

Hogar, loco hogar

En la casa abandonada el loco
                se ha construido un hogar
solitario pero humano
                lleno de cosas recogidas
sabrá Dios de dónde:
                botellas vacías de buen vino importado
fotos de artistas y refacciones usadas
                televisores donde no se ve nada
el inventario interminable
                de la basura de la sociedad de consumo;
él también es un desecho social
                un hombre descompuesto que alguien
                dejó tirado en la calle.

Su hogar parecería un basurero si no fuera por el “orden”
tan personal que le ha imprimido,
ha pegado tarjetas de presentación en las rocas
                –un detalle que Marcel Duchamp aplaudiría–
ha copiado con su puño y letra un mensaje incomprensible
                y lo ha pegado en un árbol
¿a cuántos escritores han premiado por menos que eso?
ha rescatado del olvido el rostro optimista y oxidado
                de un político en desgracia
        –sólo los santos y los locos se muestran tan compasivos-
(cada vez que paso por aquí me asomo
                para ver si descubro un detalle nuevo.)

Es un hogar vivo, en crecimiento,
                donde el habitante ha moldeado
la imagen exacta de su universo
                como el caracol moldea su casa
lleno de mensajes y signos
                                con destinatario preciso
objetos ordenados como las rocas de un jardín zen
                flechas del azar que dan
                en el corazón de los paseantes.

Hogar de objetos transmutados con la pasión
                del que quiere tener identidad
acomodando/ pegando/ clavando/ escondiendo/ exhibiendo
                y a través de ese acto de libertad
lograr que la basura adquiera un significado personal
                que no tiene en el caos callejero.

La misión del loco es
                rescatarse a sí mismo del caos
del absurdo de la no existencia
                en la soledad incomunicable,
organizando un territorio de signos y cosas
                que dialogaran entre sí,
lugar donde la vida tiene sentido
                y puede salvarse en esta esquina del mundo.

2. Íbidem, (pp. 28-29).

El puente de tus ojos

Entro a la casa de tus ojos negros
cruzando el puente de tu cuerpo,
el puente que cuelga del cuerpo del aire
sostenido por tus cabellos negros

Y tú sostienes mi cuerpo colgante de tus ojos
con los hilos de tu mirada sólida
que no me deja caer al vacío de tus ojos negros

Y me extiendes el puente de tu cuerpo
para llegar al otro lado de tu mirada,
allí donde me esperas con los brazos abiertos de tu abismo

Yo confío en tu mirada
porque es lo único que puede darme
la belleza terrible del puente

Que nunca termina de cruzar al otro lado de ti
y me deja de este lado siempre
en la orilla de tus ojos

Que observan con amorosa frialdad
el esfuerzo inútil que hago por salir de mí,
para entrar en ti

Para salir del puente que me deja
a medio camino de los dos,
en medio, donde no soy ni tú, ni yo

Tú y yo lo sostenemos
desde nuestra respectiva orilla

Yo sostengo tu existencia al mirarte
y tú la mía de igual manera

El abismo entre tu existencia y la mía
es lo que sostiene la existencia del puente

El día que nos encontremos a mitad del puente
nuestros ojos dejarán de sostenerse

Ya no podré mirarte desde fuera de ti
y olvidaré la belleza oscura del abismo

Observaré la caída del puente
abrazado de tus ojos negros, paracaídas en la piel

Me sumergiré en el agua nocturna
donde navegan las imágenes ahogadas.


Dulce Ma. Zúñiga nació en Culiacán, Sinaloa, México, en 1961. Realizó estudios superiores (licenciatura, maestría y especialización) en la Universidad Paul Valéry de Montpellier, Francia. Obtuvo el Doctorado en Estudios Romances, con especialidad en italiano, en la misma universidad en 1990, con una tesis sobre la obra de Ítalo Calvino.
    Es traductora del francés, del italiano y del portugués. Ha publicado múltiples artículos, ensayos y traducciones en las revistas Casa de las Américas (Cuba), Inti (Brown, Estados Unidos), América Hispánica (Brasil), Mundo español (Corea) y en varias publicaciones nacionales. Ha participado en numerosos congresos y coloquios internacionales: Francia, España, Costa Rica, Corea del Sur, Estados Unidos, Canadá, Cuba, Irlanda y Portugal, entre otros países.
    Colaboró como docente de 1985 a 1990 en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guadalajara. Fue fundadora y coordinadora de la Maestría en Literaturas del Siglo XX, creada en 1993. Ocupó el cargo de Jefa del Departamento de Estudios Literarios de la Universidad de Guadalajara de 1992 a 1998.
    En 1991 fue distinguida con el nombramiento de "Investigador Nacional" por el Sistema Nacional de Investigadores de México. En el mismo año obtuvo la Beca para Jóvenes Creadores que ofrece el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en la rama del ensayo y la Beca de la Fundação Biblioteca Nacional de Brasil para traductores del portugués, que en 1995 obtuvo por segunda ocasión.
    Actualmente es Coordinadora General de la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz de la Universidad de Guadalajara y Coordinadora académica de la Cátedra Latinoamericana "Julio Cortázar" de la misma universidad.

Publicaciones:



 
Argos 18/ Ensayo